La cumbre en Bruselas señala a Rusia y a China como objetivo militarBiden, al rescate de la muerte cerebral de la OTAN para reactivar la Guerra Fría Los estados europeos miembros deberían ser los más interesados en construir en el espacio euroasiático una región de seguridad mutua

Willy Meyer 15/06/2021

Es hora de organizar la contracumbre de Madrid 2020 en defensa de la desmilitarización de la seguridad

El pasado 14 de junio se celebró en Bruselas la cumbre de los líderes de los 30 países de la OTAN con la participación del presidente electo Biden que, a diferencia de su antecesor Donald Trump, pretende reforzar el vínculo atlántico entre Europa y América del Norte.

Las críticas constantes de Trump a la Alianza, incluso la amenaza con retirar a los EEUU de la misma en 2018, provocó una conmoción de la que se hizo eco el presidente Macron: “la Alianza está en muerte cerebral. No hay ningún tipo de coordinación…hay una acción agresiva y no coordinada por parte de otro aliado de la OTAN, Turquía, en una zona en la que nuestros intereses están en juego”. (Turquía, el segundo mayor ejército de la Alianza compró a Rusia el sistema de defensa antiaéreo S-400).

Las conclusiones de la cumbre de Bruselas, recuperan el protagonismo de los intereses de los Estados Unidos en su empeño por aminorar y retrasar la conversión de la República Popular China en la primera gran superpotencia y evitar que junto a la Federación Rusa, Eurasia se convierta en el continente hegemónico a mediados de este siglo.

Y en ese empeño, los estados europeos miembros de la Alianza se vuelven a convertir en meros peones de la administración norteamericana cuando deberían ser los más interesados en construir en el espacio euroasiático una región de seguridad mutua basada en la cooperación, la desmilitarización de la seguridad y la prohibición y destrucción ecológica del arsenal de armas de destrucción masiva.

Cada vez más combativos en defensa de los intereses estadounidenses

Desgraciadamente, la cumbre de Bruselas, ahonda en las conclusiones de la cumbre de Cardiff de 2014 al convertir a Rusia en un objetivo militar contraviniendo todos los compromisos que en su momento la OTAN adquirió con la extinta Unión Soviética.

Al disolverse el Pacto de Varsovia en 1991, el entonces presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov recibió garantías de la administración norteamericana de que la OTAN no se desplegaría en los antiguos Países del Este, exmiembros del Pacto de Varsovia. El 27 de mayo de 1997, siendo Javier Solana secretario general de la OTAN, se llegó a suscribir con la Federación Rusa un “Acta fundacional sobre las relaciones de cooperación y seguridad mutuas entre la OTAN y la Federación Rusa” donde se manifestaba que no se consideraban adversarios y se comprometían a construir juntos una paz duradera.

Ilustración: Juan Kalvellido

El propio presidente Clinton, llegó a manifestar estar dispuesto a crear un futuro en el que la seguridad europea no sea un juego de suma cero donde, si gana la OTAN perdía Rusia y donde la fortaleza de Rusia era la debilidad de la OTAN.

Rodear a la Federación Rusa, frenar a China

Pero esos compromisos se convirtieron en papel mojado. En la cumbre celebrada en Madrid en 1997 se propuso la entrada en la Alianza a Hungría, Polonia y República Checa, que culminaron su ingreso en 1999; y en 2004 se sumaron las tres Repúblicas Bálticas (Lituania, Letonia y Estonia) además de Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia y Rumania.

Lejos de cumplir sus compromisos adquiridos, Estados Unidos y la OTAN consiguieron ampliar su zona de influencia bordeando la frontera con la Federación Rusa.

La cumbre de Bruselas da un paso más respecto a la República Popular China al situarla entre los grandes desafíos de la seguridad global de manera que Rusia y China se convierten para la OTAN en objetivos militares. Especialmente llamativo es la catalogación de China como amenaza para la seguridad cuando, a diferencia de la OTAN, China nunca ha usado la fuerza contraviniendo la Carta de las Naciones Unidas.

Efectivamente, tras la cumbre de Washington de 1999, la OTAN aprobó su “Nuevo Concepto Estratégico” por el que podría intervenir militarmente sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de las NNUU tal y como hizo en la Guerra de Yugoeslavia, vulnerando directamente la Carta de las Naciones Unidas, y con ello los anhelos del presidente Roosevelt defendidos en las Conferencias de Teherán (1943) y Yalta (1945), de delegar sólo en el Consejo de Seguridad la potestad de autorizar o no el uso de la fuerza.

Ante la próxima la próxima Cumbre en Madrid

La cumbre de Bruselas ha prefigurado un escenario de nueva Guerra Fría que intentará plasmar en la próxima cumbre a celebrar en Madrid en 2022 para aprobar un “Nuevo Concepto Estratégico” que amplíe sus acuerdos ya tomados sobre el posible uso de su arsenal nuclear, la capacidad de intervención militar sin el mandato expreso del Consejo de Seguridad, la respuesta militar a lo que debieran ser objeto de respuesta civil como el crimen organizado, movimientos migratorios, el cambio climático o los recursos naturales.

Si no lo remediamos, la cumbre de Madrid certificará el inicio de una Nueva Guerra Fría, todo lo contrario de lo que los europeos necesitamos en el contexto euroasiático.

La OTAN, además de ser un obstáculo para la Paz, contribuye a un mundo más militarizado. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, el gasto militar mundial aumentó en 2020 a pesar de la pandemia hasta alcanzar los casi 2 billones de dólares y la ilusión de un mundo libre de armas nucleares se disipa al desarrollarse nuevas armas sumadas a las 14.465 armas ya existentes.

Nuestra permanencia en la OTAN junto a la presencia de las bases de Rota y Morón ha contribuido a hacer un mundo más inseguro, más militarizado, más injusto y desigual.

Los jefes de gobierno de los países de la OTAN han hablado.

Ahora, de lo que se trata es que se organice la palabra de todas las personas, organizaciones políticas, sociales, pacifistas, ecologistas, feministas y confesiones religiosas para organizar la contracumbre de Madrid 2022 en defensa de la desmilitarización de la seguridad, la desnuclearización, el cumplimiento estricto de la Carta de las Naciones Unidas, la cooperación y la superación de los conflictos por la vía diplomática.

OTAN no, Bases Fuera

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