Quesquesé la cultura

Cortarse la coleta (y otros dicharachos del saber popular) Ampliación de alusiones con frases hechas

José María Alfaya 28/06/2021

Un joven líder de la política española presenta la renuncia a todos sus cargos y a renglón seguido se corta literalmente la coleta que, colateralmente, formaba parte de su imagen pública. Sabido es que lo de cortarse la coleta es una de tantas frases hechas que atesora un significado distinto a la literal alusión a prescindir de una forma de adorno capilar.

Por supuesto, los comentarios de los exégetas de guardia han tratado de sacar punta a la anécdota de barbería y también ha habido ocasión de escuchar sensatas intervenciones de quienes critican que la visita al peluquero se convierta en un evento de enrevesado sentido político, habiendo como hay tantos temas interesantes para debatir sobre el personaje, su trayectoria, sus ideas y los resultados de su quehacer como líder de una organización política y miembro de un gobierno de coalición.

Pero sucede también que, ya puestos a apoyarnos en juegos de palabras de innegable saborcillo tradicional popular, hubiera convenido ampliar el número de referencias y no quedarse tan sólo con una que explicita la renuncia a seguir actuando. Permitidme que os ofrezca una ampliación de alusiones sobre el personaje y sus circunstancias con frases hechas referidas a las partes del cuerpo humano, desde la cabeza a los pies y desde arriba hacia abajo, porque él no era muy partidario de lo de derecha e izquierda.

El joven líder parecía no tener un pelo de tonto. Ni ser un cabezahueca. Más bien aparentaba tener más de dos dedos de frente, no tener pelos en la lengua, meter la nariz, hincar el diente (con el colmillo retorcido), poner el dedo en la llaga, dar la cara, echar en cara, tener siempre algo en la punta de la lengua, echar una mano, sacar las uñas, hablar hasta por los codos, trabajar a brazo partido sin dar el brazo a torcer, siempre con la frente en alto, tomándose las cosas a pecho, teniendo la cabeza en su sitio y los pies en el suelo.

Sus partidarios se hacían la boca agua, él era para ellos mano de santo, el que entraba con buen pie, el líder por el que hubieran puesto la mano en el fuego, con el que se sentían uña y carne porque siempre estaba a mano, porque tenía ojo, porque se dejaba la piel y no se cortaba un pelo, como Estanislao Figueras que llegó a decir: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”.

Sus detractores afirmaban que su presencia en el gobierno era una tomadura de pelo, que su protagonismo era de andar de boca en boca, que quería tapar el sol con un dedo, que tenía cara (dura) y oídos sordos, que se levantaba y entraba con el pie izquierdo, que decía las cosas con la boca pequeña, que no daba pie con bola, que metía la pata, que no tenía ni pies ni cabeza, que se rascaba la barriga, que se creía el ombligo del mundo, que era un bocazas…

Dígase lo que se diga, el debate puede resultar interesante si hay voluntad de no dejarlo reducido a un titular acompañado de guiño malicioso. Y porque hay interrogantes cuya respuesta nos interesa. Por ejemplo: ¿El líder aludido traía de cabeza a sus adversarios políticos? ¿Se les caía la baba a sus partidarios? ¿Andaban con ojo? ¿Alguien no pegaba ojo? ¿Quién dormía a pierna suelta? ¿Quiénes estaban hasta las narices? ¿Quién se encogía de hombros? ¿Quién estaba de brazos cruzados? ¿Pudo salvarse nuestro líder por un pelo? ¿Quién lo ha tratado con la punta del pie?

Algún día todas las respuestas estarán disponibles en Wikipedia. ¿Quién se encargará de escribirlas?

Publicado en el Nº 345 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2021

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