Ni dios ni amo

De nuevo, la reconstrucción del relato. No es “conflicto árabe – israelí”, es un genocidio planificado contra los palestinos. La comunidad internacional se tapa los ojosNoticias

Benito Rabal 17/05/2021

“Prosigue el lanzamiento de cohetes hacia territorio israelí a la vez que el gobierno de Netanyahu contesta con bombardeos a posiciones de Hamas”. De esta engañosa manera comienza el telediario de la televisión pública de nuestro país. Y así, de un plumazo, un acto de auténtico genocidio se convierte, ante la opinión pública, en lo que se viene a denominar como “conflicto árabe – israelí”.

La noticia, la forma de transmitirla, implica que los palestinos lanzan cohetes y el gobierno sionista, al que se le confiere legitimidad al nombrar a su presidente electo, se defiende con bombardeos, pero, supuestamente, sólo contra donde se cobijan los calificados como terroristas de Hamas, que, por si fuera poco, además son islamistas. Los niños, la insultante suma de niños asesinados, se ve que, o pasaban por allí, o que los malvados barbudos los utilizan como escudos, porque, si bombardean posiciones de Hamas, ¿cómo es posible que sean tiernas criaturas quienes engrosan la lista de víctimas? El propio presidente del Estado Sionista lo deja bien claro a través de la pantalla del televisor: “Nosotros avisamos dónde y cuándo vamos a bombardear”. ¿Es que no se ha entendido el mensaje? Ellos avisan y los palestinos llenan de niños los lugares que van a ser bombardeados, seguramente para dar lástima. Algo así como decir que las víctimas del Holocausto entraban de motu proprio en las cámaras de gas y los crematorios, no porque les obligaran a hacerlo, sino como acto de propaganda.

La frágil memoria de la población del mundo rico, el mismo que permite décadas de sufrimiento del pueblo palestino en aras de mantener al último Estado Europeo como policía del colonialismo y guardián de las riquezas de Oriente Próximo, hace el resto.

Desde que el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó el Plan de Partición de Palestina en dos Estados, se desencadenó la desgracia del pueblo palestino que nunca vio el suyo reconocido. Solo el genocidio, el éxodo y la guerra. El territorio que se convirtió en Israel, abarcaba el 60% de las mejores tierras cultivables, pero más de la mitad de las palestinas caían bajo jurisdicción israelí, en muchos casos, separadas de sus viviendas. Basta echar un rápido vistazo a la evolución de los mapas para darse cuenta que la expansión del Estado de Israel, no es fruto de sus victorias militares en diversos enfrentamientos, ni tampoco del derecho moral que les otorga el sufrimiento pasado, sino el resultado de un concienzudo plan elaborado por el Sionismo y las grandes potencias.

Ya Teodoro Herzl, el padre del Sionismo, fue contundente en su planteamiento a principios del siglo pasado: "La edificación del Estado Judío no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo."

De la misma manera que la Mafia Italo-Americana colaboró en la victoria en Europa de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y logró beneficio por ello obteniendo el permiso para crear Estados paralelos que gozaban y gozan de absoluta impunidad, la implicación del Mosad en la guerra sucia contra la guerrilla latinoamericana, el socialismo laico panárabe o los movimientos de liberación africanos, tiene también su recompensa y no es otra que el silencio cómplice de la Comunidad Internacional ante el genocidio contra el pueblo palestino y la apropiación de sus tierras.

No se trata de tomar las armas contra los judíos, sino contra el Sionismo, contra el enemigo fascista, de toda la humanidad y no solamente de los árabes. Desde hace años los dirigentes de Fatah vienen repitiendo lo mismo. La lucha es por un Estado de Palestina laico, donde todos sean tratados por igual y todos, árabes y judíos, tengan los mismos derechos. Aunque eso no salga en las noticias.

Publicado en el Nº 345 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2021

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