Qué industria tenemos y qué vamos a hacer con ella Que la transformación verde de la industria no nos conduzca al paro, la miseria y la precariedad para los trabajadores

Víctor Sergio Benedico Güell. Secretario Político del Núcleo de Industria del PCE en Aragón 07/05/2021

Desde hace unos meses, un grupo de camaradas del PCE en Aragón hemos estado dándole vueltas al problema de la industria en nuestra región y estamos preparando una campaña sobre el tema. No se nos ha ocurrido gracias a nuestra originalidad sino porque en el debate público se puede encontrar interés y preocupación por el tema. Sin duda la falta de respiradores, mascarillas y más recientemente vacunas ha hecho salir a la sociedad de su ensimismamiento, a lo que se le añaden los importantes conflictos por la pérdida de decenas de puestos de trabajo. Se está demostrando lo que muchos y muchas llevamos tiempo pensando: este modelo terciarizador y precario, basado en el turismo, los servicios, los bares y las tiendas, es frágil y no tiene futuro.

En los documentos del XX Congreso del PCE se definía Aragón como una región de monocultivo industrial y agroexportador. Sin duda la importancia de la industria automovilística en el Valle del Ebro es conocida en el conjunto del país y en los barrios de Zaragoza se tiene muy presente que la GM, la OPEL o la PSA, denominaciones que hacen referencia a la factoría de Figueruelas que genera 6.000 empleos directos, dan de comer. Frente a un 14% de PIB y de empleo que genera la industria en España, en Aragón es del 19% y del 20% respectivamente.

Después de décadas de utopía tecnológica, en la que parecía que las trabajadoras manuales iban a desaparecer y hasta parecía grosero hacer referencia a ello en el mundo mediático e intelectual, esta idea poco a poco va cambiando debido a la crisis social y sanitaria. Nos preocupa que mientras empieza a calar la idea de que la industria es esencial en nuestra región lo que veamos sea lo contrario. Muchos son los ejemplos una vez superada la crisis de 2008. Megasider, 120 despidos. Future Pipe, 116 despidos. Schindler, 119 despidos. Alumalsa, 180 despidos. Y el cierre de la térmica de Andorra con su impacto sobre la comarca. Hay más de un centenar de despidos planteados en FerroAtlántica en Monzón.

Pero vamos a afinar el análisis. No solo son los despidos lo preocupante en el sector. Frente a una visión idílica e idealizada del sector industrial, y frente a que objetivamente tenga unas mejores condiciones que otros sectores, está siendo precarizado. La temporalidad es una constante. Como ejemplo valga que, después de camarero, el contrato más firmado es de operario industrial y esto no quiere decir que se esté agrandando el sector sino que la temporalidad es muy notable. También es algo patente que es la juventud quien rellena estos contratos.

Otro de los grandes hachazos a las condiciones de los trabajadores de Aragón ha sido el último convenio de PSA. Un convenio firmado a la baja, con presiones brutales a la plantilla, amenazándola con el cierre, y con llamadas del mismísimo presidente de Aragón, Javier Lamban, a los representantes sindicales para que hicieran campaña por el Sí. El resultado fue muy apretado y se dice que los propios delegados sindicales fueron a las mesas al turno de mañana porque en el turno de noche, el que primero empezó a votar, estaba ganando el No. El resultado es una planta con un convenio muy por debajo del anterior, con tres escalas salariales (en el mismo puesto de trabajo tres trabajadores pueden estar cobrando tres salarios distintos con la misma categoría) y con los sábados metidos como día laborables. Si destacamos este caso es por el peso que tiene el convenio de PSA para arrastrar las condiciones de trabajo de todo el sector del automóvil (más de 20.000 trabajadores) y también de gran parte de la clase trabajadora de la región. Ya se sabe, oferta y demanda en el mercado laboral.

No toda la industria está desapareciendo. La logística y el sector de la carne, los macromataderos, están creciendo. Pero la apuesta por estos dos modelos tiene sus inconvenientes. Por un lado la logística está ligada al enorme aumento de las mercancías, de la producción descontrolada para vender más y obtener mayores beneficios. Es una consecuencia directa del capitalismo acelerado que no puede parar. De todas formas, es un sector en desarrollo muy relacionado con la industria, por lo obvio y por las condiciones similares de grandes centros de trabajo. Sin duda la sociedad deberá analizar y criticar para bien y para mal el desarrollo que este sector está teniendo en Aragón, especialmente en Zaragoza. De momento aterrizado sobre la corrupción del caso PLAZA.

Por otro lado el sector cárnico está cobrando una gran importancia en zonas rurales y viene acompañado de una gran precariedad, inestabilidad y explotación sobre los trabajadores. La mayoría de estos trabajadores son personas migrantes, muchas con condiciones de falsos autónomos, sometidas a una gran intensidad psicológica y física en el trabajo. Además el sector de la carne se está vendiendo como una de las soluciones para el desarrollo rural, obviando las condiciones sociales que acarrea por su modelo de explotación laboral y los graves problemas ecológicos ligados a las emisiones de CO2 y problemas de purines para las aguas de las zonas afectadas. Debemos frenar la despoblación, sí, pero no a cualquier costo.

Sin embargo, no defendemos la industria desde una posición idealizada del obrero de mono azul que hará inevitablemente la revolución. Los que venimos del mundo industrial sabemos cuán alejada está esta visión de la realidad. Lo que sí podemos afirmar es que nos estamos dando cuenta de que los territorios más industrializados han soportado mejor la crisis de la pandemia y en general los territorios más industrializados son los que menores tasas de paro y mayores salarios medios tienen. Y esto no es una casualidad, el mayor valor añadido que genera la industria, aunque pueda variar bastante por sectores, da un mayor margen de maniobra a la negociación sindical. No nos engañemos, hay mejores condiciones porque se arrastran las victorias y el nivel de sindicalización de los 70s y 80s.

Que la transformación verde no nos conduzca al paro y a la precariedad

En un futuro lleno de incertidumbre en el que previsiblemente se den guerras económicas entre las grandes potencias por el reparto de los mercados, preferimos que los bienes importantes se fabriquen en casa. Y no solo estamos hablando de materiales esenciales en el mundo actual: acero, aluminio (recordemos que está pasando con ALCOA), componentes electrónicos, elementos químicos, productos agroindustriales... Y se podrían citar otros muchos que son esenciales para la vida cotidiana y que no pueden depender de la voluntad del mercado, es decir, de la voluntad de los grandes capitales.

Mientras se retocaba este artículo, la planta de PSA está parada por falta de chips. Además en el sector industrial faltan materiales, esencialmente acero, aluminio y plástico cuyo principal proveedor es China. Hasta desde la patronal se reconoce que el problema del aluminio viene derivado del cierre de ALCOA.

Mención aparte merece la energía. Siendo claros, concisos, breves y yendo al grano, si queremos un país soberano, que pueda realizar políticas favorables para la mayoría social, necesitamos tener soberanía energética. Y si queremos un futuro como clase y como especie, necesitamos una transformación verde. Ahora bien, que no se nos olvide lo que sucedió en este país la última vez que hubo una gran trasformación industrial, llamada reconversión y que más bien fue una desindustrialización. Que la transformación verde de la industria no nos conduzca al paro, la miseria y la precariedad para los trabajadores.

Otro de los grandes problemas a los que nos enfrentamos como región, también como país, es la despoblación rural. Frente a soluciones que plantean otros problemas como la industria de macromataderos, debemos plantear una distribución planificada desde el Estado de la industria que se expanda de una forma equilibrada y decididamente sobre el territorio. Solo con una reindustrialización podremos parar la sangría poblacional en el medio rural.

Y sin duda todos estos cambios, la modernización y las variaciones necesarias, no serán posibles sin el papel activo de los trabajadores a través del Estado y de una gestión democrática y pública de las cuestiones estratégicas para el país, como el desarrollo industrial y la energía. Y también a través de un sindicalismo activo y combativo. No nos servirá de nada a nuestra clase que se realice una robotización y modernización de carácter ecológico si esta cae sobre las espaldas de la clase obrera, es decir, si se reduce el sueldo, si se precarizan los calendarios y aumentan las jornadas. Por ello, la primera e inmediata tarea para lograr los objetivos que aquí se marcan es la mayor organización de los trabajadores y del movimiento obrero en su conjunto, o sea, de las asambleas de trabajadores, de los sindicatos y del partido de la clase trabajadora, nuestro partido. Si no conseguimos reforzar las estructuras de clase para que se realice una transición justa, no lo será. Los beneficios irán a parar a manos privadas, seguirán los desequilibrios territoriales y el capital seguirá encontrando grietas para mantener el beneficio a costa de la salud del planeta. También se perpetuán las problemáticas ya existentes. A nadie se le escapa que la industria es un sector mayoritariamente masculino y masculinizado. Y el sindicalismo y los y las comunistas tenemos nuestro papel especial que jugar en este tema. Tampoco nos olvidamos del debate público necesario en torno a la inserción de los jóvenes en el mundo laboral. ¿Será a través de una FP dual, con prácticas o sin prácticas, remuneradas o no?

Desde el núcleo de industria del PCE-Aragón hacemos un llamamiento al conjunto de la clase trabajadora aragonesa para que comprenda que esta no es una problemática del sector sino que es una prioridad para toda la clase y para el conjunto del país. Al resto de camaradas y amigos que hayan leído y compartan estas reflexiones les invitamos a que se pongan manos a la obra en el sindicato, en el centro de trabajo y en el partido para debatir las cuestiones estratégicas e importantes y que nuestras preocupaciones se antepongan a las noticias y debates superfluos y vacuos. Y que nuestras tareas vayan dirigidas a la raíz de los problemas con la precisión resultante de un correcto, firme y meditado análisis.

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