Nueva sección permanente por los derechos de la infancia y la adolescenciaInauguramos el ‘Espacio María Elena Walsh’

Guadalupe Barahona 11/04/2021

Cuando en 1845 Federico Engels publicó La situación de la clase obrera en Inglaterra, la máquina industrial capitalista acababa de iniciar su conquista planetaria, y ya entonces le había declarado la guerra a la infancia.

“Niños sacados desnudos de la cama por supervisores que los arrastran a la fábrica, con sus ropas bajo el brazo, a puñetazos y puntapiés, se les golpea para despertarlos y a pesar de todo se duermen en su trabajo. Leemos que centenares de niños regresaban cada noche tan agotados que el sueño y la falta de apetito les impedía tragar la comida…”

Engels se apoya en los informes redactados por los propios industriales ingleses para dar cuenta de los miles de accidentes, lesiones y deformaciones causadas por las condiciones de trabajo en las fábricas textiles. El relato sigue estremeciendo, sobre todo, porque la situación no ha hecho sino empeorar.
Hoy en día UNICEF calcula que más de 151 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo infantil, y casi la mitad (72 millones) sufren esclavitud, trata o trabajo forzoso.

Sólo desde 1989 las niñas, niños y adolescentes tienen sus derechos formalmente reconocidos en la Convención de los Derechos del Niño, el tratado internacional más apoyado de la historia (sólo dos países, por cierto, no lo han ratificado: Sudán del Sur y Estados Unidos).

Sin embargo, todos los días somos testigos de cómo, en el capitalismo hoy global, se les arrebatan a los menores esos derechos. Ahogados frente a nuestras costas, huyendo de la guerra, de la esclavitud y del hambre; enjauladas como animales en los centros de inmigración en Texas o Arizona; mutilados, torturados y encarcelados en la Palestina ocupada; explotadas sexualmente por las autoridades que deberían tutelarlas en Ciudad de Panamá, o en Mallorca; sufriendo pobreza energética, malnutrición, malos tratos, racismo, abandono.

Era verdad en tiempo de Engels, y lo sigue siendo hoy: el capitalismo provoca la muerte prematura de miles de personas cada día, y para ver su cara más brutal basta mirar a la infancia. Son las guerras, es la explotación, y también el cambio climático. UNICEF advierte en su último informe que hoy hay más niños desplazados que nunca en el planeta. Un 40% de los más de 79 millones de personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares en 2020 son menores de edad.

Proteger los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes es proteger la dignidad humana. Es rebelarse contra ese asesinato social, ese gran crimen cotidiano que la burguesía mundial, emulando el episodio del Yahvé sanguinario del Antiguo Testamento con Abraham, exige a la humanidad: el sacrificio de nuestros niños y niñas en el altar… del máximo beneficio.


¿POR QUÉ UN ‘ESPACIO MARIA ELENA WALSH’?

En Mundo Obrero queremos inaugurar un espacio permanente que nos permita poner el foco en la causa de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, y elegimos para ello el nombre de una gran rebelde, poeta excepcional y una precursora en muchos terrenos: María Elena Walsh (1930-2011). Icono de la cultura argentina, fundó la canción infantil y fue la primera en tratar a los niños como si fueran ya seres completos, alejándose del paternalismo y la intención moralizante. “Nunca pensé que hiciera falta agregar moraleja al final de una canción, ni decirle a los nenes que se porten bien”, decía esta gran poeta y música.

María Elena concebía la infancia como un momento de gran libertad para imaginar, para jugar, para hablar sin prejuicios. Quizá parte de su magia residía también en que trataba a los adultos apelando al niño o la niña que llevamos dentro. La originalidad, la inteligencia y la sencillez, junto con el sentido del humor, permean toda su obra.

“Había una vez un bru... /Un brujito que en Gulubú/ A toda la población/Embrujaba sin ton ni son…” “La canción de la vacuna”, en la voz de Rosa León, fue la primera composición de María Elena Walsh que llegó a mis oídos infantiles. Pasados los años, a mí me gustaba acunar a mi hijo con “El reino del revés”, porque es tan subversiva como “La Internacional”, y más divertida.

Esos dos adjetivos, subversiva y divertida, son imprescindibles para referirse tanto a la infancia como a la obra de María Elena Walsh. Ella era una figura consagrada y una estrella de la televisión cuando la Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla, derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón en 1976 e inauguró la dictadura más sangrienta de la historia de Argentina, con 30.000 desaparecidos, decenas de miles de exiliados y 400 niños robados. La censura se extendió y María Elena Walsh publicó en Clarín un artículo titulado “Desventuras en el País Jardín de Infantes”:

“Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas”

Los militares lo tomaron como un desafío. María Elena recibió amenazas, sus canciones y libros dejaron de tener difusión. En 1983, con el retorno de la democracia, participa activamente en la campaña de Alfonsín, y populariza “Como la cigarra”, una canción escrita en 1973, que se cargó de significado después de la experiencia de la dictadura.

“Tantas veces me mataron
Tantas veces me morí
Sin embargo, estoy aquí
Resucitando
Gracias doy a la desgracia
Y a la mano con puñal
Porque me mató tan mal
Y seguí cantando”


María Elena Walsh, además de haberse instalado en el corazón de varias generaciones, fue un referente intelectual y ético que cumplió un rol destacado en los momentos más difíciles. En su honor, inauguramos una sección para convocarnos a abrir bien los ojos, para defender un mundo donde los niños y las niñas tengan todos sus derechos garantizados.

Publicado en el Nº 343 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2021

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