Movimiento Democrático de Mujeres

Hacia el congreso del bicentenario de los pueblos del mundo

Cristina Simó Alcaraz. Presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres 08/06/2021

Chávez decía que el socialismo o es feminista o no será. Nosotras, desde el Movimiento Democrático de Mujeres de España, decimos no hay feminismo sin anticapitalismo y antiimperialismo.

El imperialismo funciona como el patriarcado, es la dominación y el sometimiento de las más vulnerables y, si te revelas, te maltrato y hasta te mato. Hay gobiernos indignos y corruptos que sirven al gran patriarca, a la alianza imperialista hegemonizada por Estados Unidos. Gobiernos prostituidos que someten a sus gentes al pago de una deuda que, aunque quieran, jamás podrán acabar de pagar.

Para Estados Unidos y sus secuaces no existe la lógica de la vida, su lógica es la de la guerra contra quienes no se someten a sus voluntades y la de la tortura contra las más débiles.

La hegemonía económica de esta alianza permite comprar voluntades y el control de los medios de la opinión pública, son amos de los medios de comunicación. Manipulan y generan cultura imperialista patriarcal. Millones mientras miran al televisor no miran a millones que mueren, que sufren la pobreza, la trata y la explotación bajo las garras del imperialismo patriarcal.

No en nuestro nombre y no con nuestro silencio. Estados Unidos y algunos estados europeos que forman parte de esta alianza se dedican a desangrar a los pueblos que pretenden hacer políticas que mejoren la vida de las personas más desfavorecidas, a los que ponen en valor la paz y la solidaridad.

Desde el feminismo aspiramos a una sociedad igualitaria y ponemos en valor el trabajo de cuidados invisibilizado que mayoritariamente aportamos las mujeres, luchamos por un modelo de sociedad que ponga la vida en el centro. Sabemos que solo desde esta óptica será posible el desarrollo de políticas que fomenten vidas dignas de ser vividas.
Estamos frente a la batalla de las ideas, una batalla ideológica que confronta al imperialismo patriarcal contra el feminismo de clase y antiimperialista.

Un modelo social feminista de clase y antiimperialista que tiene como prioridad los cuidados y la atención de las personas. Que genere políticas corresponsables y la redistribución equitativa de la riqueza y la búsqueda del equilibrio entre el tiempo para vivir y el tiempo para el trabajo productivo. Que valore lo público, con servicios públicos y empleo público de calidad y que ponga fin a la privatización de los servicios esenciales para la vida.

Nos enfrentamos a un modelo imperialista patriarcal que tiene como prioridad la acumulación de capital a costa de la opresión y negar la plena soberanía de los pueblos a decidir sobre sus vidas y sus recursos naturales.

Un modelo que busca robar los recursos naturales de otros países con guerras imperialistas. Lo vimos en Irak y Libia. Lo estamos viendo en Venezuela, uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales.

Un modelo que profundiza en las desigualdades y especialmente entre hombres y mujeres. Bajo la lógica de que las vidas de las pobres no tienen valor de ser vividas. De hecho, acaban teniendo el valor de quienes las puedan comprar. Porque son las pobres, desahuciadas de sus tierras, desplazadas forzosas, las refugiadas que huyen de las guerras imperialistas, las empobrecidas y más vulnerables frente a las redes de trata que como buitres esperan al acecho a los cadáveres de este sistema. Son las mujeres, que acabaran siendo víctimas de la trata para explotación sexual y reproductiva.

La paradoja es cuando la alianza imperialista criminal acusa a países como Cuba o Venezuela de no respetar los derechos humanos de las personas y mientras, en medio de una pandemia mundial no solo los siguen estrangulando y saqueando de sus bienes y riquezas naturales sino que endurecen las sanciones y aplican nuevas y agresivas medidas coercitivas unilaterales contra estos Estados.

La crueldad está llegando a límites insostenibles para la mayoría de las personas que viven en estos países. Las políticas imperialistas criminales intentan desestabilizar estos gobiernos sometiéndolos a la tortura permanente y asfixiando a sus gentes.

Son pueblos valientes que hartos de estar sometidos a la hegemonía económica, cultural y política que lidera Estados Unidos decidieron emprender su camino de liberación y de autodeterminación por un mundo más social, más justo y solidario. Confrontar con el imperio no es nada nuevo para ellos, lo llevan en sus genes, de los que liberaron sus pueblos del yugo imperialista de la monarquía española.

Cuba, Venezuela o Nicaragua son procesos revolucionarios distintos pero totalmente legítimos porque son la expresión política autentica de la mayoría de sus pueblos.

Urge una alianza social feminista antiimperialista. Debemos blindar los derechos de la mayoría de la humanidad y bajo esta lógica no se pueden tolerar más las injerencias promovidas por la alianza imperialista patriarcal.

Lo vimos en Brasil, cómo desestabilizaron un gobierno de izquierdas progresista utilizando todos los medios posibles y criminales, cómo las falsas acusaciones contra el ex presidente Lula lo llevaron a prisión impidiendo que pudiera encabezar una lista electoral que hubiera dado la mayoría en los comicios. La inmensa manipulación a través de los medios de comunicación y las redes sociales de la opinión pública que fomentaron la derrota de la izquierda frente a la extrema derecha representada por Bolsonaro, que en sus primeras medidas de gobierno puso en manos de Estados Unidos la riqueza de su país y la aplicación de políticas regresivas de derechos sociales en plena pandemia, además de fomentar la misoginia, la homofobia y el racismo.

Son las naciones que no quieren responder a la alianza hegemonizada por Estados Unidos, las que pretenden mantener su soberanía, las que sufren periódicamente los envites de la maquinaria propagandística de la alianza imperialista, especialmente cuando han de enfrentarse a procesos electorales cruciales. Este es el caso también de Nicaragua, que afronta elecciones generales en noviembre de este año, donde todo apunta a que Daniel Ortega y el sandinismo van a revalidar su triunfo según las encuestas. Vuelve la maquinaria imperial a sembrar la duda sobre el resultado, es la misma receta antisoberanista y contrarrevolucionaria.

Por otro lado, tenemos los gobiernos esbirros del imperialismo como el de Colombia, que respondió sacando sus fuerzas policiales represivas a atacar sin piedad a los millones de manifestantes que salieron a protestar en oposición al anuncio de una reforma tributaria que buscaba agregar impuestos a los productos de primera necesidad y servicios públicos en tiempos de pandemia. Aun así, aunque la reforma se acabó retirando, no cesaron las manifestaciones por el descontento a la suma de políticas antisociales y la persecución a dirigentes sociales y el no respeto al acuerdo por la paz, con asesinatos de los que firmaron esos pactos.

Sin embargo, estos gobiernos no son criminalizados, ni embargados, ni sancionados. En cambio, se permiten el lujo de aplicar sanciones en nombre de la defensa de los derechos humanos que están matando a personas y privándolas de derechos fundamentales, como el derecho a la salud, a la alimentación y a la vida misma. Bloqueos económicos que ni tan solo en época de pandemia se han levantado como forma de garantizar las medicinas y la ayuda humanitaria necesaria, ni tan solo para evitar una mayor propagación de la pandemia.

Contra el Estado venezolano, a partir de la declaración de pandemia y hasta el mes de marzo de 2021, se han dictado un total de 19 medidas coercitivas unilaterales. Medidas contra las actividades relacionadas con la producción, explotación, compra y venta de petróleo y el bloqueo naval y marítimo que pesa contra Venezuela, que vienen obstaculizando la importación de bienes como medicinas e insumos industriales.

Recientemente un reducido grupo de eurodiputados que responden a la agenda de Washington han logrado incluir en la próxima Asamblea Plenaria del Parlamento Europeo un punto relativo a la Situación Política y los Derechos Humanos en Cuba. Aparentan preocupación por el ejercicio de los derechos humanos en Cuba, un país libre, independiente, soberano, democrático, de justicia social y solidaridad humana, donde el pueblo decide sus destinos.

Llama la atención que tan intranquilos e inquietos por los derechos humanos en Cuba no hayan convocado al Parlamento Europeo para analizar la principal violación de los derechos humanos que sufre el pueblo cubano, que es el bloqueo genocida impuesto desde hace 62 años y recrudecido hasta límites cualitativamente increíbles en medio de una pandemia.

Porque nos temen hemos de actuar. El Congreso Internacional del Bicentenario de los Pueblos del Mundo que se va a celebrar en Caracas entre el 21 y el 24 de junio, coincidiendo con los 200 años de la batalla de Carabobo en la que Venezuela se liberó del imperialismo, abre la oportunidad de crear un espacio intercontinental de activismo social, feminista y antimperialista, coordinado y fuerte, que permita acciones globales contra ataques globales a los derechos de la humanidad y de la soberanía de los pueblos.

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