Homenaje del PCM a las veteranas que lucharon y a las que lo siguen haciendoLa organización y el compromiso de las presas comunistas en la cárcel de Ventas

Gema Delgado 27/06/2021

La madrileña Cárcel de Mujeres de Ventas (1931-1969) nació de la mano de la abogada Victoria Kent, Directora General de Prisiones en la II República, con la idea de humanizar lo máximo posible las condiciones penitenciarias, pero pronto se convirtió en un “almacén” de presas republicanas y en la mayor cárcel de mujeres del siglo XX. En 1969 derribaron el edificio y levantaron pisos de lujo. Sólo queda una placa rota donde se lee “Parque de las Mujeres de Ventas”, eludiendo que fue una atroz prisión al acabar la guerra civil y durante la década de los cuarenta. La placa ya ha sido vandalizada dos veces por quienes Intentan, inútilmente, eliminar el recuerdo de lo que allí pasó.

“Que mi nombre no se borre de la historia¨ pedía, es su carta de despedida, una joven modista de 19 años, una de las 13 rosas ejecutada el 5 de agosto de 1939, junto a otros 43 republicanos. Era Julia Conesa. Su delito fue militar en las JSU. Franco quería exterminar todo germen marxista y quien estuviera vinculado/a al PCE o las JSU era candidato/a para acabar su vida con un tiro en las tapias del madrileño cementerio del Este (cementerio de la Almudena). Allí fueron ejecutadas 84 mujeres, entre 1939 y 1943, sacadas antes del alba de la cárcel de Ventas -y alguna de Claudio Coello-, según recoge el historiador Fernando Fernández Holgado, autor del libro Mujeres encarceladas: La prisión de Ventas, de la República al Franquismo 1931-1941.

Las presas y sus hijo/as también perdían la salud y la vida por enfermedades causadas por el hacinamiento y las deplorables condiciones higiénicas y sanitarias, lo que Fernández Holgado llama “una mortandad sorda, propia de aquella guerra invisible y alejada de la de las tapias del cementerio”. Las principales enfermedades fueron la tuberculosis y el tifus, además de disentería y deshidratación en la/os más pequeña/os. Sobredosis de violencia física y psíquica y deshumanización.

“Nuestras presas, nuestras rosas, no se han borrado de la historia. Así nos lo pidieron y así nos comprometimos a cumplirlo”>, afirmó Marga Sainz, responsable del Frente Ideológico del PCM, durante su intervención en el homenaje que el Partido Comunista de Madrid rindió, el pasado 23 de mayo, a las mujeres presas de la antigua cárcel de Ventas. Fue un reconocimiento a todas las mujeres del Partido que tejieron y siguen tejiendo la historia con ese hilo rojo, que se trenza con el morado “pues el Partido en Madrid entiende el Centenario con perspectiva de futuro. Debemos seguir siendo útiles para cambiar el mundo (…) Por eso hoy las camaradas del Partido y de la UJCE trabajamos en cada asamblea de barrio y de pueblo, en cada movimiento social y en el 8M, en huelgas, acciones y manifestaciones que nos permitan avanzar hacia un mundo más justo”.

VICTORIA KENT Y LA HUMANIZACIÓN DE LAS PRISIONES

Julia León, de Encuentro por la memoria, habló de los orígenes de aquel proyecto de modernización de los centros penitenciarios para que fueran “una casa como la que quisiera uno para vivir”, con ventanas grandes y mucha luz, patio con fuentes, celdas con terraza para que las madres pudieran tomar el sol con sus hijas/os. Funcionarias de prisiones sustituyeron a las monjas en la administración de una cárcel aconfesional donde las misas dejaron de ser obligatorias. Estaba concebida para educar en lugar de para castigar. Se eliminaron las celdas de castigo, se estableció el vis a vis, y las cadenas y grilletes, ya innecesarios, se fundieron para hacer una estatua en honor a Concepción Arenal.

Pero durante el bienio negro, en la insurrección de Asturias del 34, se llenó de políticas y sindicalistas, las llamadas presas “sociales”. Y volvió a rebosar de comunistas tras el golpe de estado del general Casado. Antes de que las tropas de Franco entraran en la capital, se abrieron las puertas de las cárceles para que los presos pudieran salvar la vida. ¡Pero se olvidaron de las mujeres de Ventas! Cuando éstas consiguieron que la dirección penitenciaria les concediera la libertad ya era demasiado tarde: el 27 de marzo de 1939.

Franco impuso el terror, la muerte, la tortura y la represión desmedida. Unas 2.000 personas fueron ejecutadas en las tapias del Cementerio del Este entre 1939 y 1940. España se convirtió en una gran cárcel, y la de Ventas en un “almacén de reclusas”.


CINCO MIL PRESAS POLÍTICAS EN VENTAS

Las comunistas, una vez más, se organizaron creando unidades de solidaridad y redes de ayuda que hicieron de la prisión un espacio de compromiso y militancia. Una de ellas fue Matilde Landa, a la que Dolores Ibárruri encargó reorganizar el PCE al acabar la guerra. Procedía de una familia culta y librepensadora, estudió en la Institución Libre de Enseñanza y tenía formación universitaria. La detuvieron el 4 de abril de 1936 por su trabajo en el Socorro Rojo Internacional y, tras pasar 6 meses incomunicada en los calabozos de Gobernación, la trasladaron a la cárcel de Ventas con pena de muerte. Allí convenció a la directora para montar una “oficina de penadas”, en su celda, desde la que tramitó indultos y peticiones de aval para presas condenadas a muerte. Consiguió salvar a algunas. Pocos meses después la trasladaron a Baleares. El día que se la llevaron, las presas de Ventas le rindieron una gran despedida que fue castigada con 15 días de incomunicación.

Josefina María Villa fue otra referente para la organización y la disciplina del Partido dentro de la cárcel. Estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca. No militaba en ningún partido, solo pertenecía a la FUE, pero en abril de 1939 fue detenida y torturada brutalmente en las DGS. De un puñetazo le rompieron los dos tímpanos y las muelas. En la DGS conoció a Matilde Landa y allí mismo decidió afiliarse al PCE. Poco después la llevaron a la cárcel de Ventas, donde conoció a las 13 rosas. Una compañera de celda relató que la destrozaron la cara a golpes y que le hicieron ver cómo torturaban a su compañero, “ha sido una persona que ha estado muy castigada dentro de la prisión y muy enferma pero, como era muy disciplinada, ha seguido toda la política del Partido llevándola a la práctica muy bien dentro de las prisiones”.

Manolita del Arco fue la mujer que más tiempo estuvo en las cárceles de Franco, 18 años ininterrumpidos, casi 19 en total. Se afilió al Partido a los 18 años, y la primera vez que entró en la cárcel fue con el golpe de Casado. Cuando salió, con libertad provisional, se dedicó a reorganizar el Partido. La volvieron a detener en 1942, y tras pasar por la DGS acabó en los sótanos de penadas de la cárcel de Ventas esperando 5 meses una ejecución que finalmente se conmutó por 30 años de prisión mayor. Entró en la cárcel con 22 años y salió con 40. En los centenares de testimonios orales recopilados durante décadas por Tomasa Cuevas, Manolita explicaba que “lo mejor de la prisión era la maravillosa organización del Partido, que te hacía sentirte plenamente feliz por cuanto allí se trabajaba. Era la Guerra Mundial y leíamos cuanto caía en nuestras manos. Teníamos organizados grupos de cultura y se daban cursillos políticos bien programados que nos formaban muchísimo; teníamos una biblioteca ambulante, y con nuestras aportaciones íbamos comprando libros que todas leíamos. (…) En el año 42 debíamos ser alrededor de ocho o nueve mil mujeres”.

Por allí pasaron Nieves Torres, Concha Carretero, Juana Doña, Tomasa Cuevas, Julia Manzanal, Trinidad Gallego, en otras 5.000 presas políticas que no ocuparon cargos de responsabilidad pero que con sus luchas ayudaron a que otras los ocuparan.

CENTENARIO CON VOCACIÓN DE FUTURO, EL RELEVO CONTINÚA

Por eso en el homenaje del PCM intervinieron sindicalistas de la dirección de CCOO reconociéndose herederas de aquellas mujeres, anónimas o no, que como Dolores entendieron que “la lucha es el único camino”. En la lucha clandestina de CCOO cayeron muchas en la cárcel. Una de ellas fue Nati Camacho, que entró en 1968 en la misma cárcel de Ventas por la que habían pasado su madre y su abuela décadas antes.

La Presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres de Madrid recordó cómo en 1965 el Partido y las militantes comunistas crearon el MDM, que fue la primera organización de mujeres que luchó contra el franquismo y que sirvió no sólo para coordinar la lucha de las mujeres de los presos sino también para organizar a las amas de casa del movimiento obrero.

Hubo más frentes desde los que se abrieron grietas a la dictadura, como la lucha vecinal organizada en barrios y municipios. Según explicó Silvia González, responsable de Igualdad de la FRAVM, las mujeres siempre estuvieron en la primera línea de acción aunque, ayer como hoy, están insuficientemente representadas.

Las mujeres también protagonizan abrumadoramente el movimiento por el derecho a la vivienda. Paca, es una de ellas. Llegó desde Extremadura -recién operada- para recordar a las presas republicanas, pero también a las que fueron detenidas por haber practicado abortos, adulterio o desahucios. Enfatizó que las mujeres son el pilar de la PAH (Plataforma de Afectados por las Hipotecas), “las que vamos a las asambleas, las que trabajamos y cuidamos a nuestra/os hija/os, las que paramos la destrucción con nuestros cuerpos, y las que fuimos tiradas al suelo y detenidas”. Paca mostró cómo la lucha continúa, y lo hizo reivindicando el derecho a un techo con suministros y exigiendo que la Ley de la Vivienda sigua adelante, “porque cuando tengamos techo estaremos en condiciones para seguir luchando por otras causas”.

El colectivo 13 espinas de Ciudad Lineal, las Juventudes Comunistas, el PCM y el PCE mostraron que a las presas y a las ejecutadas por franquismo no se las olvidan, que tienen relevo y que la lucha sigue. También lo hizo la joven voz y guitarra de Tierra Roja, recordando que somos muchas, estamos unidas y seguimos luchando por un mundo digno de ser vivido.

Publicado en el Nº 344 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2021

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