DOCUMENTOS PARA UN CENTENARIO PCE (1921-2021)Ante la invasión alemana de la URSS. Manifiesto del PCE, PSUC y FJSU (junio-julio de 1941)

Santiago Vega Sombría 25/04/2021

Presentación del documento nº 23.

La “Operación Barbarroja” fue el nombre en clave de la invasión por la Alemania nazi de la Unión Soviética, iniciada el 22 de junio de 1941. Hitler rompía así el pacto de “amistad” germano-soviético firmado el 23 de agosto de 1939. Se volvía a la normalidad histórica con la ruptura de aquel tratado contra natura de dos enemigos irreconciliables: Stalin, un antifascista militante y Hitler un anticomunista feroz. Desde 1928, la URSS -gracias a los planes quinquenales- se transformaba en una potencia económica y militar, pero a la altura de 1939 no estaba en condiciones para enfrentarse al poderoso Ejército alemán. A Stalin no le ayudaban las frías relaciones con USA, Gran Bretaña o Francia. Ante la inevitabilidad del enfrentamiento con Alemania, Stalin optó por el pacto que significaba un aplazamiento, para contar con una pequeña prórroga y así mejorar sus fuerzas armadas.

A pesar del fracaso de la invasión de Inglaterra, Hitler decidió que 1941 era el mo-mento de invadir la URSS, para lo cual empleó dos millones de combatientes. Se abría así el frente oriental que hubo de soportar en solitario el Ejército Rojo hasta el desembarco anglo-americano en Sicilia en julio de 1943. Para entonces los soviéticos ya habían derrotado a los nazis en Stalingrado y comenzaban la liberación de su territorio.

Ante la invasión nazi, como es lógico, el PCE se alineó fervientemente con el país ata-cado -la patria de los trabajadores libres- y denunció la agresión fascista. Defendía que la URSS había permanecido neutral en la guerra entre los “imperialismos” anglo-americano y alemán. Utilizaba así la terminología tradicional del movimiento obrero al calificar el conflic-to mundial como una guerra imperialista en la que se disputaban intereses capitalistas. De ahí que mostrara una absoluta equidistancia con los contendientes de la guerra.

En su análisis del desarrollo del conflicto hasta 1941 destacaba el protagonismo co-munista en la resistencia en todos los países agredidos por el fascismo: España, China, Grecia o Francia. Denunciaba el PCE lo que consideraba un intento de las potencias capitalistas de solicitar una tregua frente a Hitler para dejar sola a la URSS, constataba así el aislamiento internacional del único Estado obrero. Enmarcaba la denuncia en su percepción de que las democracias occidentales pretendían reeditar la política desplegada en la Conferencia de Mu-nich de 1938, lo que implicaba permitir a los nazis satisfacer sus aspiraciones de dominio so-bre otros pueblos. Francia y Gran Bretaña aceptaron allí sin pestañear que Hitler anexionara la región occidental de Checoslovaquia. Esa política de apaciguamiento (policy of appe-asement) ante el fascismo ya la había sufrido la II República con la hipocresía del “Acuerdo de No Intervención” que en la práctica permitía la ayuda fascista a Franco y negaba la ayuda de las democracias occidentales a la democracia española. Para Gran Bretaña, secun-dada por Francia, era mayor el peligro del comunismo que ganaba fuerza en España, que el fascismo pues no atentaba aún sus intereses. No irían a una guerra contra Hitler por defender una democracia en España o Checoslovaquia.

La posibilidad real de entrada de la España franquista en la guerra era rechazada con firmeza por el PCE no solo por lo que suponía de venganza por la ayuda prestada por la URSS a la República, con el recuerdo heroico de la resistencia de Madrid el 7 de noviembre de 1936, aniversario de la Revolución Bolchevique. Denunciaba el posible envío de tropas (verificado meses después con la División Azul), además de haber servido y servir de aprovi-sionamiento de los alemanes, mientras el pueblo español pasaba hambre. Como acostumbraba en los manifiestos, finalizaba con un llamamiento, en este caso a trabajadores, pequeña bur-guesía, socialistas y cenetistas, para la reconstrucción de un frente popular de oposición al franquismo y de defensa de la URSS como baluarte antifascista. Tras las heridas abiertas con el golpe de Casado, el PCE pasaba página debido a la trascendencia del momento histórico por el peligro de victoria total del fascismo que ya dominaba prácticamente toda Europa, des-de los Pirineos hasta el Vístula. La URSS se mantenía como último bastión de defensa de los derechos de los trabajadores y los obreros del mundo debían defenderla.


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