El 33% está en paro y la olla a presión se calientaLinares, la Detroit española La ciudad jiennense encabeza el ranking nacional de desempleo. Su población espera, en un clima de protesta, que los fondos europeos ayuden a paliar el desastre económico que arrastra desde el cierre de Santana Motor

Pedro J. Ortega. Andalucía 10/04/2021

Detroit es la ciudad más grande y más poblada de Míchigan, ubicada en la frontera de Estados Unidos con Canadá. La urbe tiene una población de algo más de 670.000 personas. En 1950, su densidad demográfica era tres veces mayor. De fabricar los coches más vendidos del mundo y de ser un paradigma del capitalismo, Detroit se ha convertido en un erial de grandes avenidas vacías y de viviendas abandonadas.

Salvando las distancia, algo similar le ha ocurrido a Linares, nuestra Detroit en España. El espejismo entre una y otra fue acuñado por Antonio Maíllo, ex coordinador de IU en Andalucía, en una de sus visitas a la ciudad. Al inicio de la crisis económica de 2008, la segunda ciudad de la provincia de Jaén contaba con 61.300 habitantes. Desde entonces, el censo ha perdido casi 4.000 registros. Al pasear por sus calles, se respira el olor de una crisis que tiene su último capítulo en el reciente cierre del centro comercial El Corte Inglés.

Puede parecer anecdótico pero no lo es. Se trata de todo un símbolo. Es la enésima humillación a un pueblo que, desde mediados de los años 90, ha visto como su tejido económico se ha ido evaporando. A la vez, año a año, el Instituto Nacional de Estadística (INE) le otorga el dudoso reconocimiento de ser la ciudad con más paro de España (32,8% de desempleo). El título llegó en 2017 y provocó una gran manifestación que sacó a la calle a 40.000 personas exigiendo soluciones. La marcha devolvió a la ciudad el carácter combativo que le ha acompañado en las últimas tres décadas de lucha por el empleo.

Un pasado minero e industrial

Pero eso no ha sido siempre así. Linares fue una gran ciudad al calor de la mina y de la extracción del plomo. Su desarrollo le confirió el título de ciudad en 1875. Tras agotar la materia prima y taponar progresivamente sus pozos, fue reconvertida en uno de los principales focos industriales de Andalucía, gracias a su ubicación privilegiada y a su infraestructura. Hasta su planta de fabricación de coches Santana Motor llegaban las vías del tren que conectaba la ciudad con el mundo. En el Linares del siglo XXI todo aquello se recuerda con orgullo y anhelo. La fábrica está vacía y las vías ferroviarias tapadas, aunque entre matojos de jaramago aún se intuye un pasado glorioso.

Las administraciones se pasan la pelota y todas afirman querer trabajar en un frente común que nunca es tal. Mientras, la ciudadanía observa con justificada hartura cómo pasan los años sin que nuevas empresas se afinquen de forma estable, ni con el peso suficiente para frenar la sangría de despoblación que sufre. La precariedad es la norma para los jóvenes que aún quedan. A estos, que no han vivido otra época que no sea de crisis, el derecho al trabajo que promulga el artículo 87 de la Constitución les suena a chino. Han normalizado que el empleo aparezca de forma esporádica y sin cotizaciones. Algunos incluso ven como única salida aquello que les ofrece el mercado negro, al margen del Estado.

Pero llegó Maastricht, el cierre de Santana y el declive

Antes de que Santana Motor cerrara sus puertas y comenzara el declive económico, los sindicatos lideraron una autentica revolución. En 1994, la japonesa Suzuki comunicaba al Gobierno que abandonaba la fábrica automovilística. CCOO y UGT acusaron al gobierno de Felipe González de “ceder” a los intereses de las multinacionales y de “ser burlado” cuando se acababan las ayudas. Comenzaba el proceso de construcción europea proveniente de Maastricht.

2.400 puestos de trabajo directos de Santana, más los de empresas auxiliares y otros miles indirectos estaban en peligro en ese momento. En total, 10.000 empleos de la ciudad pendían de un hilo. El 20 de febrero de 1994, 30.000 personas se echaban a las calles en una jornada de protesta histórica que supuso el inicio de años de movilización protagonizadas por los trabajadores y sus familias. De Linares a Sevilla y de ahí a Madrid, los santaneros con sus característicos monos azules recorrieron a pie todos los kilómetros que separaban las sedes institucionales de las administraciones. Se sucedían los disturbios en la A4 a la altura de Despeñaperros, la entrada a Andalucía; en la estación de Linares-Baeza, donde entre disparos de pelotas de goma y golpes de porra, los trabajadores cortaban vías del tren; y en el propio centro de la ciudad, donde un cóctel molotov prendió fuego al edificio de la Delegación de Hacienda.

Ese clima, que duró años, no evitó el cierre definitivo de la planta que, tras haber pasado por varios intentos de reconversión y planes de rescate, echó la persiana definitivamente en 2011. La Junta de Andalucía era la principal accionista. Antes, los gobiernos del PSOE en el ejecutivo autonómico, conscientes del estallido social que provocaba consolidar Andalucía como un desierto industrial para dedicarla al turismo y a la agricultura, apostaron por una política de paz social que, al menos, apagara los fuegos. Las protestas llegaban desde el cinturón industrial de Jaén hasta la Bahía de Cádiz, donde los astilleros tomaban el puente de Carranza. No había un acto del Gobierno andaluz o del PSOE en Andalucía que no fuera acompañado de protestas de trabajadores de la industria.

Así llegaron las prejubilaciones mediante el sistema de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) diseñado por el gobierno de Manuel Chaves. La Junta garantizaba el pan para hoy de los cabezas de familia pero, a la vez, obligaba a sus hijos a emigrar dado que la industria estaba desmantelada y los puestos de trabajo habían desaparecido.

El sistema de los ERE fue un extintor en aquel conflicto que duraba años y que agotó las fuerzas de trabajadores y sindicatos. Pero esta política de subvenciones, en su propio diseño y concepción, estuvo marcada por el clientelismo de un partido que, tras décadas de gobiernos sucesivos en Andalucía, había conseguido que imperara un clima donde los derechos se convertían en favores.

Así, las prejubilaciones parecía más un chantaje que un derecho. El dinero con el que se pagaban dependía de una determinada partida (31L) en los presupuestos andaluces que había que aprobar año a año. El compromiso público del PSOE era mantener los fondos; el miedo por abajo era que nadie más que el PSOE lo garantizara. Blanco y en botella. Lo que vino después en el ámbito de lo judicial es de sobra conocido. Dos expresidentes de la Junta condenados por delitos continuados de prevaricación y malversación de fondos públicos.

Hoy Linares protesta contra el abandono

Linares hoy es una ciudad entristecida. Sus comercios cierran y la política pública parece quedar reducida a la presencia policial, en una ciudad que se asemeja a una olla a presión a punto de estallar. Hace unas semanas, Linares abría nuevamente los informativos de todo el país cuando dos policías fuera de servicio agredían a un hombre y a su hija menor tras una discusión en un bar. El enseñamiento, grabado y difundido por los móviles de los presentes, conllevó que multitud de linarenses se concentrasen a las puertas de los juzgados para protestar contra la violencia. La acción vecinal, en su inicio pacífica, fue subiendo de tono. La jornada se saldó con decenas de disturbios y 14 personas detenidas.

Pocos días antes, diversas concentraciones se daban en las calles para protestar contra el abandono. Al anuncio del cierre de El Corte Inglés por su inviabilidad, se suma la visita que realizó el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, que fue objeto de una sonora pitada. El jefe del ejecutivo andaluz aprovechó para anunciar que la administración andaluza renuncia a la propiedad sobre los terrenos del parque empresarial y los cede al ayuntamiento para que active las inversiones. Este hecho es calificado por IU como un “caramelo envenenado” que hace descansar la responsabilidad en una institución menor.

Por su parte, Moreno pide al Gobierno central que acelere los fondos europeos Next Generation para reactivar la inversión en la zona. Las vías que conectan el parque empresarial Santana con la línea de tren Cádiz-Madrid siguen enterradas, aunque es cierto que las obras de conexión por ramal desde Vadollano están en marcha gracias a los fondos .

Linares mira a Sevilla, a Madrid y a Bruselas con la esperanza de que las partidas europeas ayuden a paliar el desastre económico. Dicho de otra forma: Linares espera que lo que Maastricht le quitó, la hija del Tratado – la Comisión Europea - se lo devuelva en forma de inversiones. La pregunta es si servirá de algo. Y mientras llega la respuesta, la olla sigue sobre el fuego.

Publicado en el Nº 343 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2021

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