Quesquesé la cultura

El orgullo de los humildes Volver a encontrar un sentido al mundo que no sea solo producir y consumir

José María Alfaya 28/04/2021

FeriaAna Iris SimónCírculo de Tiza, 2020

Ana Iris Simón ha publicado un libro que se titula ‘Feria’. Ha sido un éxito de ventas y un bombazo mediático con numerosas entrevistas que resultan tan apasionantes como el propio libro y que demuestran la veracidad de sus intenciones cuando declara que “quería hablar, simplemente y a través de mi familia y mi entorno, que es a través de quienes leo el mundo, de algunas cosas que me interesan o considero importantes: la historia reciente de España, la maternidad, la familia, el concepto de patria o de linaje, la cultura popular…”.

Ana Iris nos cuenta las historias de un proceso vital y social que va alternando la conciencia de clase (ella la llama y explica, con travesura muy sugerente, vergüenza de clase o de lumpen) con el orgullo de los humildes y las supuestas conquistas del llamado progreso, “en el marco de un modelo económico que se basa en la explotación de unos por otros, así que parece lógico pensar que ese aparente progreso consistió en echarse un yugo”.

Ana Iris se plantea y replantea su estilo de vida, trata de volver a las cosas esenciales poniéndose en guardia ante una posible salida en falso: “Nos vamos de las ciudades porque las culpamos de todos nuestros males pero el mal está, realmente, en nosotros, de la misma forma que estaba cuando abandonamos nuestros pueblos por considerarlos un nido de paletos”. Tampoco sirve llenar la España vacía con las lógicas urbanitas, seguir mirándola con condescendencia. “Nuestros padres se regían por imperativos sociales pero sobre nuestras cabezas también sobrevuelan esos u otros imperativos y convenciones sociales, disfrazados, en nuestro caso, de aparentes libertades y progresos”.

El libro no tiene desperdicio y las entrevistas tampoco, con el añadido de un desparpajo encantador en la emisión de sus opiniones: “Estamos en una burbuja de clase media aspiracional, compartiendo piso, encadenando relaciones, todo el día en eventitos y consumiendo cosas de clase media sin serlo. Somos pobres con iPhone, Netflix, Tinder y Glovo. Puede que yo sea una outsider pero darme cuenta de eso, sentir que no pertenecía a esta ciudad, que quería tener un hijo ya, que yo he sido superfeliz con poco y que lo que me han transmitido mis padres no tiene nada que ver con lo material, fue mi caída del caballo. Madrid no tiene la culpa”. Y lo remacha: “Me fui de Madrid porque no era mi sitio. No quiero ser una adolescente de 30 años”.

Un aspecto interesante de los mensajes que se desprenden del libro es cómo una parte de los lectores han interpretado su defensa de las tradiciones como un acercamiento a los valores de la derecha política. Ella, hija y nieta de comunistas y concienciada en el 15-M, se define como antiliberal y crítica con el bipartidismo. Lo expresa muy claramente: “El liberalismo económico tiene una cara antropológica, una cara que tiene que ver con cómo aspiramos a vivir, con qué aspiramos a ser, con nuestros valores y nuestro modo de estar en y mirar al mundo. E igual que nos influye ser una generación precaria y con un futuro negro en el horizonte –en el de nuestros padres, sin embargo, estaba eso que llamaban progreso–, también nos influyen unos valores neoliberales, liberales o capitalistas, como quieras llamarlos, que nos han calado hasta los huesos… Tendremos que volver a encontrar un sentido al mundo que no sea solo producir y consumir”.

Publicado en el Nº 344 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2021

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