DOCUMENTOS PARA UN CENTENARIO PCE 1921-2021Resolución del Buró Político del PCE 'Para terminar la guerra' (Febrero de 1939)

Fernando Hernández Sánchez 12/04/2021

Presentación del documento nº 21

Castillo de Figueres (Lleida). Barcelona ha caído en manos de las tropas de Franco el 26 de enero. Una marea humana de 300.000 personas –combatientes en retirada, civiles, responsables políticos- se precipita sobre a frontera francesa, donde comienzan a habilitarse por el gobierno francés los campos de la vergüenza en las playa del Rosellón. El 1 de febrero, en Figueres, se reúnen por última vez las Cortes de un régimen legítimo que nunca volverá a restaurarse. El jefe del Gobierno, el doctor Juan Negrín, presenta ante una menguada representación de la soberanía nacional los tres puntos que suponen la máxima condensación, pero con la mínima e irrenunciable dosis de dignidad, de los Trece Puntos de la Victoria que había formulado, antes de constatar el definitivo abandono de las democracias, en 1938.

Los Tres Puntos de Figueres eran la respuesta de Negrín a la exigencia rebelde de una rendición incondicional: 1/ Énfasis en la independencia nacional, frente al enfeudamiento de Franco a las potencias del Eje; 2/ necesidad de que los españoles decidieran libremente su régimen futuro; y 3/ que no hubiera persecuciones ni represalias. El PCE se adhirió a ellos mediante la declaración del Buró Político de 31 de enero de 1939. Mundo Obrero publicó el texto el 6 de febrero . La dirección comunista consideró gravísima la situación y puso a disposición del Gobierno todos sus activos. A cambio exigió una acción implacable contra los capituladores. Los comunistas exigieron que todas las organizaciones antifascistas adoptaran sanciones fulminantes contra los cobardes, los vacilantes y los derrotistas. No cabe dudar de la inquietud que debió recorrer el espinazo de quienes pensaban ya en términos de armisticio o de rendición ante la autopostulación comunista para asumir los puestos de liderazgo de la resistencia. Frente a Negrín y el PCE, un sector republicano en alza, en trance de organización por el coronel Casado, depositaba sus últimas esperanzas en algún tipo de mediación exterior. Quienes lo integraban albergaban una profunda animadversión contra los comunistas a causa de su proselitismo y absorción de otras fuerzas de la izquierda y su política de penetración en los resortes del Estado y del Ejército. También compartían esta opinión mandos militares que confiaban en una negociación directa entre elementos castrenses de ambos bandos, prescindiendo tanto de Negrín como de los comunistas. La declaración formal del estado de guerra, que el Buró Político glosó en su documento, fue empleada con fines muy distintos a los previstos: sirvió para prohibir manifestaciones públicas, actos políticos y extendió arbitrariamente la censura, hasta el punto de prohibir la difusión del discurso del mismísimo Negrín en Figueres. El llamamiento a la continuación de la resistencia por parte de los comunistas era compartida por el jefe del Gobierno: si se lograba controlar un arco de territorio comprendido entre Valencia y Cartagena, cabría proceder a una evacuación ordenada a través de los puertos. Pero el cansancio ante una guerra que se juzgaba inevitablemente perdida era el principal y fundamental factor de erosión del Gobierno. Menudeaban los actos de sabotaje y las muestras de derrotismo. Las organizaciones políticas y sindicales del Frente Popular se ocupaban abiertamente de preparar la huida.

Al PCE empezó a pagar la factura de una expansión espectacular pero que nunca fue acompañada, ni siquiera en los mejores momentos, por la articulación de una organización eficiente. No fue tarea sencilla pasar de 22.500 afiliados en febrero de 1936 a casi 350.000 en diciembre de 1937. El propio partido reconoció en diversas ocasiones que en torno a un 30 por ciento lo eran sólo de forma nominal. Ostentaban el carnet pero no hacían nunca “vida de partido”. En numerosas provincias la única estructura que funcionaba era la del respectivo comité provincial –y a veces, incompleto, careciendo prácticamente de organizaciones de base (células y radios). La endémica carencia de formación política –no solventada por la puesta en funcionamiento de numerosas escuelas de cuadros- lastraba la comprensión y divulgación de la línea del partido más allá de la difusión de las consignas, la agitación y la propaganda. Obsesionado por el trabajo político por arriba, cerca del Gobierno y en las filas del Ejército, los comunistas habían descuidado su equivalente en los sindicatos y entre las clases medias y los campesinos . En general, el crecimiento del PCE había sido el correlato de un sentimiento ampliamente difundido entre la población de la España republicana de que el partido representaba, por su organización, su disciplina y sus apoyos exteriores, la mayor esperanza en la consecución de la victoria. El PCE había sido un polo de atracción, un referente y un refugio mientras ocupó el lugar de centralidad que le otorgaron el hundimiento de los partidos republicanos burgueses, la fragmentación del socialismo y el decaimiento anarquista. Cuando se hizo evidente que la victoria era una quimera y la derrota una certeza próxima, sus filas comenzaron a clarear a gran velocidad.

>> [PDF 13,3 MB] Documento Nº21. Para terminar la guerra, salvando la independencia de España y la libertad del pueblo, y excluyendo toda represalia, la resistencia y lucha del Ejército y del pueblo pueden continuar y continuarán. Febrero 1939

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