Extremadura, levántate y anda

La diputación de Badajoz premia al mayor fraude de Extremadura

Rafa González 09/04/2021

Su nombre es Alfonso Gallardo y es sinónimo de fraude y de la red clientelar que el PSOE ha conseguido tejer en Extremadura. La administración regional y su aparato propagandístico se han esforzado durante años para intentar vender a la sociedad extremeña que este todopoderoso empresario era un referente, “un empresario que se hizo a sí mismo" han repetido con insistencia. Lo que no contaban es que a costa del dinero público este personaje consiguió situarse en la lista de los más ricos de toda España.

Hoy ya no tiene nada. Era un gigante con pies de barro y se vino abajo debido a las malas decisiones empresariales y por confiar en exceso en el mimo con el que el PSOE le trababa. El compadreo del empresario con los políticos de la región no pudo evitar que acabara perdiendo todas sus empresas. Primero pasaron a un fondo de inversión estadounidense para más tarde acabar en manos del otro insigne empresario por antonomasia en Extremadura, Ricardo Leal, conocido por ser el dueño de Cristian Lay.

Hoy a Alfonso Gallardo, despojado de todo el poderío que tenía años atrás, solo le queda el reflejo de lo que fue. Pero eso no quita que sus viejos amigos del PSOE, como último homenaje, hayan decidido que la Diputación de Badajoz -evidentemente en manos de los socialistas- le otorgue la medalla de oro de la provincia como reconocimiento a sus años de servicio para apuntalar al régimen clientelar. Una vergüenza más que se suma a la larga lista de despropósitos que rodean todo lo que tiene que ver con este oscuro empresario.

LOS OSCUROS ORÍGENES

Alfonso Gallardo es conocido en toda la región y no precisamente por ser alguien bondadoso. Sus inicios se remontan a 1992, cuando puso en pie la Siderúrgica Balboa, empresa que sería su buque insignia gracias a que la Junta de Extremadura expropió para su negocio los terrenos y le concedió 4.586 millones de pesetas.

Evidentemente la administración no se porta así con todas las personas. Pero solo era el inicio de lo que vendría. El trato de favor siguió, hasta el punto de que el Tribunal de Cuentas denunció en 1995 que la Junta de Extremadura había otorgado subvenciones por 117 millones de pesetas a Gallardo para, teóricamente, crear empleos y había realizado un trasvase de plantillas entre varias de sus empresas simulando nuevas contrataciones. El propio Tribunal de Cuentas acusó a la Junta de “asumir tesis de defensa más propias de la parte demandada”.

La historia no quedó ahí y, como contó Manuel Cañada en Humos y caciques ( https://rebelion.org/humos-y-caciques/ ), artículo escrito al calor de la lucha contra la refinería que este empresario pretendió instalar, “en el término municipal de Alconera el empedernido caballero y sus padrinos avistaron un nuevo desaguisado que enmendar: una sierra disponible para ser convertida en cemento. La Junta de Extremadura, de nuevo, puso las condiciones para el pelotazo: expropió los terrenos, regaló al empresario el paisaje, el agua, el aire... y el dinero. Dos botones de muestra: en 2005 la cementera se llevó el 73 % de las subvenciones para PYMES y los derechos mineros de la Sierra de la Alconera, valorados por la propia administración en 2.400 millones de pesetas, le fueron concedidos a Cementos Balboa por 50 años y la cantidad irrisoria de 6 millones.”

EL EMPRESARIO DEL PSOE EXTREMEÑO

El excelente trato que le daban la Junta de Extremadura y el PSOE a este empresario iba poco a poco fraguando un imperio empresarial regado con miles de millones de dinero público y cuyo beneficio acababa en manos privadas.

Pero el escándalo no acaba aquí. Alfonso Gallardo ha sido el beneficiario de las mayores subvenciones que hasta el momento ha otorgado la Junta de Extremadura, cuestión que hay que mirar con la perspectiva de saber que en el momento en que más dinero público recibió era familiar - concretamente su tío - del diputado y alma mater del aparato del PSOE extremeño Francisco Fuentes Gallardo. Este político socialista que iba a ser el heredero de la fortuna de Alfonso Gallardo, al carecer este de descendientes, fue durante 18 años diputado en el Congreso por la provincia de Badajoz, 15 años senador y 8 años diputado en la Asamblea de Extremadura.

Para esconder toda esta historia, el empresario extremeño siempre tuvo claro que necesitaba tener a su favor a los medios de comunicación. Invirtió miles de euros en publicidad. Toda una generación recuerda la frase “el Grupo Gallardo les ofrece la noticia económica del día” que se escuchaba en todas las radios de la región. Pero como los contratos de publicidad para tener controlados a todos los medios podían ser insuficientes, decidió entrar en el negocio.

Ideó con Rodríguez Ibarra montar y controlar el primer canal autonómico de televisión que tendría Extremadura. La dinámica era la de siempre. Este canal iba a ser sostenido con fondos públicos y gestionado de forma privada. Le iba a aportar a Gallardo un nuevo filón de lucro pero, sobre todo, suponía la garantía de amordazamiento a la crítica. Gallardo acompañaba en el accionariado al grupo PRISA, mayoritario, e iniciaba el principio de una gran amistad que más tarde le llevaría a comprar más medios. El infame canal se llamó Canal Sur Extremadura y, tras un recurso de Izquierda Unida, acabó siendo cerrado por el Tribunal Superior de Justicia que determinó que la contratación de 1.230 horas de producción audiovisual y la distribución de la señal televisiva en Extremadura se estaba realizando mediante una gestión privada sin el control político que se exige para una televisión pública.

DESPOJADO DE TODO

Corría 2005 y la crisis empezaba a verse venir. Gallardo intentó su último gran golpe: construir una refinería de petróleo en medio de Extremadura. El plan era sencillo, la Junta de Extremadura pondría dinero público una vez más y él se compraría a sí mismo los materiales necesarios para construir su última ocurrencia.

Todo fue según lo previsto y la administración regional no tardó en anunciar que aportaría el 20% de la inversión inicial, estimada en 1.800 millones de euros. La aventura de la refinería nos hubiera costado a los extremeños y las extremeñas, para empezar, 360 millones de euros, 60.000 millones de las antiguas pesetas, de los que se aprobó, diligentemente, un primer adelanto a través de la Sociedad de Fomento Industrial.

La oposición del pueblo extremeño a este nuevo intento de expolio, principalmente mediante la plataforma Refinería No, fue determinante para retrasar el proyecto y conseguir más tarde que fuera negativa la autorización ambiental que necesitaba para ponerlo en marcha. El Grupo Alfonso Gallardo quedaba tocado y en plena crisis económica tuvo que refugiarse en un fondo de inversión que se quedó con todo lo que tenía el que una vez fue el hombre más rico y poderoso de Extremadura.

En esta sección

Tornero acepta las injerencias externas e incumple las obligaciones del servicio públicoEl diputado Bustamante visita la fosa común de Cañada RosalEl último sprint de Miguel Durán, la ONCE y la responsabilidad del Estado (4)Por los tres albañiles asesinados durante la huelga de la Construcción de 1970Granada: la memoria como espacio de unidad popular

Del autor/a

Diez años recordando a Gerardo Antón 'Pinto'. Maquis contra la dictadura franquista y guerrillero de la memoriaLa 'Cárcel Vieja' de Cáceres, un espacio para la MemoriaSin convenio colectivo en el campo de ExtremaduraLa diputación de Badajoz premia al mayor fraude de ExtremaduraUn neonazi en el ayuntamiento de Badajoz