Bahía de Cochinos, la victoria de David contra Goliat

Francisco José Segovia Ramos. Escritor y funcionario granadino 17/04/2021

Hace sesenta años que se produjo el intento de invasión de Bahía Cochinos por grupos anticastristas y con el apoyo cómplice del gobierno estadounidense, entonces bajo el mandato del sobrevalorado J.F. Kennedy.

Entre los días 15 y 19 de aquel abril de 1961, casi mil quinientos hombres desembarcaron en Playa Larga y Playa Girón, apoyados por aviones anticastristas y la marina de Estados Unidos, con la intención de instalarse en una zona geográfica estratégica de Cuba y proclamar un gobierno provisional que contaría con el apoyo de la administración norteamericana que así tendría la excusa ante la comunidad internacional para intervenir militarmente contra el gobierno de Fidel Castro.

Sesenta años hace que los gobiernos de Estados Unidos (tanto demócratas como republicanos, tanto monta, monta tanto) mantienen una política de acoso y derribo contra la revolución cubana. Años de vergüenza internacional, consentida por las Naciones Unidas, y de bloqueo estadounidense que, salvo en algunos momentos puntuales de relajación, se ha mantenido hasta el día de hoy. Bloqueo consentido por los países que se denominan democráticos y que solo defienden, como lacayos sumisos, los intereses de la potencia del norte.

Bahía de Cochinos solo fue el colofón al intento de Kennedy y su administración de torcer el brazo al recién instaurado régimen de Castro en La Habana. Paradójicamente, hasta entonces había apoyado a la precedente y sangrienta dictadura de Batista que terminó encontrando refugio en Estados Unidos y que había vendido la economía cubana a las multinacionales norteamericanas, sobre todo a las que se enriquecían con la caña de azúcar.
Si bien es cierto que Fidel declaró, nada más llegar al poder, que no era comunista, las medidas de presión estadounidenses, que pretendían mantener a la isla bajo su órbita colonial (la Ley de Reforma Agraria cubana no fue del gusto de la administración Kennedy porque afectaba a los intereses de las multinacionales), hicieron que se volcase hacia el otro polo político del momento, la URSS. Fue entonces que se tomó en Washington la decisión de intervenir en Cuba, si bien escondiéndose detrás de un grupo de mercenarios.
Fue un fracaso más en la política estadounidense de los años sesenta, al que se sumarían la derrota en Vietnam y la Crisis de los Misiles que, lejos de lo que pretende la propaganda occidental, no fue una victoria diplomática estadounidense. El acuerdo firmado con Kruskev, dirigente de la URSS, obligaba a que Estados Unidos no interviniese más en los asuntos de Cuba (es decir, militarmente), y no ejecutase su proyectado plan de instalar misiles nucleares en Turquía dirigidos contra la Unión Soviética.

Kennedy no fue sino el primero de los presidentes de Estados Unidos que han intentado, por activa o por pasiva, desmantelar el Estado socialista cubano. Bien a través de la intervención militar, la ayuda a terroristas anticastristas o los intentos de atentados contra Fidel Castro (documentados aunque no muy publicitados por los medios occidentales) o por medio del bloqueo económico que pretende destruir la voluntad del pueblo cubano.

Se puede vencer al Goliat capitalista

Estados Unidos, como potencia imperialista, ha intervenido en América Latina, donde su esfera de influencia y de manipulación y control es muy profunda. Desde el sustento a golpistas de derecha que han conculcado los derechos humanos y han cometido innumerables crímenes hasta apoyando golpes de estado blandos, como fue contra Evo Morales en Bolivia. Ya la doctrina Monroe, nacida en el siglo XIX, hablaba de una “América para los americanos”, cuyo mensaje, lejos de parecer lo que dice, se convierte en “América para los intereses de Estados Unidos”. Sus políticas en ese ámbito geográfico de centro y suramérica han ido encaminadas en ese sentido: agresiones a México (con anexión de la mitad de su territorio), invasiones de Nicaragua, Granada y Haití, derrocamiento de gobiernos socialistas en Chile o Argentina para instaurar dictaduras, apoyo a grupos terroristas para combatir a gobiernos como los de Daniel Ortega en Nicaragua o acoso y derribo a Evo Morales, Lula da Silva, Hugo Chaves o Nicolás Maduro.

Por lo tanto, el triunfo de la Cuba socialista, de la Cuba de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, no fue solo una victoria del socialismo (una de las más importantes de la historia) contra el imperialismo estadounidense sino que se convirtió en un referente para la izquierda, en cuanto que demostró que se puede combatir la injerencia imperialista, sobrevivir a decenios de restricciones impuestas y presiones internacionales, mantener el orgullo nacional para no perder su identidad cultural y hacer real la metáfora bíblica de David contra Goliat: la derrota del más fuerte a manos del presuntamente más débil.
Bahía de Cochinos demostró que se puede vencer al Goliat capitalista, siempre ahíto de mantener su cuota de poder, de explotación y de control de terceros países, a los que esquilma para beneficio propio.

Por eso, hoy, sesenta años después de aquella victoria, gritamos Viva Cuba libre. Socialismo o Muerte.

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