ACTO DEL PCE ANTE EL 1º DE MAYO, CON CCOO Y UGTEnrique Santiago: ‘Nuestro país está en deuda con la clase trabajadora. Ahora toca cumplir’

Mundo Obrero Redacción 01/05/2021

En la víspera al 1º de Mayo, el PCE celebró un acto retransmitido por streaming, con la presencia de los Secretarios Generales de Comisiones Obreras y UGT, además del Secretario General y la Secretaria de Organización del PCE, para conmemorar conjuntamente la fecha más señalada para el movimiento obrero y llamar a la movilización, respetando las medidas sanitarias de precaución.
Los cuatro ponentes coincidieron en poner en valor el trabajo conjunto desarrollado por las organizaciones sindicales en coordinación con el gobierno de coalición, para desplegar las medidas de escudo social que han evitado la destrucción de más de tres millones de puestos de trabajo. Además, señalaron la importancia de la oportunidad histórica que se abre en nuestro país con la llegada de los fondos de reconstrucción europeos. Tanto Pepe Álvarez, de UGT, como Unai Sordo, de CCOO, afirmaron que es el momento de recuperar la agenda social que la pandemia se llevó por delante, derogar las reformas laborales y de las pensiones, y que “no hay excusas”. “La UE no puede utilizarse como una excusa”, subrayaron ambos líderes sindicales, que recordaron que la magnitud de las reformas que hay que acometer para transformar la estructura productiva hace que sea imprescindible una reforma fiscal y un reparto de la riqueza.

Enrique Santiago señaló que es precisamente por esta oportunidad histórica que las oligarquías de nuestro país “recurren a su arma predilecta cuando ven peligrar sus privilegios: el fascismo”. El Secretario General del PCE ha afirmado que, frente a esa ultraderecha, “la receta es levantar una inmensa barrera democrática, un amplio bloque de todos los demócratas de este país para garantizar la democracia y la totalidad de los derechos humanos a todas las personas que viven en España”.


Por su interés reproducimos a continuación el contenido de las cuatro intervenciones.

ANABEL SEGADO, SECRETARIA DE ORGANIZACIÓN DEL PCE

El 1º de Mayo conmemora una lucha del movimiento obrero, como tantas otras que nos han traído hasta aquí; en concreto, la lucha por limitar la jornada laboral a 8 horas diarias. Curioso esto, en unos tiempos en los que muchas de vosotras estáis luchando por conseguir una jornada que os permita un salario digno y que sabéis lo que es trabajar jornadas interminables haciendo horas extras no pagadas.

Sobran motivos en este centenario de luchas para sentirnos orgullosas de nuestra clase y para seguir luchando por mejorar nuestra vida y la de todos. Ha sido un año durísimo en el que hemos perdido a seres queridos, hemos sufrido la enfermedad, acumulamos cansancio, dificultades, y la incertidumbre genera desánimo. Pero también ha sido un año en el que hemos seguido aprendiendo que la clase obrera es esencial para la vida. Y que es esencialmente solidaria. La pandemia nos ha golpeado más que a nadie. Y los que se han comportado como “don nadies” son los poderes sin rostro, pero con grandes rostros: la banca, las multinacionales, las empresas del IBEX, preocupadas por mantener y aumentar sus beneficios, mientras el pueblo arriesgaba la vida en sus trabajos.

Mentiras, bulos, propaganda miserable nos han acompañado también. Multiplicada ante una gestión que no tiene antecedentes en la historia reciente de nuestro país y en la historia de nuestra democracia. Un escudo social conformado por medidas del gobierno central, pero no sólo. Llamamos escudo social también al ingente trabajo de las organizaciones sindicales para toda la clase obrera. Es también el trabajo ingente de organizaciones sociales al servicio de los barrios, de los pueblos, de nuestra gente, de los más vulnerables. Y es también el trabajo de organizaciones políticas como la de este partido, para proponer, implementar, analizar la realidad de nuestro pueblo para volver a proponer, rectificar, pelear donde haga falta para lograr una vida digna para todas.

Volvemos a tiempos en los que es preciso poner sobre la mesa los más grandes valores de nuestro pensamiento y de nuestra acción. Porque muchas de las nefastas consecuencias de esta crisis que vivimos son fruto de políticas que llevamos combatiendo mucho tiempo, a veces casi en solitario y otras muchas, las mejores, en marcos amplios de unidad popular.

Desde este ADN concebimos este acto, con las organizaciones sindicales más representativas y a las que agradecemos profundamente que nos acompañen.

PEPE ÁLVAREZ, SECRETARIO GENERAL DE UGT

Celebramos este 1º de Mayo en una situación significativamente diferente a la que lo hacíamos el año pasado, cuando cada uno estaba en su sede, y espero que el año que viene lo podamos repetir con presencia de trabajadores y compañeras.

Es un 1º de Mayo después de uno de los años más horribles de la historia de nuestro país. Hemos perdido a mucha gente, mucho empleo, hay muchas personas que lo han perdido todo. Frente a eso, las organizaciones sindicales nos hemos dedicado durante este año a intentar paliar los elementos más nocivos de la crisis, sobre todo desde la perspectiva económica y social. Es verdad, hemos hecho un escudo social, hemos ido acordando un paquete de medidas para que los trabajadores no perdamos derechos ni el empleo.

Sólo los ERTES han salvado en torno a 3 millones de puestos de trabajo en nuestro país. Pero tenemos que decir que, a pesar de ese esfuerzo del gobierno y de los agentes sociales, hay mucha gente que se ha quedado en el camino. Nosotros queremos que este 1º de Mayo sirva para poner voz a las personas que hoy hacen colas en nuestro país para recoger una bolsa de alimentos. Queremos poner voz a las personas que están durmiendo en las plazas, a las que no han podido recuperarse de esta situación de crisis.

Somos conscientes desde las organizaciones sindicales de que seguramente tenemos el mejor gobierno para los trabajadores y posible en nuestro país. Pero desde esa seguridad queremos que el gobierno reciba el aliento de los trabajadores exigiendo políticas que ayuden a recuperarse a quienes se han quedado en el camino.

El año 2021 tiene que ser el año de la recuperación de los derechos y de las libertades. Algunas cosas se han hecho: hace pocos días conseguíamos que se derogase el artículo del Código Penal que penalizaba a los piquetes. Antes se había derogado la norma que permitía el despido por acumulación de bajas en un período muy breve de tiempo. Tenemos pendientes retos importantes, como que finalmente aparezca en el BOE la llamada Ley Rider, que para nosotros es la Ley de las plataformas digitales. U otras cuestiones como el desarrollo de la ley del teletrabajo, llevándola a los convenios colectivos. Pero, junto a eso, los ejes fundamentales de la acción sindical, que pasan por la derogación de las reformas laborales, no hemos podido cambiarlos, y vamos a por ello.

Por eso, este 1º de Mayo tiene que servir para que no haya excusas: la UE no puede ser la excusa. La situación económica tiene que ser justamente la excusa para hacer lo contrario. No podemos abordar este período de tiempo sin haber derogado elementos tan nocivos como es la actual situación que padece la negociación colectiva en nuestro país o la temporalidad, la precariedad, la desigualdad entre mujeres y hombres. La propia situación de desigualdad que viven una parte muy importante de los jóvenes de nuestro país que están trabajando. No podemos avanzar hacia el futuro sin poner las bases de un nuevo sistema de relaciones laborales en nuestro país justo, equilibrado, equitativo, que nos permita repartir la riqueza que se genera en las empresas.

Tenemos pendiente la subida del SMI. Vamos a ser la gota malaya: cada día vamos a recordar que hay una deuda pendiente con los trabajadores, que el gobierno tiene que cumplir.

Estos son elementos que tenemos que hacer saber al gobierno que hay una mayoría de españoles que queremos que se cambien. Hay una gran oportunidad que se abre en nuestro país con los fondos de reconstrucción, que nos tienen que servir para ir hacia una economía limpia, que proteja el medio ambiente, hacia una economía que actualice desde el punto de vista tecnológico y del valor de lo que producimos el sistema productivo. Hacia una economía en la que el sector turístico tenga un peso fundamental pero que lo haga a partir de la calidad, en el empleo en primer lugar. Estos fondos tienen que servir para que el país sea más equilibrado desde el punto de vista territorial y social.

Quiero pediros a los militantes comunistas que nos acompañéis en la calle. Por cierto, el PCE siempre ha estado con nosotros el 1º de Mayo.

Las cosas en nuestro país no están bien. La ultraderecha está crecida y tenemos que pararle los pies. Y sólo les vamos a parar los pies con políticas sociales que convenzan a los trabajadores de que la ultraderecha sólo va a traer odio, miseria, rencor y privilegios para unos pocos. En el fondo, lo que defienden son privilegios para unos pocos.

Necesitamos un sistema impositivo que reequilibre la actual situación que vive nuestro país. Y eso no se hace quitando impuestos como el impuesto de sucesiones ni regalando al 10% más rico rebajas fiscales.

UNAI SORDO, SECRETARIO GENERAL DE CC.OO.

Envío un saludo en el centenario del PCE. Un partido sin el que no se entiende la historia de nuestro país en el último siglo y, particularmente, no se entiende la democracia en nuestro país. La democracia en España no se recuperó por un pacto de élites, sino por una confluencia de factores donde el vector principal, aunque se quiera negar, fue la movilización de la parte más consciente de la sociedad española, impulsada entre otras fuerzas sindicales y políticas por el PCE en la clandestinidad y después de recuperar la legalidad.

Estamos en la víspera de un 1º de Mayo distinto al anterior. Afrontamos una época que tiene aspectos inéditos en nuestra historia, donde no está escrita la hoja de ruta. Hemos atravesado una pandemia y una crisis económica que no tiene precedentes en tiempos de paz. Sabíamos que en España las crisis económicas se solían resolver con una impresionante destrucción de empleo, con una pérdida de condiciones salariales y condiciones de vida de la mayoría de la clase trabajadora, y en esta situación las políticas que se han acometido han tenido efectos que no habíamos conocido. Es la primera vez que la caída de la economía ha sido muy superior a la caída del empleo. Hemos sujetado un montón de empleo a través de medidas impulsadas desde el marco del diálogo social, llevadas al BOE por el gobierno y la mayoría parlamentaria. Es bueno poner en valor lo que hemos hecho: más de 3 millones de puestos de trabajo se podrían haber destruido si se llegan a tomar las medidas que se tomaron en las anteriores crisis. Y, sin quitarle ningún valor a lo que se ha hecho, no está de más recordar que pese a una movilización de recursos públicos sin precedentes, hay amplias capas de la población de nuestro país que están sufriendo mucho. 3,6 millones de personas están en desempleo. Más de 1,2 millones de hogares tienen a todos sus miembros desempleados. Se ha incrementado la pobreza y la pobreza severa. Ha habido un incremento de la desigualdad, producto de políticas que se venían acometiendo desde hace una década. La respuesta del sector público, habiendo sido muy importante, no ha llegado a solventar todas las situaciones de necesidad. El reto que tenemos por delante es inmenso.

El lema que planteamos mañana es que este país necesita saldar la deuda que tiene con la clase trabajadora, que toca cumplir lo prometido. Toca acometer las reformas, una vez se recupere cierta normalidad económica, para que aquella clase trabajadora que sujetó España cuando todo se paró, vea compensado el esfuerzo que ha hecho en la dignidad del trabajo.

Estamos todavía en un momento delicado. Se va a consolidar un proceso de vacunación que nos va a llevar a una situación de mayor normalidad, que estoy convencido de que va a llevar a un crecimiento económico muy intenso en la segunda parte del año. Pero lo cierto es que en este momento todas las reformas que se impulsaron desde el PP y alguna desde el gobierno del PSOE en el período de austeridad (2010-2015) permanecen intactas. Toca recuperar agenda social. España necesita recuperar el poder adquisitivo, la dignidad en los salarios de la gente que menos gana. Esto requiere una subida del SMI: requiere recuperar los equilibrios de la negociación colectiva. Porque el desequilibrio de la negociación colectiva es clave para determinar si la riqueza se va a redistribuir en el futuro a la mayoría social o va a quedar en las cuentas de resultado de las empresas y de los grandes poderes económicos. Este país necesita dar certezas a la ciudadanía sobre su sistema de pensiones. Hay que derogar la reforma de las pensiones unilateral que en 2013 puso encima de la mesa medidas que, si no se corrigen, van a traer como consecuencia la caída de las pensiones en los próximos 26 años del entorno del 30%. Y, por tanto, es fundamental derogar cuanto antes esa reforma de las pensiones y decirle a la ciudadanía española que las pensiones van a proteger a las personas mayores ahora y en los próximos 30 años.

Todo esto supone recuperar una agenda social y política que quedó empantanada como producto de la pandemia. No sirven excusas, y la UE no puede ser una excusa. Las condiciones que Europa está poniéndole a países como España para la liberación de los 140 mil millones de euros del fondo de reconstrucción no tienen nada que ver con algunas de las cosas que están diciendo. No tienen nada que ver con las medidas que se impulsaron en el año 2010. Sería un suicidio político que en Europa o en España se reprodujeran medidas de austeridad, políticas de empobrecimiento de la mayoría social que llevarían a una implosión de la UE, antes o después.

El tiempo ha cambiado. Joe Biden es el presidente de EE.UU, la mayor potencia del mundo. Biden no es ningún radical de izquierdas, es un representante del establishment más clásico del Partido Demócrata estadounidense. Y está planteando un programa económico que, si algún responsable político lo verbalizara en España, sería acusado de “filocomunista, bolchevique, bolivariano” o vaya usted a saber qué. Joe Biden está apostando por un incremento importante del gasto público como una forma de activación de la economía. Que las empresas multinacionales paguen al menos un 21% de impuesto de sociedades, cuando en España el tipo efectivo que pagan las empresas sobre beneficio contable no llega al 9%. Eso no es ningún programa revolucionario, es un programa de socialdemocracia light de hace apenas 20 años, y no podemos permitir que por discursos que han tratado de hacer hegemónico el neoliberalismo en nuestro país, cualquier medida valiente sobre fiscalidad, sobre distribución de los salarios, sobre protección social, en definitiva, sobre los derechos de ciudadanía efectivos y no sobre apelaciones genéricas y pijas a la libertad, parezcan radicales cuando son necesidades que tiene cualquier país hoy en día para salir de la crisis. Todo eso nos estamos jugando.

Tenemos que derogar las reformas, no para volver al año 2008, donde había un 32% de temporalidad, sino para hacer una legislación más justa, más democrática, empoderadora de la clase trabajadora en las empresas, los sectores y la sociedad.

España no va a ser un país moderno si no acomete una reforma fiscal de profundidad. No es posible impulsar políticas públicas con una responsabilidad fiscal – que algunos llaman “presión fiscal”- 7 puntos por debajo de la media de la UE, que supone un promedio de 70 mil millones de euros menos de recaudación.

No estamos hablando de medidas revolucionarias. Estamos hablando de la reconstrucción de un contrato social que sirva para distribuir mejor la riqueza y para dar dimensión ciudadana auténtica a un sistema democrático de calidad.

Esto, que puede parecer tan moderado, encuentra una resistencia política, un nivel de polarización y de crispación política sorprendente. En España se ha normalizado desde el día uno la irrupción de la extrema derecha. Ha habido una normalización política, institucional y mediática del nacional-populismo de extrema derecha que surgió en España en las elecciones andaluzas y a la que se dio carta de naturaleza. Y, por otro lado, en España hay quien considera que esta legislatura tiene que ser fallida. El concepto del “gobierno ilegítimo” circula desde la proclamación como presidente del gobierno de Pedro Sánchez y la configuración del gobierno de coalición. Esto ocurre porque en nuestro país hay una parte del poder económico y del poder político que es terriblemente parasitario, dependiente de los recursos públicos, que no va a admitir que un gobierno de carácter progresista, con un programa relativamente moderado, gestione la canalización de 140 mil millones de euros que, si se utilizan bien, debieran servir para modificar en profundidad la estructura económica de España y que no han asumido esta realidad.

Y, sobre todo, hay una extrema derecha que pretende irrumpir entre las clases más desfavorecidas y en vez de reconstruir ese marco del contrato social para el siglo XXI, pretende generar esa disputa entre pobres, esa disputa del penúltimo contra el último, esa sociedad de segregación, de xenofobia, de racismo, que protagoniza la extrema derecha en España. Esa es la disputa que está en el fondo. ¿Cómo reconstruimos un país que ha sufrido mucho en la última década y que está en disposición de hacer cosas muy importantes, sabiendo que lo que viene no va a ser sencillo? No va a ser fácil salir de esta crisis económica. En el primer momento va a haber un repunte económico importante en 2021-2022, pero lo que viene no va a ser nada sencillo. Sin embargo, hay opciones de redistribuir la riqueza, no sólo por una opción de justicia social, sino de eficacia económica. Hay que canalizar los recursos europeos para cambiar una estructura productiva en nuestro país que es deficiente, que favorece el rentismo y los peores proyectos empresariales. Esto necesita un modelo laboral distinto, donde los trabajadores estén mucho más empoderados en las empresas, donde haya más democracia en las relaciones laborales, donde haya auténticas políticas industriales y de desarrollo sectorial.

Estamos por primera vez en disposición de acometer políticas de desarrollo sectorial y políticas industriales en un país que ha quedado subalterno en la distribución de las cadenas de valor en el mundo. Estamos en un momento histórico donde las organizaciones sindicales tenemos que jugar un papel muy determinante. La clase trabajadora cuando se organiza es un factor determinante en la evolución de las realidades políticas, más allá de un proceso electoral y de una coyuntura política. Es una cuestión estratégica. Os hago un llamamiento a que compartamos las calles y llamemos a recomponer esa agenda social, a reconfigurar un marco de derechos laborales y sociales en España, de una fiscalidad más justa y la necesidad de tapar la llegada de la reacción, ese neofascismo que amenaza con los colmillos en lo más profundo del monte.

ENRIQUE SANTIAGO, SECRETARIO GENERAL DEL PCE

El 1º de Mayo es el día de los trabajadores, uno de los pocos reconocimientos a esa clase obrera que en estos momentos de tan dura crisis social, laboral y sanitaria, ha demostrado claramente que es el escudo protector que nos garantiza la seguridad humana, no sólo en este país, sino a todos los pueblos del mundo.

Vamos iniciando un camino de la recuperación, por lo menos, para salir de la crisis sanitaria, y eso hará que podamos comenzar una recuperación económica y social, pero también es un momento sin igual para que aprovechemos para cambiar cosas importantes de este país. Para que nunca más al encontrarnos en una situación como ésta nos demos cuenta de que no teníamos la debida protección, que no era el inmenso gasto en defensa o en cuerpos de seguridad. La debida protección habría sido contar con un gran sistema de protección social y haber garantizado los derechos a los trabajadores de este país. Eso lo hemos aprendido ya, y es lo primero en lo que tenemos que empeñarnos desde este gobierno de coalición de izquierdas que tuvo la buena suerte de poder constituirse a principios de 2020, pero tuvo la mala suerte de coincidir su constitución con una de las peores crisis que ha padecido el mundo. Sin embargo, este gobierno fue imprescindible para abordar esta crisis de otra forma y evitar el dolor y las trágicas consecuencias de las anteriores crisis.

Es justo mencionar a los trabajadores de sectores poco reconocidos que son los que han constituido la protección de nuestro país y de nuestra sociedad: Me refiero a los trabajadores sanitarios, muchos de ellos con contratos precarios y mal pagados, pero me refiero también a la clase trabajadora que ha estado en la primera línea de combate a la pandemia, como las trabajadoras de la limpieza, las trabajadoras de los supermercados, del transporte, de la logística, de los cuidados, que ha quedado de manifiesto el poco reconocimiento que esta sociedad les otorgaba.

Ellos han garantizado la mínima seguridad en este país y tenemos que estar eternamente agradecidos. También es imprescindible recordar la importancia de que esos trabajadores estuvieran organizados en sindicatos de clase, que han sido claves durante la pandemia. Han sido los comités de empresa de medianas y pequeñas empresas los que, en coordinación con las direcciones sindicales y el gobierno de coalición, han cambiado las líneas de producción para producir, por ejemplo, equipos de protección individual, geles hidroalcohólicos o respiradores. La clase obrera organizada ha vuelto a dar una inmensa lección de lo imprescindible que es para articular nuestra sociedad, para garantizar el bienestar y hacer que nuestro país avance.

Quiero resaltar el esfuerzo del Gobierno de coalición con medidas del escudo social para evitar desahucios, prorrogar los contratos de alquiler, para garantizar los suministros energéticos en los momentos más difíciles a las personas en riesgo de exclusión, también ayudas a trabajadores autónomos, a pequeñas empresas, las prórrogas a las prestaciones por desempleo, prestaciones extraordinarias y, por fin, la puesta en marcha -aunque todavía imperfecto- del ingreso mínimo vital; y los ERTES, que han garantizado millones de puestos de trabajo y que todavía hoy están permitiendo que se mantengan un millón de puestos de trabajo. Hemos hecho más cosas. Hemos aprobado unos presupuestos generales del Estado expansivos por primera vez en muchos años, para iniciar esa recuperación que, como ya se ha dicho, es imprescindible que descanse sobre un incremento del gasto público. Si no hay en este momento un aumento del gasto público no va a crearse empleo, no vamos a despegar de la crisis económica. Y eso lo dicen las medianas y grandes empresas de este país, que abrazan el sistema capitalista. En este momento la supervivencia del sistema económico depende del empuje del sector público, y para eso hay que contribuir, hay que redistribuir la riqueza y es necesario acometer la reforma fiscal y la reforma laboral.

La reforma laboral no solo es de justicia, al igual que recuperar las libertades públicas cercenadas durante los gobiernos de la derecha, acabar con la ley de seguridad ciudadana o recuperar libertades públicas cercenadas por la reforma del Código Penal. Ya hemos derogado el artículo 315 del Código Penal que penalizaba el ejercicio del derecho de huelga, convertido en un delito por las reformas de la derecha. Pero es que es de justicia social corresponder a los héroes del covid con la reforma laboral. Es una obligación ética de este país.

En un país como España, donde tanto presumimos de estar entre las principales economías del mundo, no hay justificación para que todo el mundo no pueda vivir dignamente a través de su trabajo, de repartir el trabajo y de crear mucho más empleo. Por eso, nuestra ministra Yolanda Díaz no solamente impulsa la reforma laboral, que esperamos que en breve pueda ponerse en marcha, sino que también se está reformando las políticas activas de empleo para reducir al máximo el desempleo juvenil.

Tenemos una ocasión histórica para abordar la reconstrucción de nuestro país desde otras bases. El programa de reconstrucción europea se apoya sobre la transición ecológica, sobre la digitalización, sobre el fortalecimiento de los servicios públicos y sobre el desarrollo de la biotecnología. Estas líneas de expansión de la economía suponen un incremento de la inversión en investigación, innovación y formación de la clase trabajadora. Necesitamos una clase trabajadora formada que sea capaz de poner en marcha una industria de nuevo tipo. Un país sin industria es un país sin soberanía, que no puede defenderse ante las adversidades. La recuperación de la industria es una cuestión en estos momentos de seguridad nacional; es el futuro de nuestros hijos y tenemos los recursos para ello.

El programa de reconstrucción europea no puede ser el reparto de fondos para subvencionar programas aislados de empresas o de quien fuere. El PCE y todo el espacio político de Unidas Podemos vamos a trabajar para poner en marcha un programa de reindustrialización que se apoya fundamentalmente en los sindicatos y en los empresarios de este país que apuestan por la de la dignidad de su pueblo y por garantizar condiciones de vida dignas. Esos empresarios saben que la deslocalización y la presión de los grandes monopolios amenazan también su supervivencia, no solamente las condiciones de vida de los trabajadores. El Estado y todas las administraciones locales y autonómicas tienen que sumarse y contribuir a poner en marcha esa nueva estructura industrial tecnológica de transición ecológica que garantice la dignidad de nuestro pueblo.

Es porque tenemos estas oportunidades y estos retos que nos encontramos que las oligarquías de este país han vuelto a echar mano de su arma predilecta en momentos en los que ven peligrar sus privilegios: el fascismo, ese neofranquismo, esa ultraderecha que vemos cada día más apoyada desde sectores económicos que no están dispuestos a perder sus privilegios. Nuestras propuestas ponen en riesgo la acumulación de riqueza de la que han venido disfrutando. Frente a eso, la receta es levantar una inmensa barrera democrática, un amplio bloque de todos los demócratas de este país para garantizar la democracia y la totalidad de los derechos humanos a todas las personas que viven en España. Solamente garantizando todos los derechos humanos será posible llegar a una sociedad donde haya plena justicia social; lo más parecido al socialismo por el que viene luchando el movimiento obrero desde que empezó a existir.

Para garantizar el avance de ese bloque democrático que hoy es la principal barrera para detener al fascismo y para garantizar el disfrute de los derechos y la mejora en las condiciones de vida es imprescindible la organización de los trabajadores en sindicatos de clase junto a las fuerzas políticas de izquierda. No va a ser solamente este gobierno el que pueda llevar adelante estas medidas, sino que los trabajadores de este país tienen que estar movilizados y exigiendo a este gobierno para que cumpla su programa. Como dice el lema conjunto de CCOO y UGT para este 1º de Mayo: “Ahora toca cumplir”. Llenemos las calles de dignidad.

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