El tren de la memoria

Catarina de Portugal Para el PCP, Catarina es símbolo de la lucha contra la dictadura. Fue asesinada a los 26 años, con un niño de ocho meses abrazado a su cuello, por haber ido a pedir, junto a otras 13 segadoras, un aumento de sueldo de dos escudos

Mariano Asenjo Pajares 21/06/2021

“Segadoras en la mañana fría
Flores en la lápida le van a poner
Quedó roja la campiña”

(Cantar Alentejano - Jose Afonso)


El Partido Comunista Portugués (PCP) celebra sus primeros cien años de existencia, ¡un siglo de vida ya desde aquel lejano 6 de marzo de 1921 en que fuera creado en Lisboa! A diferencia de la mayoría de partidos comunistas fundados en la misma época por toda Europa, el PCP no surge a través de una escisión de un Partido Socialista o Socialdemócrata, sino a partir de las filas del anarcosindicalismo y el sindicalismo revolucionario. Estas dos corrientes eran en esa época los elementos más activos del movimiento obrero portugués.

Del centenario del PCP ya se dio cuenta en anteriores ediciones de MO. En estas notas nos vamos a ocupar de una figura central relacionada con el movimiento obrero. Así, otra fecha significativa portuguesa (19 de mayo de 1954), ilustrada por un evento teatral que ha visitado algunas ciudades españolas, nos ha recordado de la mano del prestigioso director portugués Tiago Rodrigues la figura de Catarina Eufémia, aquella joven segadora analfabeta que fuera asesinada a los 26 años con un niño de ocho meses abrazado a su cuello, ¿el delito?, haber ido a pedir junto a otras 13 compañeras un aumento de sueldo de dos escudos por jornada al capataz de la hacienda en la que trabajaban cerca de Baleizão, en el Alentejo, el sur latifundista del país vecino repleto de jornaleros en precarias condiciones.

La agitación social entre el campesinado se palpaba en el ambiente de la zona, y el capataz se asustó, llamó a la Guardia Nacional Republicana de la ciudad de Beja y la desgracia llegó de la mano del tristemente famoso teniente Carrajola, que le descerrajó tres tiros. La narración de la escena a cargo de los testigos es cruda, sobrecogedora. Catarina, una joven segadora con tres hijos -nunca se ha aclarado del todo si estaba embarazada en ese momento de un cuarto, aunque así lo aseguraron sus compañeras- encabezó a las segadoras de la hacienda, entre todas 14, para solicitar un mayor jornal. Los hombres de la finca primero se habrían opuesto a que fueran a protestar, pero concluyeron que no se las asociaría al partido comunista y que, por tanto, el acto de reivindicación no comportaba peligro. Al final las mujeres constituyeron la embajada y fueron en busca del capataz que, sintiéndose intimidado, se desplazó hasta Beja en busca de las fuerzas del orden.

A las preguntas del teniente de la Guardia Nacional salazarista -António de Oliveira Salazar gobernó el país de 1932 a 1968- Catarina Eufémia respondió que ellas solo pedían "trabajo y pan". La respuesta del teniente fue una bofetada que la lanzó al suelo. Levantándose le habría espetado: "Y ahora mátame". La respuesta fueron tres tiros. De acuerdo con la autopsia, Catarina fue impactada por «tres balas, a quemarropa, por los lados, yendo de izquierda a derecha, de abajo a arriba y ligeramente de atrás para adelante, con el cañón del arma pegado al cuerpo de la víctima. El agresor debía estar detrás y a la izquierda en relación a la víctima». Además de causar la muerte de la jornalera, las balas hirieron al niño y a otra campesina. Para la historia de la infamia quedará el juicio en el que el asesino, teniente Carrajola, fue absuelto por disparo de arma accidental.

Tras la autopsia, temiendo la reacción de los trabajadores y campesinos, las autoridades decidieron realizar el funeral a escondidas, anticipándolo una hora en relación a la que se había previsto inicialmente. Cuando se preparaban para iniciar su salida a escondidas, el pueblo corrió hacia el féretro con gritos de protesta, y las fuerzas policiales reprimieron violentamente a la población, golpeando incluso a los familiares de la fallecida. El féretro acabó por ser llevado bajo escolta de la policía, no para el cementerio de Baleizão, sino a Quintos (la tierra de su marido, António Joaquim do Carmo, el Carmona, como era llamado) a una decena de kilómetros. Veinte años después, en 1974, los restos mortales de Catarina Eufémia serían definitivamente trasladados a Baleizão.

La joven segadora acabó siendo un símbolo de la lucha contra la dictadura, especialmente para el Partido Comunista. Numerosos poetas le dedicaron versos y llegó incluso a la obra de José Afonso, 'Cantar alentejano' es un homenaje a Catarina.

Publicado en el Nº 345 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2021

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