Batalla en profundidad

Sobre la familia Los principales enemigos de las familias trabajadoras han sido los poderes económicos y políticos

Patricia Castro 22/06/2021

En estos últimos tiempos se está dando un debate -que no pasa más allá de la esfera de las redes sociales y los medios de comunicación que se hacen eco de ellos- en torno a la familia y cómo la izquierda la ha abandonado. Como es de esperar, han sentado cátedra todo tipo de opinólogos -no solo de la izquierda sino de la derecha más rancia- a la hora de enumerar las razones de por qué la izquierda se ha olvidado de los suyos. Puede que sea que la memoria me falle, porque todos tenemos nuestros límites, pero ¿cuándo la derecha ha defendido de verdad a la familia? Me refiero a otra que no sean las suyas, claro.

Ya lo decía Tolstoi al principio de Ana Karenina: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera»; razones para el desencanto siempre hay muchas. Y parece que todas las familias enfrentadas, desestructuradas y rotas son de izquierdas, y las exitosas y unidas las de la derecha -o al menos a las que la izquierda no le ha echado un mal de ojo. ¿Curioso no? Pero supongo que aquí tampoco tenemos que ver ideología de ningún tiempo, ni el aprovechamiento de la mínima oportunidad para desestabilizar el frágil equilibrio en el que la izquierda se maneja políticamente.

Quizá, otra de las preguntas que nos toque hacernos es por qué a las mujeres nos debería de importar que se hable de la familia o que la familia entre al debate público. El principio de realidad nos es bastante útil en este caso, ya que, aunque nos guste o no, es en torno a las mujeres donde se vertebra la familia y las que cargan con la explotación reproductiva en casa, invisibilizada y menospreciada en la sociedad. También nos deberíamos cuestionar por qué el discurso de mujeres jóvenes -que suenan a tiempos pasados- tienen tanta acogida en los medios de derechas y conservadores. Karl Marx dijo, en El 18 de Brumario de Luís Bonaparte que: «La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos».

No es justo que solo sea a nosotros a quienes se nos culpe de abandonar a la familia, cuando los principales enemigos de las familias trabajadoras han sido los poderes económicos y políticos que siempre han dirigido esos medios que ahora dicen que nosotros tenemos la culpa. Conviene no olvidar en un país muy dado a ello. La cita de Marx sigue así: «Hegel subraya en algún sitio que todos los hechos y personajes de gran importancia en la historia aparecen, como si dijéramos, dos veces. Se le olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa».

A servidora, la familia nunca le ha dejado de importar, y de muchos es conocido que provengo de sectores conservadores. Pero es una auténtica desfachatez decir que la familia no le importa a la izquierda o que ha sido olvidada, primero porque a todo se le llama izquierda, cuando muchas veces se refieren a las clases dominantes biempensantes, en la que los movimientos de izquierdas obreras y movimientos sociales poco o nada pueden influir. Y porque, por suerte o por desgracia, España sigue siendo un país con una estructura de Estado familista -esto quiere decir que se dan ayudas en base a la familia, y no individuos-, con fuertes valores comunitarios, y donde si no se tienen hijos no es por ningún contubernio de la izquierda, sino por el malvivir crónico que nos da este país.

Publicado en el Nº 345 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2021

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