Memoria de un pueblo

Francisco José Segovia Ramos. Escritor granadino y funcionario 16/05/2021

Primero invadieron su país sin que nadie hiciera otra cosa que protestar con la boca pequeña o mirar para otra parte. Los invasores pisaron su tierra con soberbia y convencidos de ser una raza superior que merecía poseer los territorios que ocupaban mientras los expulsaban de ellos.

No contentos con ocupar gran parte de su país, ubicaron a los antiguos habitantes en zonas muy reducidas en donde estaban siempre vigilados y controlaban sus movimientos. Les dejaban pensar que eran libres cuando realmente estaban más encarcelados que nunca.

Sin embargo, y a pesar de las adversas circunstancias, los antiguos habitantes de las tierras invadidas persistieron en sus tradiciones, sobrevivieron con lo poco que tenían y aspiraban a una futura liberación por aquellos que hasta entonces los habían olvidado.

Pero sus conquistadores no se conformaron con dejarlos estar. Poco a poco, paso a paso, tomaron más tierras, los confinaron a menos territorio o, sencillamente, les disparaban y asesinaban con total impunidad a la más mínima provocación. A fin de cuentas, se ha dicho antes, esos invasores impávidos al dolor que provocaban no temían a nadie salvo a su Dios y sus líderes, a los que el pueblo había votado convencido de que los llevaría a un futuro mejor aunque fuese a costa del dolor ajeno.

Un buen día, el ensoberbecido conquistador quiso hacerse con el último espacio que aún poblaban los antiguos habitantes. Estos, advertidos del movimiento agresivo de sus enemigos, no tuvieron otra salida que enfrentarse a ellos: les iba el futuro, la vida y sobre todo la memoria. Pero mejor morir a perder la tierra propia.

Los primeros enfrentamientos entre invasores y conquistados se produjeron pronto, apenas los soldados enemigos pisaron las primeras casas que querían desalojar. Los habitantes se enfrentaron a ellos con lo poco que tenían: piedras, navajas y escasos fusiles. Les hicieron retroceder en un primer momento pero sabían que volverían con más saña y violencia que nunca.
Y así lo hicieron.

Volvieron con miles de soldados armados hasta los dientes, con tanques que derribaban barricadas y cañones que hundían edificios y con aviones que lanzaban sus bombas sobre los edificios, matando tanto a los pocos combatientes armados como a multitud de ancianos, mujeres y niños.

Ante tamaña diferencia de fuerzas solo podía haber un vencedor. Nada podían las navajas y las piedras contra el terrible armamento de un país poderoso. Nada podían los hombres hambrientos frente a las bien alimentadas tropas que se les enfrentaban. Nada podían las miradas de odio y frustración contra los negros pájaros que sobrevolaban sus casas y dejaban caer muerte indiscriminada.

Nadie hizo nada por ellos y, tras caer el último de los combatientes, los victoriosos invasores izaron su bandera sobre las ruinas de la batalla.
El mundo no hizo o no pudo hacer nada.

Los derrotados, agachada le cerviz y humillados por el triunfante ejército invasor, tuvieron que resignarse a perder sus raíces y agonizar en la desesperación por la memoria perdida de sus ancestros.

No estamos narrando los acontecimientos actuales en Cisjordania y la franja de Gaza, atacadas inmisericordemente por el ejército israelí, sino la insurrección del gueto de Praga [1] acaecida hace casi ochenta años. La Memoria, con mayúsculas, debería hacernos recapacitar sobre nuestros actos y cómo alguien puede convertirse de víctima en verdugo a poco que se olvide de su pasado.

NOTA:

1. El levantamiento se inició el 18 de enero de 1943 y terminó con la toma del gueto el 16 de mayo. Los judíos fueron deportados a campos de exterminio y el ocupante nazi se hizo con el control total del barrio.

En esta sección

Fútbol profesional, fútbol podridoGarzón gana, pierde la verdadLa influencia de la pandemia en el racismoAznar, siempre 'Ansar'Dignificar a los migrantes

Del autor/a

'El desaparecedor' y 'El enigma del Moldava', dos novelas para divertirse y reflexionarEl amor por la patria soviéticaLa paradoja afgana (y 5)La paradoja afgana (4)La paradoja afgana (3)