Documentos para un centenario PCE (1921-2021)Programa del PCE aprobado en el V Congreso (Septiembre de 1954)

Francisco Erice 27/06/2021

Presentación de documento nº 32.

Aunque la crónica oficial de Mundo Obrero lo situaba en noviembre por razones de seguridad, fue entre el 12 y el 21 septiembre de 1954, junto al lago Machovo (Checoslovaquia), cuando tuvo lugar el V Congreso del PCE. Habían pasado veintidós años desde el congreso anterior, y la simple celebración del nuevo representó una inyección de moral en un partido que apenas estaba empezando a superando su etapa más dura. Stalin había fallecido el año anterior y en la URSS empezaban a atisbarse, aún tímidamente, los primeros signos de deshielo. La guerrilla había sido desmantelada y la táctica de infiltración en las organizaciones del régimen comenzaba a dar sus primeros pasos. También empezaba a despuntar el trabajo entre los intelectuales (en abril de ese mismo año se publicaba el “Mensaje del Partido Comunista de España a los intelectuales patriotas”) y se constituía por entonces la primera célula comunista de estudiantes en la universidad madrileña. La misma Carta del Comité Central de julio de 1952 a los militantes y las organizaciones (véase documento nº 31), con su autocrítica sobre las formas de funcionamiento autoritarias y los déficits orgánicos, parecía augurar un “nuevo rumbo”, que los acontecimientos de los años siguientes acabarían por consagrar.

El V Congreso, mezcla de continuidad y cambios, fue en todo caso un éxito organizativo, potenciando el papel del grupo de dirección encabezado por Carrillo y asentado en Francia. Pese al rigor de la clandestinidad, se juntaron en los locales de los sindicatos checos hasta 106 personas, contando los 64 delegados, 32 invitados y los 10 miembros del Buró Político. La mayoría pertenecían ya a la generación de los jóvenes de la guerra y, aunque se buscó cierta representatividad, los delegados fueron obviamente designados, no elegidos por las bases. Sólo cinco eran mujeres, pero lo más importante es que entre los asistentes se encontraba ya un grupo procedente de la militancia clandestina del interior de España.

De hecho, el congreso inició un proceso de renovación de la dirección que se completaría, a veces de manera traumática, en los años siguientes, incorporando, junto a la “vieja guardia”, a destacados dirigentes procedentes del interior, del entorno de Carrillo o de la antigua Juventud Socialista Unificada. De ese modo se sumaron al Comité Central Simón Sánchez Montero, Gregorio López Raimundo, Francisco Romero Marín o Julián Grimau, mientras que Carrillo, Ignacio Gallego o Fernando Claudín ocupaban plazas en el Buró Político (que desde el VI Congreso pasa a ser Comité Ejecutivo).

Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Vicente Uribe fueron los encargados de presentar los principales documentos a debate. El Informe del Comité Central le correspondió, como era de rigor, a la secretaria general. En él Dolores evocaba, en tonos emotivos, el tributo de sangre pagado por los comunistas españoles, y aunque reproducía las viejas descalificaciones a los considerados “traidores” y escisionistas, y rechazaba el “liberalismo podrido”, defendía la dirección colectiva y la necesidad de acabar con los métodos autoritarios y de “disciplina cuartelaria”. También Carrillo resaltaba la necesidad de recuperar, frente a los “años de plomo”, la normalización estatutaria, la participación de la militancia y un centralismo democrático adaptado a las condiciones de la clandestinidad, extendiendo la organización regular por ciudades, pueblos y barriadas del interior del país.

Pero el documento más interesante, presentado por Vicente Uribe, era el Programa, reproducido en el documento adjunto, que marcaría la etapa inmediata del partido con sus análisis y propuestas. La imagen que en él se daba del franquismo era la de un régimen gobernado por una reducida camarilla, “instrumento de los grandes terratenientes, banqueros y monopolistas vinculados al capital norteamericano”, con el apoyo de las capas superiores del Ejército, las fuerzas represivas, la Falange y la Iglesia católica. La dictadura, que habría frenado la “revolución democrática” en ciernes en los años 30, permitía la existencia de “pervivencias feudales” en el campo, en un país económicamente estancado. Quedaba, pues, pendiente la revolución democrática (“necesaria e inevitable”), que requería el derrocamiento de la dictadura, cuya estrecha base social permitía una amplia alianza, desde la clase obrera a la burguesía no monopolista, que, impulsada por las acciones obreras y populares, abriera paso a la democracia como tarea prioritaria.

La fórmula que en estos momentos preconizaba el PCE era la creación de un Frente Nacional Antifranquista, con presencia de todas las fuerzas opositoras, abriendo paso a un gobierno provisional revolucionario dotado de un programa mínimo de democratización, derogación del tratado con los Estados Unidos y aplicación de algunas medidas sociales de urgencia. El citado gobierno convocaría elecciones a Cortes constituyentes, en las que los comunistas abogarían por una república democrática, que incluyera el derecho de autodeterminación para Cataluña, Euskadi y Galicia.

Las restantes propuestas mezclaban un intento de mayor moderación -que se continuará en los años siguientes- con propuestas ya tradicionales en los planteamientos del PCE. Se hablaba de una política exterior de paz y amistad con todos los pueblos, una amplia reforma agraria (incluyendo la confiscación de latifundios, el reparto de tierras y la eliminación de los vestigios feudales), la industrialización del país, limitaciones a los capitales extranjeros, reforma fiscal con impuestos progresivos, control de la banca, la nacionalización de algunos sectores estratégicos, confiscación de fortunas ilícitas acumuladas por la camarilla franquista, medidas de instrucción pública y mejoras sociales, así como la separación de la Iglesia y el Estado, pero manteniendo subvenciones a las necesidades del culto, en una clara concesión a los sentimientos religiosas de gran parte de la población.

Con el V Congreso, sin romper radicalmente con el pasado, se abrían cauces para los relevos en la dirección, la recuperación de la organicidad del partido y la articulación de una amplia política de alianzas contra el franquismo que los años siguientes acabarán por perfilar.

>> [PDF 15,1 MB] Documento Nº32. Programa del Partido Comunista de España en la lucha por la independencia y la democratización de España, por el mejoramiento radical de las condiciones de vida del pueblo español. Septiembre de 1954

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