Ni dios ni amo

Fascismo

Benito Rabal 03/05/2021

Mi nada estimada Isabel Díaz Ayuso: En el momento que escribo estas líneas no tengo ni idea qué pasará con las elecciones en la Comunidad de Madrid que usted, a juicio de muchos, ha convocado de manera inconsciente. Está de más decirle quien me gustaría que las ganara, imagino que ya sabe mis preferencias, pero no tanto porque crea en el sistema de la democracia burguesa, sino porque, los problemas del día a día, la vida cotidiana, tendrán mejor solución si no lo hacen sus propuestas, más propias de un eructo surgido tras una noche de fiesta pasada en la caverna, que de otra cosa.

Sin embargo, debo reconocerle su mérito. Bueno, el suyo y el de sus asesores, entre los que se cuenta Miguel Ángel Rodríguez, defensor a ultranza de la conducción alcohólica al igual que su mentor, el criminal José María Aznar, con lo cual no es de extrañar que la idea estrella de su campaña haya sido la de tomar cañas, eso sí, a la madrileña, detalle que espero algún día me explique en qué consiste.

Decía que le reconozco su mérito y ese no es otro que el de conocer a fondo los estragos que siglos de incultura, fomentada por sus maestros y compinches, han causado en el cerebro de la ciudadanía. No hay otra explicación para tanto apoyo. Usted ha sabido reivindicar como nadie el slogan con el que el pueblo de Madrid se negó a aceptar el progreso que suponía la Ilustración Francesa al grito de “¡Vivan las Cadenas!”, cambiándolo astutamente por el de “¡Comunismo o Libertad!”. Claro que, una cosa es que le reconozca el mérito y otra muy distinta, que se me crezca, porque, al fin y al cabo, esa fue la bandera que enarboló Hitler hace ya unos cuantos años. Así que, de original, nada. Igual que su chulería, que es como un remake barato de la que ejerció su querida Esperanza Aguirre, la cual a su vez la copió de José Antonio Primo de Rivera, Isabel II y su descendiente Alfonso XIII. Claro que ya sabe usted cómo y dónde acabaron dichos personajes.

Su éxito, porque haya pasado lo que haya pasado, no puede negársele, se sustenta en el olvido de la historia, en considerarla algo que pertenece al pasado y no al presente. El problema viene de lejos. Uno permite que se olvide la historia y la historia te abofetea a la primera de cambio. Usted se presenta como de derechas, pero mucho, a la vez que como fascista, pero poco. Y amparada en esa suerte de amnesia interesada con la que esta Transición que no acaba de transitar ha contaminado la mente de tantos compatriotas, oculta su práctica e ideología falangista, que más nos valdría recordar que es la manera de llamar en nuestro país tanto al Fascismo de Mussolini, como al Nazismo de Hitler.

Así que, una vez que ya ha engatusado al personal, se haya alzado o no con la victoria, le recomendaría que se dejase de medias tintas y se empeñara a fondo en ser coherente con su mensaje.
Ya que para usted el comunismo es una amenaza mayor que las siete plagas de Egipto, tendrá que asumir trabajar de sol a sol en vez de las ocho horas legisladas; no tener vacaciones; que sus hijos crezcan dejándose la vida en lúgubres fábricas; no poder divorciarse; tampoco abortar, ni practicar el sexo de la manera que le plazca; aguantar las palizas de su pareja si es que a ésta le viene en ganas; morirse en la calle si no disfruta de una cuantiosa herencia, porque solo podrá usar la sanidad de estricto pago; olvidarse de disfrutar de la cultura que la censura le conceda; mantener a sus descendientes en la ignorancia si es que no dispone de medios para la escuela privada; ir a la guerra como carne de cañón; y cuando su cuerpo ya no le de para más trabajo, tendrá que pedir en la puerta de la Iglesia, porque entiendo que no querrá ser una mantenida.

Y se lo digo porque todos esos logros los han conseguido la lucha de los comunistas, ya sean libertarios, bolcheviques, troskistas, espartaquistas o seguidores del Gran Timonel, en definitiva, quienes han creído y creemos en una sociedad sin clases ni privilegios, justa e igualitaria.

Deseándole que nunca tenga que vivir en un mundo como el que propone, me despido de usted con un cordial hasta nunca.

P.D.- Lo de la libertad, si acaso, ya se lo explico en otro momento.

Publicado en el Nº 344 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2021

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