Un español en Alemania

Bares que salvaron a los emigrantes de la nostalgia

José Mateos Mariscal. Wuppertal (Alemania) 08/04/2021

Viaje al corazón de la emigración española en Europa para conocer la vida y la obra de las Misiones Católicas de Lengua Española y Asociaciones de padres de Familia y bares en Alemania.

Se sabe muy poco de lo mucho que las Misiones Católicas de Lengua Española han hecho por los emigrantes españoles en Alemania durante los últimos 55 años. Y lo quiero contar.

Cientos de sacerdotes y religiosas salieron, a mitad del siglo pasado, con nosotros los emigrantes para acompañarnos en una nueva vida y ayudarnos en nuestras necesidades espirituales y sociales, porque no resultaba fácil llegar a un país extraño sin conocer su idioma, con costumbres diferentes, lejos de la familia, trabajando duro y malviviendo para ahorrar dinero y mandarlo a España.

En las misiones, asociaciones y bares los emigrantes encontrarnos acogida, amigos, orientación, acompañamiento espiritual y servicios de todo tipo: cursos de lengua y cultura del país, arreglo de papeles, esparcimiento, atención personalizada y apoyo a las justas reivindicaciones.

José Antonio Arzoz Martínez

Tras cursar los estudios eclesiásticos en el seminario de Pamplona, se marchó en 1967 a Alemania como capellán de emigrantes españoles, labor que ha ejercido en las diócesis de Aquisgrán, Munich y Remscheid. Dirigió la sección de enseñanza escolar y formación de adultos de la Misión Católica Española y a partir de 1990 coordina desde Bonn, como delegado nacional, el trabajo desarrollado por las 39 diócesis del territorio alemán. Impulsó la creación de la Academia Española de Formación que presidió durante diez años, colabora en temas de emigración con la Conferencia Episcopal Alemana. En su actividad destaca el apoyo a las asociaciones españolas de padres de familia, a fin de conseguir una buena formación escolar y profesional para los hijos de los emigrantes españoles, promoviendo la educación bilingüe y bicultural. El gobierno de Navarra le ha concedido la Cruz de Carlos III el Noble, el gobierno alemán le nombró en 2006 Embajador de Tolerancia y la iglesia católica le otorgó en 2010 el título de monseñor.

Bares

En los años 70 del siglo pasado, cuando la beca Erasmus todavía no había sido inventada y cruzar los Pirineos era una hazaña de proporciones épicas, cerca de 6.000 emigrantes españoles se reunían en algunos bares de Remscheid (Alemania) para matar la morriña. Esta colonia de trabajadores poco o nada cualificados se articulaba alrededor de un centenar de bares y comercios de habla hispana que surgieron en las inmediaciones de la Renania del Norte-Westfalia, la mayor comunidad autónoma de la República Federal Alemana.

Hoy quedan a lo sumos media docena de aquellos bares y asociaciones que jugaron un papel relevante en la socialización de campesinos, mineros asturianos y refugiados políticos que encontraron cobijo en uno de los países con más inmigración de Europa. En estos mismo bares todavía se dejan caer los jubilados españoles que se quedaron en Alemania tras cuatro décadas de duro trabajo. Emigraron cuando el glamuroso concepto de expat no había nacido y se vieron obligados a buscarse la vida sin dinero, sin wifi y casi siempre sin hablar la lengua alemana. Se quedaron porque ya no encontraron el camino hacia aquello que en algún momento llamaron casa.

Yo, José Mateos Mariscal

Hace tres años empecé a frecuentar estos bares con una mezcla de melancolía y curiosidad. Yo iba porque allí me sentía bien, echaba de menos un ambiente más familiar. Cuando comencé a vivir fuera, aprendí a cocinar paella para sentirme más cerca de mi país. Incluso me puse a escuchar flamenco. Conecté enseguida con este universo nostálgico, porque me recordaba a mi infancia, los veranos en el pueblo. En un momento en el que todo se va homogeneizando, en estos bares encontré algo que se está perdiendo y que está muy en la línea de información documental que intenta preservar cosas que van a desaparecer. Nuestros hijos de españoles inmigrantes ya se consideran alemanes y no sienten la necesidad de reunirse con otros españoles. Estos bares difícilmente sobrevivirán.

De las largas charlas que mantuve con estos jubilados, en su mayoría en sus 60 y 70 años, surgió mi serial Un español en Alemania. Cuando decidí documentar estas historias, me planteé cómo hacer mi serial. Me gustaba la idea de confundir al lector, de jugar con el pasado y el presente. Por eso elegí esta estética, aunque siempre hay algún indicio que sugiere que el serial está hecho en la actualidad. Muchos de los emigrantes españoles de Alemania son originarios de Asturias. Para ellos es como si el tiempo se hubiese detenido y Franco hubiese muerto hace dos años, hablaban del PSOE como si fuese un partido de izquierdas en la época de la transición. En estos bares se sigue viviendo como si la España de los años 70 perviviese. Desde los bigotes hasta las conversaciones, parece una España sintetizada. Es tan atractivo como el decorado de una serie de televisión.

Algunos de estos jubilados poseen una casa en Asturias y vuelven de vez en cuando pero reconocen que se sienten fuera de lugar en su país de origen. Los que mejor están son los que compraron una casa en la costa, en Benidorm o en Calpe, a donde se van de vez en cuando de vacaciones.

Se ha hablado mucho de los emigrantes que se fueron a Bélgica y a Suiza pero de la colonia española de Remscheid se sabe poco o nada. Aquí hubo un barrio de 8.000 personas que construyeron una nueva España durante cuarenta años porque echaban de menos su país.

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