Esperando a los bárbaros

Cuba, no estás sola Estados Unidos y la Unión Europea no luchan contra la Cuba real sino contra el maniqueo que ellos mismos han construido

Felipe Alcaraz Masats 25/05/2021

El Partido Comunista de Cuba acaba de celebrar su octavo Congreso y se mantiene la idea de seguir construyendo el socialismo sobre la voluntad esperanzada del principio. También el grito fundacional: sí se puede. Se puede hacer la revolución en las mismas narices del imperialismo y es posible una Cuba libre, con soberanía, a pesar de un bloqueo criminal de décadas. Todavía más: a pesar de los augurios, es posible continuar sin echar mano al culto de la personalidad y, por eso, la cohesión revolucionaria pervive y ha sabido despedir a Fidel, valorar su inmensa contribución y rearmarse en la construcción del futuro. Fidel vive con naturalidad (sin calles y plazas a su nombre, sin estatuas) en el proceso sin punto de no retorno de la Revolución.

La lucha contra la revolución cubana también continúa, es cierto. Y no parará mientras funcione este referente que imanta las simpatías y la solidaridad dentro y fuera de Latinoamérica. La lucha contrarrevolucionaria no para pero siempre tiene el mismo error. Los capitostes de la Unión Europea o de Estados Unidos, por ejemplo, no luchan contra la Cuba real sino contra el monigote, el maniqueo, que ellos mismos han construido. En su afán destructivo no han sido capaces de hacer un estudio serio de la realidad cubana y de la realidad de sus propias contradicciones. Por eso destacan constantemente las diferencias que en el núcleo dirigente pueden dar paso a la modernización, es decir, a la sustitución de la revolución por el reino definitivo y estable del capitalismo. Y por eso no pueden aceptar los acuerdos de renovación de la lógica socialista que no dejan de hacer los sucesivos congresos y los nuevos dirigentes.

Y hay que decir que son ciertas dos cosas. Es cierto que se mantiene un nivel de cohesión muy alto y constante en torno a la revolución y en torno a la necesidad de mantener la soberanía como condición de posibilidad de dignidad y de libertad frente a las injerencias imperialistas. Es cierto también que, por razones diversas que se cruzan en el devenir de un país acosado, pueden levantarse críticas y malestares. Pero es preciso decir que se trata de un malestar, la inmensa mayoría de las ocasiones, interno a la cohesión general. Se trata de críticas en el seno de la revolución, como las que se producen con respecto a la política monetaria, por ejemplo.

El camino de la dignidad

Pero Cuba va, a pesar de los pesares. Y hay un hecho que los capitostes no quieren reconocer: que Cuba va porque, se diga lo que se diga, el partido y la revolución se apoyan en el pueblo. Bastaría recordar la celebración del primero de mayo, día de los trabajadores, como prueba de esta cohesión militante, de esta alegría revolucionaria, que anega las calles y las plazas y se convierte en un desfile interminable.

Pero es fácil para los estrategas del imperialismo, o los cómplices del bloqueo, ningunear, tachar la existencia del pueblo cubano. Un pueblo de gran personalidad y entereza. Un pueblo que vive con una gran serenidad, a veces crítica, pero siempre integradora, sin dejarse manipular por la norma propagandista contrarrevolucionaria. Un pueblo sin cuya lucha y militancia no hubiese sido posible construir una realidad especial y un especial imaginario, de trascendencia mundial, de dignidad revolucionaria, de solidaridad internacionalista, que destaca sobremanera en aspectos esenciales como la educación y la sanidad. Y del seno de ese pueblo en pie de dignidad es de donde sale la fuerza y la dedicación suficiente para elaborar, entre otras cosas, la posibilidad de vacunas cubanas contra el Covid-19, que sin duda se convertirán en una herramienta de solidaridad al margen de los itinerarios fuertemente comerciales que están recorriendo el resto de las vacunas, que por ahora solo recalan en los países que puedan pagarlas.

Por eso es preciso ahora repetir aquel sí se puede de 1959, a 90 millas del poder imperialista. Por eso hay que celebrar la actitud firme de los cubanos en apostar por la continuidad del socialismo cubano. Es decir, es necesario recordarlo, subrayarlo, por ellos y por nosotros. Porque ellos lo viven y porque, aunque no existen modelos, pero sí casos, en nosotros permanece viva la llama de nuestro propio sí se puede. Y por eso es de enorme importancia que desde cada barrio, desde cada calle, se mande la imagen de nuestra oposición al bloqueo, al intento por apagar la esperanza viva de una revolución que, contra viento y marea, se mantiene y avanza.

La fuerza nos viene desde el pueblo cubano y desde la necesidad de que se conozcan bien las cosas, frente al fantasma que ha montado el sistema. Ya sabemos que el sistema nunca olvida a los suyos, ni a sus detractores, y que es una posición arriesgada. Pero siempre ha sido arriesgado el camino de la dignidad. Y hay que hacer frente a ese fantasma injusto y al bloqueo y sus consecuencias. Desde la determinación a la hora de construir un futuro diferente. Contestando como lo hace el pueblo cubano, sereno y resistente, haciendo historia cada día frente al bloqueo: en mis limitaciones mando yo.

Publicado en el Nº 344 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2021

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