DOCUMENTOS PARA UN CENTENARIO PCE (1921-2021)Llamamiento del PCE por la Unión Nacional, septiembre de 1942

Santiago Vega Sombría 04/05/2021

Presentación del documento nº 24

A finales de junio de 1942 Hitler inició la “Operación Azul”, segunda fase de la “Operación Barbarroja” que había sido frenada en Leningrado y Moscú. En ese verano de 1942 la poderosa Wehrmacht avanzaba -no tan rápidamente como en las campañas de Europa occidental- hacia el Cáucaso en busca de los pozos de petróleo soviéticos y hacia Stalingrado por el valor simbólico de conquistar la “ciudad de Stalin”. La situación bélica aún no era tan favorable al Ejército Rojo como la veía el habitual optimismo del PCE a la hora de lanzar la propuesta de Unión Nacional. Se trataba de una secuencia lógica de la iniciativa del año anterior ante la invasión de la URSS (doc. 23) en la que se planteaba un nuevo frente popular de todas las fuerzas antifascistas en el escenario internacional contra Hitler y el nacional frente a Franco. El llamamiento se dirigía a socialistas, cenetistas, republicanos y fuerzas conservadoras desengañadas de la dictadura. Heriberto Quiñones -responsable del PCE del interior- envió el proyecto en 1941 a la dirección de Méjico. Allí se crearía en febrero de 1942 la Unión Democrática Española, promovida por el PCE e integrada por el sector negrinista del PSOE y los republicanos leales al gobierno legítimo contra el que se había alzado el coronel Casado en marzo de 1939.

La Unión Nacional debía estructurarse orgánicamente tanto en el interior como en el exilio. Obviamente, las expectativas comunistas superaban la realidad de la España franquista de 1942, que todavía fusilaba por centenares, con decenas de miles de presos, otros tantos expulsados de su puesto de trabajo y/o procesados por las leyes especiales: de Responsabilidades Políticas (1939), de Represión de la Masonería y del Comunismo (1940) y para la Seguridad del Estado (1941).

La apuesta política de unir distintas fuerzas políticas debía desarrollarse de forma paralela al incremento de la actividad guerrillera surgida durante la guerra civil, tanto por las unidades encuadradas en el Ejército Popular como por los huidos a medida que avanzaban los sublevados. A partir de 1939 vivió un incremento importante con grupos de combatientes que no se resignaron a la derrota, a los que se añadían los numerosos fugados de cárceles y campos de concentración. Para el PCE la IIGM era una continuación de la Guerra de España. Se debe recordar el “resistir es vencer” de Juan Negrín -sustentado por los comunistas- que pretendía enlazar nuestra guerra con el inminente conflicto europeo. De esta manera, cuando éste se resolviera, el destino de España estaría ligado al del resto de Europa. La estrategia guerrillera se veía imprescindible en la lucha antifascista pues obligaba a las fuerzas invasoras a mantener contingentes militares en distintas zonas de retaguardia y los invalidaba para los frentes de batalla. Así ocurría de forma destacada en Italia, Yugoslavia, Francia y Grecia donde los partisanos comunistas eran hegemónicos contra la ocupación nazi. En el caso de nuestro país vecino, destacaba el protagonismo especial de los maquis exiliados a través de la Agrupación de Guerrilleros Españoles encuadrados en la Resistencia.

El otro campo de acción necesario contra el franquismo era la campaña de oposición a la colaboración con los nazis. Se había iniciado con el boicot a la formación de la División Azul, en julio de 1941, con el lema: “Ni un hombre, ni un arma, ni un grano de trigo para Hitler”. La tarea en el interior era la más difícil de realizar, pues en el marco de la represión más brutal, se pedía -como en el resto de países ocupados por los nazis- el sabotaje de los obreros e industriales, comerciantes y propietarios en la agricultura, en los ferrocarriles y en las fábricas de armas o de cualquier otro suministro para el régimen o para Alemania. Los sabotajes no se verían como atentados, sino como acciones de protesta popular. Es importante comprender que en el análisis del PCE España era como cualquier otro país ocupado por los nazis. Por ello creía ilusamente que incluso oficiales y soldados se negarían a reprimir el pueblo y estallaría una “guerra sagrada” en defensa de las libertades. Entretanto, Franco se sentía tan fuerte que acababa de destituir a su cuñadísimo Serrano Suñer de todos sus cargos.
El objetivo último de la iniciativa comunista era, cómo no, echar al dictador y formar un gobierno de Unión Nacional que restablecería los derechos y libertades políticas y sindicales, marco necesario -con la liberación de los presos y el retorno de los exiliados- para la convocatoria de elecciones a una asamblea constituyente. Es significativa esta última propuesta de elaboración de una nueva constitución para abrir todo el espectro político hacia la derecha desilusionada con la dictadura.

Las palabras finales son un tributo a José Díaz, fallecido en marzo en Tiflis y sustituido en la secretaría general por Dolores Ibárruri. Pronunciadas en 1938, en ellas abogaba precisamente por la “Unión Nacional frente a los invasores de España” y destacaba el carácter internacional de nuestra guerra.

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