En el mundo cada vez hay más asalariados y cada vez se habla menos de ellosEl fenómeno de la clase media y la derrota de la clase obrera

Mateo Canchado Gourhand 11/05/2021

El principal peligro del actual capitalismo globalizado es la exigencia de una moral individualista a costa de la desaparición de aquella conciencia de clase que en épocas no tan lejanas construyó el sentimiento enorgullecedor de pertenecer a la clase obrera, requisito previo a todas las conquistas sociales.

Las leyes que sustentan los fundamentos de este sistema (entre ellas la plusvalía, el trabajo asalariado o la alienación socio-económica) siguen siendo las mismas pero las circunstancias apenas se asemejan. El obrerismo que tantas veces encabezó movimientos en favor de una sociedad igualitaria y democrática para la mayoría, hoy se encuentra sumido en una contradicción interna: la pertenencia a la ‘clase media’. El desprestigio que sufre la clase obrera en la actualidad ha colaborado a generar disparidad entre los propios miembros de la misma. “Divide y vencerás” dice el proverbio. Los falsos referentes de la clase obrera (no solo personalidades sino también ideas como el fetiche del progreso y el mito del ascenso social, así como el opio de la cultura del placer inherente al consumo masificado) son los que reproducen un modelo económico sustentado en la apropiación del trabajo ajeno convirtiendo a los trabajadores en meras mercancías mercantiles.

En el mundo cada vez hay más asalariados y cada vez se habla menos de ellos, ya que esta condición se achaca a características individuales más que a una sociedad organizada en favor de los privilegiados. Como dijo Carlos Bardem en la película Los lunes al sol, “aquí no dice por qué unos nacen cigarras y otros hormigas y tampoco que si naces cigarra estás jodido”.

¿Dónde se encuentra el obrerismo? Karl Marx analizó y profundizó en el origen de la riqueza y su distribución. Concluyó en lo siguiente: los beneficios están restringidos. Los trabajadores se encuentran muy ocupados enriqueciendo a los privilegiados a cambio de en muchos casos salarios insuficientes.

Problemas como el desempleo se consideran hoy una consecuencia del comportamiento individual, no como un fallo interno del sistema que se deba corregir, justificando así una sociedad profundamente desigual. Si no se atiende a las bases del sistema capitalista, este se organizará en favor de un número reducido de personas. Los mismos que prohíben la emancipación de las clases populares.

Actualmente -además de la antes expuesta clase media- se dan todas las condiciones para que la clase obrera se encuentre sumida en el derrotismo. Hemos escuchado miles de veces el mantra de “el momento es ahora” desde la aparición del 15 M y quizás por ello ese sentimiento derrotista está justificado, porque el ‘momento’ no llega ni hace atisbo de aparición. El cambio terminó siendo un simple ‘momento’ fugaz, incapaz de sustentar cambios estructurales. Un nuevo fracaso de nuestra lucha, con pequeñas victorias pero insustanciales. Al movimiento obrero le persigue el sello permanente de la derrota. Jugamos en un tablero bajo las reglas de otros y si se pierden los dados se nos dice que es culpa de “vivir por encima de nuestras posibilidades” y no porque el tablero está inclinado en favor de unas pocas piezas.

La derrota del socialismo real tiene aún secuelas en la izquierda (tanto definida como indefinida en términos de Gustavo Bueno) y la principal puede ser la incompleta asimilación de los errores propios actuales. No hablamos solo de la división sino de la exorcización continua de nuestros males. La clase obrera ha vivido transformaciones radicales en los últimos años y la izquierda posmoderna no está siendo capaz de aplicar nuevos movimientos políticos a estas transformaciones, hasta tal punto que muchos sectores no reconocen discursos que hablan en su nombre y en su defensa.

La superioridad moral de la izquierda no puede darse con los mismos sectores a los que tiene que elevar y concienciar. La izquierda debe proponerse un ejercicio de escucha y no para discriminar a un ‘obrero de derechas’ sino para analizar la alienación desde su raíz.

Los discursos dejaron de ser efectivos cuando no acarreaban soluciones. Por lo tanto, el descenso que hoy sufren todos los sectores de la izquierda quizás no está siendo producido tan solo por una desmovilización de sus votantes en la periferia sino por un descarrilamiento de la izquierda en su camino hacia una sociedad más justa.

La respuesta al “problema” de la izquierda está dentro de ella misma, busquemos las soluciones en los barrios, en nuestra gente, no en los marcos del sistema capitalista.

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