La Retranca

Frente a las costas gallegas en abril de 1970K-8, el primer submarino nuclear soviético hundido El precio que hubo que pagar cuando existía la URSS para garantizar que a EE.UU. no le saliesen gratis sus aventuras expansionistas y el capitalismo no campase a sus anchas

Dolores de Redondo 13/04/2021

Uno de los episodios de la Guerra Fría menos conocidos es el hundimiento del submarino nuclear soviético K-8 frente a las costas españolas en abril de 1970. Se trataba de un submarino nuclear de 107 metros de eslora perteneciente al proyecto 627A que había entrado en servicio el 31 de agosto de 1960, formando parte de la 17ª División de la Flota del Norte con base en la península de Kola.

En marzo de 1970, el K-8 recibió la orden de dirigirse desde el mar Mediterráneo al Atlántico Norte con el fin de participar en las maniobras militares OCÉANO, previstas para conmemorar el centenario del nacimiento de Lenin. Fue el mayor simulacro naval de la historia soviética, para el cual fueron movilizadas simultáneamente las cuatro flotas de su Armada: las del Norte, Báltico, Pacífico y Mar Negro. Estaba previsto que comenzase el 14 de abril y finalizase el día 22, fecha de nacimiento del líder de la revolución, aunque finalmente concluyeron el 5 de mayo de 1970.

En la tarde del 8 de abril, en el noveno compartimento del submarino se celebró una reunión del partido con un único punto en el orden del día: "Sobre las tareas de los comunistas durante el período de maniobras Océano". Todo discurría con normalidad hasta que esa misma noche un cortocircuito derivó en un gran incendio a bordo, cuando el submarino navegaba sumergido a 120 metros de profundidad. Treinta y cinco miembros de la tripulación murieron durante el incendio, principalmente afectados por las emisiones de monóxido de carbono.
Al día siguiente, un buque de carga canadiense pasó por la zona pero giró en redondo y les denegó el auxilio tras una inspección ocular del submarino. Por suerte, un barco mercante búlgaro capitaneado por un ruso llegó casualmente a la zona en la mañana del 10 de abril. El submarino había perdido sus sistemas de comunicación en el incendio, de manera que a través de la radio del barco búlgaro pudieron comunicar el accidente a Moscú y su localización exacta: 48º10' Norte, 20º09' Oeste, a menos de 300 millas náuticas de las costas gallegas. Tres barcos soviéticos llegaron al lugar del accidente en las primeras horas del 11 de abril pero las inclemencias del tiempo les impidieron remolcar el submarino a pesar de todos los esfuerzos. La mayor parte de la tripulación fue trasladada a los buques de salvamento, excepto veintiún marineros y el comandante que permanecieron en el submarino para intentar salvar la nave. A las 6:13 horas del 12 de abril, el submarino se hundió, esparciendo sus restos sobre el lecho marino a 4.125 metros de profundidad. En total, cincuenta y dos tripulantes perdieron la vida y setenta y tres lograron sobrevivir.

La comisión oficial creada para investigar las causas del accidente concluyó que el comandante y la tripulación habían actuado heroicamente, evitando una catástrofe nuclear que hubiese afectado a las costas españolas, francesas y británicas.
El comandante del submarino, Vsevolod Bessonov, recibió el título de Héroe de la Unión Soviética con carácter póstumo. Oficiales y suboficiales, así como los marineros fallecidos, fueron galardonados con la Orden de la Estrella Roja. Los supervivientes con la Medalla de Ushakov. Entre otros honores, en la base naval de Gremikha fue inaugurado un monumento recordando la tragedia y sus víctimas. No obstante, los detalles de este accidente permanecieron secretos hasta 1994.

Bajo el mar quedaron decenas de hombres, dos reactores nucleares y un número indeterminado de armamento atómico, desconociendo a día de hoy sus posibles daños medioambientales. Accidentes como el del K-8 fueron parte del precio que hubo que pagar para hacer frente al imperialismo, cuando afortunadamente existía la URSS para garantizar que a Estados Unidos no le saliesen gratis sus aventuras expansionistas y el capitalismo no campase a sus anchas.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 343 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2021

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