El PCE despide a Julio reivindicándole como brújula y combustible para seguir la lucha Más de 1.500 personas asisten al gran acto de despedida organizado por el PCE en el Teatro de la Axerquía de Córdoba un año después de su muerte

Irene Contreras. Córdoba 10/06/2021

Cuando Julio Anguita murió, el 16 de mayo de 2020, hacía muy poco que habíamos abandonado el confinamiento total para protegernos de la pandemia que aquellos días azotaba España y el mundo entero. Salíamos a la calle solo a determinadas horas, guardando escrupulosamente las distancias, nos veíamos de lejos y con mascarillas. Cuando Julio murió no pudo haber abrazos ni gestos de consuelo, ni tampoco una despedida como la que, de no ser por la pandemia, habría llenado de amigos y de amigas, de camaradas de todo el país, las calles de la Córdoba que gobernó y que tanto le quiso. Entonces, decenas de personas, en un gesto espontáneo, se congregaron frente al ayuntamiento a rendirle homenaje y dedicarle aplausos y vivas. Sin abrazos, desde la distancia. Esa espina, la de una despedida de altura, se desenquistó el domingo 30 de mayo, un año después de su fallecimiento, con un gran homenaje en el Teatro de la Axerquía de Córdoba organizado por el Partido Comunista y enmarcado en el Centenario del PCE.

Más de mil quinientas personas acudieron a un acto político, solemne, en el que no solo se recordó con orgullo y emoción a Julio. También se apeló a sus enseñanzas como brújula, como gasolina para continuar el viaje. Para seguir en la lucha. El aforo del gran teatro al aire libre, limitado en cumplimiento con las medidas de prevención de contagios por la Covid-19, se completó dejando escenas que recordaban a reuniones de otros tiempos. Tres décadas después, Anguita volvió a subir al mismo escenario que acogió el multitudinario mitin contra la entrada en la OTAN de finales de los años 90. No lo hizo de forma corpórea, pero sus palabras, rescatadas de conferencias, discursos y entrevistas que ofreció durante toda su vida, resonaron desde la pantalla y volvieron a levantar aplausos y a revolver conciencias.

En el patio de butacas y en las gradas, camaradas, familiares y amistades, militantes y cargos públicos, simpatizantes y personas con las que colaboró, seguidores y seguidoras de Julio volvían a reunirse con su recuerdo como punto de encuentro y como bálsamo para un año difícil de distancia y malas noticias. Incluso el calor inmisericorde de la Córdoba de finales de mayo se hizo a un lado para dejar paso a una brisa que mecía las anécdotas, los recuerdos y también las banderas sobre el escenario. La de la República, la de Andalucía, la del Partido.

“Mi padre fue militante comunista por encima de todo”, afirmó la hija de Julio, Ana Anguita, durante su intervención en el homenaje. Su aplaudido discurso elogió la capacidad reflexiva, la coherencia y el ejemplo que se esforzó en sembrar allá donde pisaba. Su apuesta por la elaboración colectiva, su defensa del programa como contrato social para blindar los derechos de la clase trabajadora. Fue una de las últimas intervenciones del acto, que estuvo prologado por la voz de Manuel Gerena. El cantaor dedicó a Anguita unos versos escritos desde la pena honda del último adiós: “Compañero Julio Anguita, te fuiste pero dejaste sobre el surco de la vida la decencia que sembraste”.

Tras el primer gran aplauso de la tarde, tomaron la palabra la secretaria política provincial del PCA en Córdoba, Alba Doblas, y el secretario general del PCA, Ernesto Alba, que ahondaron en el papel que tuvo Julio Anguita como alcalde de Córdoba -“nos legó empresas públicas que hoy son el orgullo de la ciudad”- y como ejemplo de “lucha, dignidad, trabajo, constancia y honestidad”. Tras el sentido homenaje del cantaor Juan Pinilla, que le dedicó las coplas que tanto le gustaban, el secretario general del PCE, Enrique Santiago, y la portavoz federal de Izquierda Unida, Sira Rego, reivindicaron el lugar ocupado por Anguita en la historia política reciente, la clarividencia de sus advertencias sobre las consecuencias de las políticas neoliberales y la Europa asimétrica. Su llamada a la unidad en torno a un programa, que ha demostrado “no ser solo deseable, sino necesaria”.

El acto contó también con la participación telemática del coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, que a través de un vídeo recordó cómo la influencia de Anguita logró que, como él, muchas personas se acercaran a la militancia. Además, participaron con saludos telemáticos referentes de la izquierda internacional, como el presidente del Partido Comunista Portugués, Jerónimo de Sousa; o el presidente y la vicepresidenta del Partido de la Izquierda Europea, Heinz Bierbaum y Maite Mola, respectivamente. En nombre del colectivo Prometeo, donde trabajó intensamente durante la última etapa de su vida, habló Juan Rivera, que hizo un llamamiento a releer el manifiesto ‘El hoy y el mañana: razones para nuestro compromiso’. Ese texto, impulsado por Julio Anguita en abril de 2020, fue su última gran herencia.

El homenaje acabó con la poderosa imagen de mil quinientas gargantas cantando ‘La Internacional’ puño en alto. El Partido sacó músculo para demostrar a Julio la fuerza que mana de su ejemplo. Durante todo el acto se deslizó un mensaje clave: su figura no debe sacralizarse, sino imitarse. Para alguien que tanto repudiaba a quien santificaba los símbolos, fosilizándolos, el mejor homenaje no es ser elevado a los altares. La mayor ofrenda, la mejor manera de mantenerle vivo, es seguir su camino, aprender de sus lecciones. Utilizar su recuerdo como el mejor combustible para la batalla.

Publicado en el Nº 345 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2021

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