22 de abril / Día de la TierraConciencia, compromiso y compasión

Asociación Española de Educación Ambiental 22/04/2021

La conciencia

La responsabilidad de la acción ambiental es hoy compartida. A las instituciones y empresas les corresponde una parte importante en cuanto a convenios y acuerdos pero los ciudadanos deben transformar sus modos de vida, puesto que gestionan unos ámbitos (vivienda, transporte, residuos, consumo, dieta) a los que la legislación no alcanza.

A diferencia de otras áreas, cuyo principal objetivo es su conocimiento, la educación ambiental no pretende tanto enseñar sobre medio ambiente como generar conciencia sobre la situación por la que atraviesa el planeta. De ahí que en nuestros programas no se busque, como primer objetivo, informar o ilustrar sino más bien el despertar a la realidad que vivimos. Ya habrá ocasión de sustentar la conciencia con argumentos, así como su consecuente puesta en práctica a través de actitudes y valores, punto éste de convergencia entre ética y educación. Se busca así la incorporación de estilos de vida responsables y sostenibles a través de una vivienda eficiente, de una movilidad pública limpia y compartida, de una dieta ecológica y baja en componentes animales, del abandono del usar y tirar, ahora convertido en reutilización, reparación y reciclaje y, finalmente, de un consumo limitado que conduzca a una vida sencilla. Es, en definitiva, una elección del modo de ser frente al de tener, un cambio que rechaza un modelo materialista, reductor de hombre y naturaleza a objetos y mercancías, y apuesta por una vida más auténtica en donde lo que hace feliz es gratuito y donde el actuar responsable vuelve más dignas a las personas.

El compromiso

Sin embargo, y aun siendo importante, lo personal no es suficiente. Por ello la introducción del compromiso. Sería necesario que toda persona con inquietudes estuviera integrada en organizaciones orientadas al desarrollo en sus diferentes dimensiones: paz, derechos humanos, ecología, solidaridad… La postmodernidad, cuyo emblema podría ser el hombre ha muerto, vivan las cosas, abandonó los ideales y comenzó a vivir (más bien devorar) el presente sin mayores miramientos, siendo éste uno de los factores que explican la crisis ambiental, ya que cuando falta el sentido se buscan sucedáneos y entre ellos la moda y su renovación constante son causa del consumo abusivo que estrangula al mundo.

No basta, pues, la acción individual. Hay que volver a descubrir la fuerza de lo colectivo, como lo muestran las asociaciones que desde hace tantos años trabajan por el medio ambiente. Desgraciadamente, en España el tejido social es débil, consecuencia de periodos históricos oscuros, además de la indiferencia que genera vivir en sociedades opulentas. Sólo con organizaciones sólidas la sociedad civil puede fortalecerse y este tiempo debe ser el de la participación de los ciudadanos y de los colectivos.

Comprometerse es compartir una parte de la vida, del tiempo y del dinero en causas en las que se cree. El ser humano tiene una dimensión personal y comunitaria y si alguna de ellas está ausente no puede alcanzar su plenitud. En palabras de Paulo Freire, “nadie se libera/educa solo sino que lo hacemos en comunión, mediatizados por el mundo”. Necesitamos al grupo, no sólo para nuestro propio desarrollo sino porque hoy el planeta lo demanda. Una sociedad civil fuerte puede convertirse en una potente voz frente al poder económico, político y mediático. Y para ello (si pensamos en términos de ética y eficacia) el compromiso es necesario.

La compasión

Educación ambiental es un término formado por dos palabras y en donde educación es el que lo sustantiviza. Y la educación se apoya en valores. Son muchos los que constituyen su acervo (responsabilidad, solidaridad, gratitud, sencillez y compromiso) pero puede señalarse uno que trasciende la frontera ambiental: la compasión.

La compasión está relacionada con el cuidado y el respeto, especialmente hacia los débiles y vulnerables. En la cultura occidental, la naturaleza ha sido considerada como un recurso a explotar: basada en una fuerte visión antropocéntrica, el ser humano ha ido modificando el entorno, utilizándolo -incluida una multitud de formas vivas- para su propio interés. La transición hacia una visión consciente de la riqueza del precioso patrimonio que nos rodea va emergiendo con fuerza, apoyada, entre otras, por miradas ecofeministas más integradoras y cuidadosas.

Compasión (padecer con) nos acerca a los pequeños, a los necesitados, a los inocentes. Y es en el mundo natural donde la inocencia es norma, por ello los demás seres vivos pueden ayudar a los humanos a mejorar, a condición de que seamos compasivos, es decir, que nuestra mirada cuide y proteja, alejando los daños y abusos. “Cuando se es fuerte -decía Franklin-, hay que ser bueno”. Y hoy la compasión debe llevarnos a continuar alzando nuestra voz contra el maltrato en todas sus formas: la caza, la persecución, la cautividad, la experimentación. Un comportamiento adecuado con animales, plantas y paisaje, nos llevará de manera natural a una mayor proximidad con la vida humana y no humana para que nada nos resulte ajeno, especialmente la suerte de los débiles, los pobres y los desfavorecidos, cuyo futuro habrá que cambiar para una concepción global del mundo.

Porque el destino del planeta y de quien lo habitamos es el mismo y lo que le ocurra a una parte revertirá en la otra. Todavía estamos a tiempo y es ahora el momento de actuar con decisión, amor y compromiso.

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