Un español en Alemania

El chivo expiatorio

José Mateos Mariscal. Wuppertal / Alemania 02/05/2021

Hoy en día, el extranjero, el inmigrante, representa, por varias razones, el chivo expiatorio ideal. Primero porque la desintegración del contrato social —fruto de la globalización anárquica actual— desagrega los principales pilares que equilibran la sociedad, agudiza la brecha de desigualdad y acentúa la competición entre los más necesitados, creando así mecanismos conflictivos de deseos miméticos. En esta competición, los inmigrantes están desde el principio en situación de desventaja por venir de fuera. De ahí la segunda razón: la “no pertenencia” del inmigrante a la nación donde vive. Es un outsider percibido como un elemento exterior, ilegítimo, y por esto el trueno del estigma puede fácilmente caer sobre nosotros. En tercer lugar, al competir se acaba por cambiar nuestra propia identidad. Aflora entonces la justificación de la violencia, al alegar que se trata de evitar la alteración de la identidad original, el racismo instintivo. Las pulsiones violentas, incentivadas a menudo por los demagogos políticos, se reciclan como medidas de protección frente a la “amenaza” de los inmigrantes, incluso los “legales” que en el imaginario resultan también ilegítimos.

En el rechazo aparecen siempre huellas del pasado mezcladas con fantasmas modernos, temores que no han sido atajados por la cultura civilizada. Se pueden detectar en las burlas, en el humor, en la descripción misma de los acontecimientos diarios. Las consecuencias son innumerables, tanto para las víctimas como para la propia sociedad. Para quienes lo sufren, la vida es una batalla diaria que nos enfrenta a una constante mirada despectiva. Para la sociedad es aún más grave porque debilita el Estado de derecho y emascula culturalmente nuestra identidad.

El choque de la crisis del euro, atribuida a la prodigalidad de los países europeos del Sur, la crisis larvaria de integración de los alemanes del Este, el aumento de la pobreza (más de diez millones ocultos en la próspera Alemania) y la llegada de los refugiados. Estos son los componentes inflamables que Alternativa para Alemania (AfD) utilizó sin escrúpulos, cargando primero contra Europa y ahora haciendo hincapié en el rechazo a los inmigrantes en general y a los musulmanes en particular.

Los estereotipos existen en todas las sociedades

Pueden parecer inofensivos pero en realidad producen un daño real en la vida de las personas que los padecen. Las ideas simplistas y engañosas sobre los migrantes tienen el potencial de restringir las oportunidades y los servicios disponibles.

Un estereotipo se refiere a una imagen o idea común pero demasiado simple sobre una persona o categoría social, como la raza, el origen étnico, el género o la religión, entre otros. A menudo son utilizados por un grupo para posicionarse como superior a otro. Muchas personas migrantes sufren los efectos negativos de los estereotipos, particularmente cuando se combinan varios tipos de discriminación, por ejemplo como resultado tanto de su género como de su estatus migratorio. La xenofobia se perpetúa con frecuencia a través de estereotipos que reducen a los individuos complejos a imágenes generalizadas y despectivas. Estas ideas pueden usarse para justificar la discriminación, la violencia y otras formas de maltrato.

La pulsión de defensa de una sociedad conduce a la búsqueda de un chivo expiatorio. Es hora de romper la perversa dinámica contra quienes vienen de fuera y de frenar la explotación de los temores que suscitan.

Cuando lo que motiva la inmigración es la búsqueda deliberada de un futuro más promisorio o incluso la supervivencia, el lugar de origen puede representar un peso con el que los hijos de los inmigrantes, sean nacidos en el lugar de destino o arribados de pequeños junto a sus padres, han de cargar si su condición de ‘oriundos de’ pudiera atentar contra su efectiva integración en el nuevo lugar.

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