DOCUMENTOS PARA UN CENTENARIO PCE 1921-2021'El Consejo Nacional de Defensa no trabaja por la paz…'. Resolución del Comité Central del PCE (18 de marzo de 1939)

Fernando Hernández Sánchez 17/04/2021

Presentación del documento nº 22.

El 5 de marzo de 1939, dos noticias llegaron a las posiciones “Yuste” y “Dakar”, nombres en clave de la residencia de Negrín en Elda-Petrer y de la sede de la dirección del PCE, en Monóvar: tas una intentona de insurrección facciosa en Cartagena, la flota republicana había huido, entregándose en el puerto argelino de Bizerta; y en Madrid, se había constituido un Consejo Nacional de Defensa (CND), con el coronel Casado y el apoyo del socialista Julián Besteiro y del anarquista Cipriano Mera, bajo la bandera de poner fin a la guerra mediante una “paz honrosa” con el Caudillo. Para darle a la tragedia un tinte desgarrador de sangre contra sangre, al Consejo se había adherido Wenceslao Carrillo, padre de Santiago, el secretario general de la Juventud Socialista Unificada (JSU).

La actitud de los comunistas durante aquellos días fue tan poliédrica como la propia situación planteada: en Madrid, se alzaron en armas contra el CND –la “Junta de Casado”, como se la conoció-, en un escenario que replicó en las calles de la capital una guerra civil dentro de la guerra civil; en Levante, donde se encontraban unidades blindadas bajo control comunista, se mantuvo una situación de equilibrio expectante; en el resto de la zona centro- sur, mientras de deshacían los frentes, los comunistas fueron perseguidos por sus antiguos aliados. Algunos, apresados por los casadistas, fueron abandonados a sus suerte en prisión a la entrada de los franquistas. La plana mayor de la dirección del partido (Pasionaria, Uribe, Delicado, Modesto, Líster) salió de España rumbo a Orán entre el 6 y el 7 de marzo. En lo poco que quedaba de territorio de la República española quedaron Pedro Checa, Jesús Hernández y Fernando Claudín, acompañados por el tutor de la Komintern, Palmiro Togliatti, con la misión de coordinar la evacuación de cuántos cuadros pudieran localizar y preparar al partido para el paso a la clandestinidad.

Durante aquellos días, fueron varios los documentos, a veces contradictorios, con los que el PCE dio a conocer su postura ante el CND y, en última instancia, su balance de la guerra. El autor de la mayor parte de ellos fue Togliatti. Sus ideas-fuerza eran salvar la responsabilidad del partido dejado que la derrota recayera sobre las espaladas de Casado y sus cómplices; defenderse de las acusaciones de haber servido de fuerza cipaya a las órdenes de una potencia extranjera; manifestar la convicción de la apuesta comunista por la unidad en el Frente Popular, rota por los golpistas; enorgullecerse de la labor realizada durante los tres años de guerra en lo tocante al forjado del Ejército Popular; y ponerse a disposición tanto del pueblo español, para la nueva etapa de lucha contra dictadura, como de los pueblos de Europa en la futura guerra que se adivinaba próxima. De hecho, mientras estos documentos veían la luz, Hitler se anexionaba el protectorado de Bohemia-Moravia, aniquilando lo que quedaba de la Checoslovaquia independiente, rompiendo los acuerdos de Munich del año anterior y enfilando el camino a la invasión de Polonia y la Segunda Guerra Mundial. Eso suponía que, cuando alentaba un último esfuerzo de resistencia para enlazar el conflicto español con le europeo, Negrín tenia razón.

El manifiesto del 18 de marzo fue el último firmado por el Comité Central del PCE en suelo español hasta 1976. Durante los últimos días, los esfuerzos de Togliatti, Hernández y Checa se centraron en la formación del aparato clandestino y en la organización de la evacuación. Para lo primero se enviaron delegados a las provincias a fin de asegurar la formación de nuevas direcciones clandestinas –muchas de ellas integradas por mujeres muy jóvenes-, que se camuflaran imprentas y se buscaran puntos de apoyo. Se llevó a cabo una campaña de explicación de los hechos mediante octavillas y pintadas y se designó una nueva dirección, con Jesús Larrañaga al frente, que ya tenía experiencia previa en el desarrollo del trabajo ilegal y Manuel Navarro Ballesteros –ex director de Mundo Obrero-. El golpe de Casado puso fin de la peor forma posible a la guerra de resistencia antifascista: sembró la discordia entre los antiguos aliados, abrió grietas entre ellos que nunca se soldaron, envenenando las relaciones en el exilio, incapacitando a las organizaciones antifranquistas para armar una plataforma unitaria de oposición que ofrecer a los aliados como alternativa viable a la dictadura una vez liberada Europa. Casado no solo le ofreció a Franco la victoria aplastante que ansiaba, sin fantasías de “paz honrosa”: también le rindió un impagable servicio al garantizarle, por la animadversión entre sus enemigos, una prolongada supervivencia.

>> [PDF 5,9 MB] Documento Nº22. El Consejo Nacional de Defensa no trabaja por la paz, sino por la entrega a Franco del Pueblo Español. Comité Central del PCE 18 de marzo de 1939

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