1º de Mayo y mujeres trabajadorasSobre cómo la no corresponsabilidad afecta a nuestra vida laboral y vital La conjunción entre capitalismo y patriarcado da lugar a la subordinación de las mujeres, tanto en la esfera mercantil como doméstica

Yolanda Rodríguez González. Responsable de convergencia y unidad popular del CC del PCE 03/05/2021

La actual crisis sanitaria y económica provocada por la COVID está agudizando los problemas estructurales del mercado laboral, las mujeres lideran la situación de precariedad según recoge el informe anual de CCOO con relación a su situación laboral y la brecha salarial.

Según datos de 2019, antes de la pandemia, las mujeres solicitaron el 92% de las excedencias por cuidados de menores y el 81,70% por cuidados familiares, parecía difícil superar estos desequilibrios, pero la pandemia lo ha hecho. El desmoronamiento del frágil sistema de cuidados existente en nuestro país agudizó estos datos, que como números pueden resultar fríos pero es el exponente de la vida de la mayoría de las mujeres trabajadoras, que son quienes sufren de manera brutal la crisis a costa de su trayectoria profesionales y de su salud.

La otra cara del teletrabajo

Una actividad sobre la que se puso el foco durante la pandemia fue el trabajo a distancia o teletrabajo. Parecía que solucionaba los problemas del confinamiento, facilitando el cuidado a menores y dependientes y el cierre de escuelas, en cambio las mujeres lo vivimos como una trampa mortal con una doble o triple carga sobre sus espaldas. La realidad de nuestro país era que sólo un 4% de los convenios lo regulaban, y únicamente el 25% de los empleos podían implementar el teletrabajo; donde no se podía acceder a esa forma de trabajo la solución fue reducción de jornada, vacaciones, excedencias no remuneradas y mayoritariamente fuimos las mujeres quienes cargamos sobre nuestras espaldas toda esta sobreexplotación.

Sin corresponsabilidad no hay conciliación

Se pretende presentar el teletrabajo como forma o fórmula que permite la conciliación laboral, cuando la conciliación sin corresponsabilidad es una trampa, hay que repartir de forma equilibrada la carga de cuidados entre mujeres y hombres.

La falta de corresponsabilidad debe de ser abordada como un problema público. En un sistema basado en el cuidado gratuito y a cargo de las mujeres, son las mujeres quienes estamos salvando la crisis a costa de la sobrecarga de compatibilizar empleo, educación, tareas domésticas y cuidados.

Señalamos positivamente todas las medidas adoptadas tanto por el Ministerio de Trabajo como por el Ministerio de Igualdad, tendentes a reducir brecha salarial, fomentar trabajos de igual valor, atención a menores, y programas de cuidados; marcan el camino pero necesitan de actuaciones estructurales. Aunque la ley contempla medidas de conciliación que pueden usarse por hombres y mujeres, en la práctica han sido las mujeres quienes pidieron reducción de jornada y son percibidas por las empresas como menos comprometidas con el trabajo.

Durante la pandemia también se vio cómo las mujeres que trabajaban desde casa tuvieron un 29% más de responsabilidad de cuidados que los hombres, nada de conciliación, mucho de trampa y sobrecarga de trabajo.

En seis meses de pandemia, se retrocedió tres años en empleo femenino, las mujeres tenemos más posibilidades de perder empleo y de multiplicar la responsabilidad en el hogar.

La conjunción entre capitalismo y patriarcado da lugar a la subordinación de las mujeres, tanto en la esfera mercantil como doméstica. El sistema de reproducción es un componente básico del sistema económico, por lo tanto, es necesario no abordarlo como una cuestión marginal.

Existe una clara relación entre producción y reproducción, y sin analizar esa relación no se podría comprender el impacto y la participación de las mujeres en el trabajo asalariado, la tasa de actividad, tiempo de trabajo en sus distintas facetas (jornada completa o parcial, horarios, turnos etc.) Los elementos vinculados a la reproducción y producción resultan inseparables y forman parte de una globalidad y se refuerzan mutuamente.

Nuevas formas de trabajo para una vieja desigualdad

Las nuevas modalidades de contratación y la reforma laboral que las permitió, no son más que una expresión de la reorganización del contrato social de género entre hombres y mujeres; como trabajadoras nos va la vida en denunciar e impugnar ese contrato, que permita abordar las propuestas y salidas de una manera estructural.

Somos las mujeres trabajadoras las que padecemos en mayor medida la consecuencia de subordinación que nos relega a una peor posición en el mercado laboral, a la vez que somos las que soportamos la mayor carga total del trabajo por tener que asumir el trabajo domestico y familiar casi en exclusiva.

Producción y reproducción recorren la vida de todas las trabajadoras, por eso es vital poner en marcha políticas públicas que impulsen una nueva cultura del tiempo; la solución no pasa porque las mujeres trabajen menos para cuidar, y por lo tanto perciban menos salarios, sino en trabajar menos para trabajar todas y todos. Cuando el movimiento obrero a principios del siglo XX reivindica la jornada de 8 horas: 8 de trabajo, 8 de descanso y 8 de ocio, lo hacia desde una visión tremendamente masculina, y que ocultaba la cantidad de horas que las mujeres destinaban y destinan a tareas domésticas y de cuidados. Racionalizar las horas de trabajo que permitan la corresponsabilidad personal y familiar, al margen del tipo de familia.

A las mujeres trabajadoras nos interesa de manera especial construir el camino de los cuidados y la reproducción de la vida no solo como una declaración de intenciones o una cuestión ética. El sistema estatal de cuidados como palanca que articule el eje político que identifica todas las grietas del sistema y que, desde una visión pública, señala los caminos de lo público y de lo común. Un mundo vivible para las trabajadoras donde se pongan en marcha políticas públicas que impulsen una nueva cultura del tiempo, la corresponsabilidad y la racionalización de los horarios desde una perspectiva de género.

Como mujeres trabajadoras, nuestra lucha es doble, combatimos al capitalismo y al patriarcado, pero también señalamos que esa no es sólo la lucha de las mujeres, deberá serlo de toda la clase trabajadora. Todas las personas tienen derecho a reclamar el “buen vivir” pero este no puede seguir siendo a costa de la vida de las mujeres trabajadoras.

Viva el 1º de mayo.

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