Documentos para un centenario PCE (1921-2021)Crónicas de manifestaciones estudiantiles en Madrid, octubre de 1955 y febrero de 1956

Francisco Erice. Fundación de Investigaciones Marxistas 07/07/2021

Presentación de documento nº 33

En los años que siguen al V Congreso, la implantación y capacidad de incidencia del PCE experimentaron un evidente desarrollo, gracias al surgimiento de focos de descontento nuevos en el interior del país y a la capacidad de los comunistas para detectarlos, pese a algunos errores en la valoración del régimen y a los excesos de voluntarismo. Junto al movimiento obrero, sector siempre preferente en la política del partido, la atención al trabajo entre los intelectuales y los estudiantes comenzaba a ofrecer los primeros frutos.

Así, gracias a algunos contactos anteriores y sobre todo al trabajo clandestino desarrollado por Jorge Semprún (alias Federico Sánchez), fueron configurándose los primeros grupos con escritores y cineastas (Eugenio Nora, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Ángela Figueras, Juan Antonio Bardem, Julio Diamante, Ricardo Muñoz Suay, etc.), y se constituyó la primera célula de estudiantes en la universidad madrileña.

La inquietud en el sector estudiantil y el desarrollo de fuertes sentimientos de desafección al régimen en su seno parecían cada vez más patentes, según las encuestas y análisis sociológicos de la época. Ya a comienzos de 1954, una manifestación sobre Gibraltar convocada por el Sindicato Español Universitario, el SEU (la estructura de encuadramiento del régimen para los estudiantes) desembocó una verdadera batalla campal contra la policía. Los primeros comunistas organizados comenzaron a trabajar en las elecciones legales del SEU y plantearon la celebración de un Congreso Universitario de Escritores Jóvenes.

La plataforma legal creada para este proyecto favoreció la agitación estudiantil, cuyo primer estallido notable tendría lugar en octubre de 1955, con el homenaje callejero y tumultuoso a Ortega y Gasset (“pensador liberal”) que se relata en una de las crónicas de Mundo Obrero aquí recogidas. Ante esta situación, las autoridades dieron marcha atrás, desautorizando el mencionado Congreso de Escritores, que derivó hacia la propuesta de un Congreso estudiantil por la democratización de la universidad frente al dominio del SEU. La movilización de enero y febrero de 1956, con fuerte protagonismo de los estudiantes comunistas, vino a culminar la agitación previa y a provocar una crisis política de cierta trascendencia. Tal como se relata en el segundo de los textos recogidos, la publicación de un manifiesto que denunciaba la mediocridad intelectual de la universidad y la necesidad de su democratización, seguida de la recogida de firmas en la perspectiva del congreso democrático, dio lugar a las agresiones de grupos falangistas y los enfrentamientos que se relatan en la crónica, bastante fidedigna en lo fundamental, aunque con algunas exageraciones.

Lo más llamativo de todo ello fueron las repercusiones de unos sucesos en los que los militantes comunistas tuvieron un papel fundamental, aunque siempre mezclados con otros antifranquistas. A la detención de los elementos más significados (estudiantes y algún intelectual) se sumó esta vez nada menos que la declaración del primer estado de excepción del régimen y el cese del ministro de Educación, el democristiano Joaquín Ruiz Giménez, así como de alguno de sus colaboradores de talante más “liberal” y abierto, como el rector de la universidad madrileña Pedro Laín Entralgo.

La euforia del PCE con los acontecimientos fue considerable. Poco después, el 1 de abril, fecha simbólica del final de la guerra, los estudiantes comunistas firmaban con los de la recién constituida ASU (Asociación Socialista Universitaria) un nuevo manifiesto que tuvo menos repercusión, pero en el que se planteaba ya de manera clara la idea de la “reconciliación nacional”.

***

Con motivo de la muerte de Ortega y Gasset. Una gran manifestación estudiantil antifranquista en Madrid.

La actitud, hipócrita y vil, de las jerarquías del régimen y de la Iglesia en ocasión de la muerte del filósofo liberal José Ortega y Gasset, ha provocado una profunda indignación en amplios medios universitarios e intelectuales.

No vamos a hablar aquí de la filosofía idealista de Ortega, ni de otros aspectos de su personalidad. Pero sí es preciso decir que, en el recuerdo de los españoles, el rasgo de su vida que se destaca hoy por encima de todos los otros, es su participación, al lado del pueblo, en la lucha contra la monarquía borbónica y contra la dictadura primorriverista, contra los residuos feudales que envenenaban entonces -y envenenan hoy- la sociedad española; por la República. Y más recientemente, su negativa a desempeñar su cátedra, por no querer ocupar ningún puesto oficial al servicio del gobierno franquista.

Estos aspectos de la personalidad de Ortega y Gasset son los que los franquistas han querido borrar. Para ello no se han detenido ante nada. Ni ante el respeto debido a los muertos. Han difundido la especie de que Ortega ha muerto “en el seno de la Iglesia”. Lo cual es mentira, como lo saben perfectamente todas las personas medianamente enteradas, y como se deduce de las propias contradicciones en las que han incurrido las informaciones “oficiales”. El entierro se hizo con gran discreción y rapidez, escamoteándose el cuerpo del filósofo al homenaje de sus admiradores.

Pero esta actitud abyecta de los franquistas ha tenido efectos contrarios a los que ellos esperaban.

La irritación entre los estudiantes fue enorme. Se difundieron profusamente en la Universidades esquelas de Ortega –“Filósofo liberal español”- convocando, en nombre de la “Juventud Universitaria”, a una reunión el 21 de octubre en los patios de la Facultad de Derecho. Acudieron VARIOS MILES DE ESTUDIANTES. Se pronunciaron discursos, exaltando sobre todo los aspectos más positivos de la vida de Ortega y Gasset. Intervino, como un desaforado, el Decano de Derecho, para intentar cortar la manifestación, o al menos aplazarla. Los estudiantes no le hicieron caso, y decidieron ir en cortejo al cementerio de San Isidro, a depositar una corona de laurel sobre la tumba del filósofo.

Por la Gran Vía y la calle del Carmen, una manifestación de 2 a 3.000 estudiantes desembocó en la Puerta del Sol. El tráfico quedó interrumpido en las calles céntricas de la capital. Las autoridades y la policía, sorprendidas, desconcertadas por la amplitud y la fuerza de la manifestación, no se atrevieron a hacer nada. El cortejo siguió hasta San Isidro, pasando por los barrios viejos. Varios estudiantes hablaron ante la tumba de Ortega y Gasset. Uno de ellos declaró: “Es el homenaje de la juventud universitaria, de los universitarios SIN UNIVERSIDAD que somos. DE LOS QUE HEMOS TENIDO QUE APRENDER MUCHAS COSAS FUERA DE LAS AULAS, EN LIBROS QUE NO SON LOS DE TEXTO, EN IDIOMAS QUE NO SON EL ESPAÑOL”.

La manifestación ha tenido un carácter de protesta y de lucha contra el oscurantismo clericalfascista que impera en la Universidad -y en toda la vida oficial del país-, por una cultura progresista y científica, por una universidad regenerada sobre bases democráticas. Ha sido un acto político de gran valor, enfilado contra la dictadura franquista, en pro de las libertades democráticas. “Lo importante aquí -decían los estudiantes en el curso de la manifestación- es testimoniar nuestra adhesión a la actitud política de Ortega en el período de la lucha por la República Y manifestar nuestra oposición al régimen franquista”. Este espíritu animaba a la mayor parte de los estudiantes.

¡Qué admirable ejemplo de sensibilidad política han dado los estudiantes demócratas de Madrid! Teniendo en cuenta los sentimientos de la inmensa mayoría de los estudiantes, su indignación contra la comedia jesuítica organizada por los franquistas con motivo de la muerte de Ortega y Gasset, han sabido plasmar estos sentimientos en una acción de masas; movilizar a un número muy elevado de estudiantes; y llevar a cabo una manifestación profundamente política. Primero en el recinto de la Universidad. Pero luego, en las calles céntricas de la capital.

¡Con qué claridad se ha puesto de relieve el creciente debilitamiento y descomposición de la Falange y del régimen franquista! El S.E.U. no tuvo ni tiempo ni posibilidad de intervenir. No se le vio por ningún lado.

Mas la debilidad de los franquistas no se reflejó sólo en el plano universitario. Uno de los hechos más salientes ha sido la pasividad absoluta de la policía, que no ha podido impedir el que las masas estudiantiles se manifestasen en el centro mismo de Madrid, y ante el propio edificio de la Dirección General de Seguridad.

La manifestación estudiantil de Madrid confirma la justeza de las posiciones políticas del Partido Comunista sobre las crecientes perspectivas que existen para impulsar la lucha popular contra el franquismo. Es una nueva prueba de los grandes cambios que se están operando en el estado de espíritu de las masas, y en particular de las nuevas generaciones. Sólo los ciegos pueden dejar de ver que están madurando las condiciones para que se desarrollen en nuestro país acciones y luchas más amplias y potentes contra la aborrecida dictadura fascista. Crece la voluntad de las masas de actuar, de luchar. Hay más decisión para llevar las protestas a la calle. España está hoy repleta de materia inflamable, y las acciones de masas pueden surgir por muy diferentes motivos, como acaba de mostrarlo la manifestación de los estudiantes madrileños.

El deber de los militantes y las organizaciones comunistas es estar muy atentos a estos cambios que se producen en la mentalidad y en la disposición combativa de las masas. Y no sólo para conocer cómo piensan éstas, sino para encabezar y orientar, utilizando todas las oportunidades, sus acciones y sus luchas contra el franquismo, por el triunfo de la democracia.

[Mundo Obrero, 15 de noviembre de 1955]



Valientes manifestaciones estudiantiles en las calles de Madrid, a los gritos de ¡Abajo el S.E.U.! ¡Abajo la Falange! ¡Queremos sindicatos libres!

Jamás, desde que la negra dictadura franquista oprime a nuestro país, habían sido las calles de la capital teatro de manifestaciones políticas tan potentes, tan fervorosas, como las que han tenido lugar los días 8 y 9 de febrero.

Estas manifestaciones estudiantiles han proclamado, en el corazón mismo de Madrid, con gritos atronadores, lo que todo el mundo piensa: han expresado el odio a la Falange y el régimen, el deseo de un cambio democrático. Han sido una demostración grandiosa de la fuerza y amplitud de la oposición. Una prueba palpable de que la crisis del régimen está ya en la calle.

El breve relato que sigue, y en el que se recogen algunos aspectos de las manifestaciones reviste un gran valor político, porque atestigua la combatividad y valentía de los estudiantes y el desmoronamiento de la Falange, la podredumbre y descomposición del franquismo.

UN MANIFIESTO FIRMADO POR MILLARES DE ESTUDIANTES.

El 1 de febrero, empezó a circular por las diversas Facultades un documento dirigido al gobierno en el cual se expresan los problemas más angustiosos que tienen hoy planteados los estudiantes, y se demanda la convocatoria de un Congreso democráticamente elegido por los estudiantes. Publicamos de él u extracto en otro lugar del periódico.

Es poco decir que fue recibido con calor en los medios universitarios. Los pliegos de firmas en apoyo del documento se cubrieron con gran velocidad, en medio del mayor entusiasmo. Firmaron estudiantes de todas las ideologías, incluidos algunos hijos de ministros del gobierno de Franco. Firmaron no pocos catedráticos auxiliares y profesores ayudantes.

En UN SOLO DÍA, VARIOS MILLARES DE FIRMAS en favor del documento testimoniaron con una fuerza impresionante la auténtica voluntad de los estudiantes españoles.

Al percatarse de la amplitud de la movilización de los estudiantes en torno al manifiesto, cundió la alarma en los círculos del gobierno y de la jefatura de la Falange.

Estos llamaron a Serrano, el recién nombrado jefe del SEU, para ordenarle que cortase la recogida de firmas en la Universidad. Serrano dijo que no podía cumplir esta orden porque el SEU carece de fuerza efectiva.

La dirección de la Falange decidió entonces hacerse cargo, “ella misma”, de esa misión. Pero ¿en qué estado se encuentra la Falange? En un estado de disgregación casi total. Pocos días antes de los hechos que estamos relatando, en el propio “Hogar de la Guardia de Franco” de Madrid, el retrato del dictador había sido descolgado. En la Jefatura Política de la Falange del Distrito del Centro, se acababa de celebrar una especie de “congresillo”, cuyas conclusiones acusan a los mandos nacionales de la Falange de traición, de haberse vendido a la monarquía; les niegan el derecho usar los “emblemas” de la Falange, etc. etc.

Para organizar una intervención falangista por la fuerza en la Universidad, la dirección nacional de la Falange tuvo que recurrir a la hampa de pistoleros y elementos desclasados que tienen enchufados en su abultado aparato burocrático, como ordenanzas, recaderos, funcionarios, etc. Estos forajidos a sueldo de la Falange han sido la fuerza utilizada, con la aprobación del gobernador civil de la capital, para la lucha y la represión contra los estudiantes.

No ha sido, pues, una “lucha entre estudiantes”. Ha sido una lucha de los estudiantes, en su aplastante mayoría antifranquistas, de muy diversas tendencias, frente a los ataques y atropellos de unas bandas armadas falangistas formadas de individuos extra-universitarios.

EL PRIMER ASALTO A LA FACULTAD DE DERECHO.

El día 7 de febrero, esas bandas falangistas entraron en la Facultad de Derecho, en actitud de provocación y amenaza. Atacaron a varios estudiantes. Se produjeron violentos choques. Y es sintomático que entre los estudiantes heridos por los falangistas figuren los hijos de los ministros González Gallarza y Arias Salgado.

El decano de la Facultad de Derecho protestó contra la invasión del recinto universitario por los elementos falangistas armados. Estos agredieron al Decano brutalmente. Más tarde, Franco le ha destituido de su cargo.

Después de algunas peleas, la banda de maleantes falangistas fue arrojada por los estudiantes de la Facultad.

Al mismo tiempo, la Falange se lanzó por los más diversos medios a una campaña de amenazas enfilada a sembrar el miedo en los medios estudiantiles e intelectuales. Personalidades conocidas por sus ideas liberales recibieron llamadas telefónicas en la que se les amenazaba de muerte. Los falangistas se esforzaron por crear un ambiente de “pogrom”. Andaban a la búsqueda de cualquier pretexto para desencadenar una ola represiva contra la oposición.

LOS ESTUDIANTES DUEÑOS DE LAS CALLES DE MADRID.

De nada le han servido a la Falange sus intentos de intimidación.

El día 8 de febrero, como protesta contra la intervención de elementos falangistas armados el día anterior dentro de la Facultad de Derecho, los estudiantes de esta Facultad, y de otras, se declararon en huelga.

A las once de la mañana, unos dos mil estudiantes de Derecho y de otras Facultades se concentraron en San Bernardo. Allí se organizó una gran manifestación que se dirigió hacia la Gran Vía. La manifestación transcurrió pacíficamente durante la primera parte de su recorrido.

¡ABAJO EL SEU! ¿ABAJO LA FALANGE!

¡QUEREMOS SINDICATOS LIBRES!

¡QUEREMOS UN CONGRESO DEMOCRÁTICO DE ESTUDIANTES!

Estos potentes gritos, lanzados por valientes pechos juveniles, atronaban las calles céntricas de la capital.

Una prueba patente de la debilidad del gobierno es que no se atrevió a emplear la policía armada para reprimir la manifestación. La fuerza pública había recibido instrucciones de retirarse. Ni siquiera se veían las clásicas parejas de vigilantes en las esquinas. Los guardias urbanos manifestaron una pasividad absoluta.

Al pasar la manifestación delante del Ministerio de Gobernación, se recrudecieron los gritos de los estudiantes contra la Falange y contra el régimen.

El público acogía a la manifestación con un gran alborozo, con signos emocionantes de simpatía.

Los estudiantes antifranquistas han sido dueños ese día de las calles céntricas de la capital durante cerca de una hora. El tráfico fue paralizado por completo en la calle de Alcalá.

Mientras tanto, las bandas falangistas se movían. Desde por la mañana, se apreciaba por las calles la circulación de camiones con la matrícula FET, cargados con falangistas de paisano, con abrigo, aunque debajo llevaban el uniforme. A eso de las 123 de la mañana, cuando la cabeza de la manifestación estudiantil llegaba a la altura del Ministerio de Educación Nacional, surgieron grupos de falangistas uniformados y bien armados con porras de plomo, cachiporras de madera con clavos, y saquetes de arena, que atacaron brutalmente a la hasta entonces pacífica manifestación.

Se produjeron los primeros heridos entre los manifestantes. El público se solidarizó con los estudiantes, haciendo patente su indignación por la conducta de los falangistas. Estos golpearon a algunas personas que intentaron oponerse a sus designios.

La manifestación estudiantil se separó en grupos de unos 30 o 40 estudiantes. Ello hizo que los falangistas también tuvieran que dispersarse. En diversas calles se entablaron peleas, en las cuales los estudiantes lucharon en mejores condiciones que al principio, golpeando a los forajidos falangistas.

UN DIÁLOGO ANTE EL PÚBLICO.

Pasado el primer momento de sorpresa, una parte de la manifestación estudiantil consiguió rehacerse en la calla de Alcalá y se concentró a la puerta del Ministerio de Educación Nacional, en cuyo interior la Guardia Civil tomó posiciones defensivas, una vez cerradas y fortificadas las puertas.

En ese momento apareció el delegado del distrito universitario del SEU quien se ofreció a dialogar con los estudiantes. La discusión se desarrolló en presencia del público que llenaba las aceras.

Los estudiantes acusaron al SEU de haber organizado contra ellos una cobarde agresión.

- Lo que queremos -dijo un estudiante- es organizarnos en los sindicatos que nos ofrezcan garantías de libertad de expresión y que sean capaces de defender nuestros intereses profesionales, cosa que el SEU no ha hecho en ningún momento.

El jefe seuísta alegó que el SEU no tenía el apoyo de los estudiantes.

- Bien, si queréis apoyo buscadlo entre los estudiantes falangistas y que nos dejen a los que no lo somos que nos sindiquemos donde queramos.

El falangista indignado le interpeló:

- Entonces, tú lo que quieres es volver a la época republicana, lo que deseas son los sindicatos comunistas.

- Yo no tengo nada que ver con el comunismo -respondió el estudiante- pero no podéis afirmar que todo el que quiera libertad de expresión es comunista.

El público manifestó su simpatía hacia los estudiantes, y su repulsa hacia la actitud del jefe falangista.

LOS FALANGISTAS NUEVAMENTE EXPULSADOS DE LA FACULTAD DE DERECHO.

Mientras acaecían estos hechos en la calle de Alcalá, otras bandas falangistas habían tomado posiciones en la Facultad de Derecho, ocupando casi militarmente el edificio.

Al volver la manifestación estudiantil a San Bernardo, se repitieron las agresiones de los grupos armados falangistas contra los estudiantes. Estos fueron a una obra cercana donde se armaron con troncos y piedras. Acometieron así la tarea de desalojar de la Facultad a los intrusos. Los éxitos que habían obtenido en varias luchas de calle les estimularon a entablar una nueva batalla en la que participaron incluso algunos estudiantes heridos con las cabezas vendadas. En lo alto de un taxi, un estudiante mostraba al público una cachiporra y un saco de arena conquistados a los falangistas, como una prueba de la alevosía de la agresión. Finalmente, los grupos falangistas armados fueron expulsados, después de recibir numerosos de ellos claras pruebas de la virilidad con que los estudiantes, una vez repuestos de la sorpresa, estaban dispuestos a seguir la batalla.

UNA PROVOCACIÓN FASCISTA.

El día 9, la universidad fue cerrada por orden gub3ernativa con el pretexto de que era “el día del estudiante caído”.

Algunos jerarcas de la Falange, con lo elementos extrauniversitarios que habían participado los días anteriores en las agresiones contra los estudiantes, tomaron parte en una brevísima ceremonia. La escasa asistencia, el ambiente de miedo y de fracaso, todo en dicho acto reflejaba la debilidad de la Falange, su disgregación.

Mientras tanto, las noticias de lo acaecido el día anterior corrían entre todos los estudiantes. En los Colegios Mayores reinaba una gran agitación. Los estudiantes decidieron organizar una nueva manifestación por las calles de Madrid.

Por Alberto Aguilera avanzaba una gran manifestación de estudiantes, provenientes principalmente de los Colegios Mayores. Los gritos de ¡ABAJO EL SEU! ¡ABAJO LA FALANGE! ¡QUEREMOS SINDICATOS LIBRES! ¡QUEREMOS UN CONGRESO DE ESTUDIANTES ORGANIZADO DEMOCRÁTICAMENTE! resonaban de nuevo por las calles céntricas de la capital, en medio del entusiasmo del público.

Se produjo un choque entre la manifestación estudiantil y los forajidos falangistas que acababan de participar en la ceremonia citada más arriba.

En ese momento estallaron unos tiros. Varios estudiantes cayeron heridos. Y también un falangista.

Contrariamente a las versiones publicadas en la prensa, por orden del gobierno, los tiros fueron disparados EXCLUSIVAMENTE POR LOS ELEMENTOS FALANGISTAS Y POLICÍACOS.

Ha sido una provocación policíaca, montada por el gobierno, y personalmente por el seudoescritor Comín Colomer, profesor de la Escuela de Policía, y encargado especialmente de la represión contra el movimiento de oposición entre los estudiantes y los intelectuales.

He aquí las pruebas irrebatibles de que los disparos ha n partido de los falangistas, y no de los estudiantes:

El único falangista herido ha recibido el tiro en la cabeza, pero no en la frente, sino por la parte de detrás. El tiro ha partido no de los que estaban enfrente de él, sino a su lado o detrás de él. Es decir, de los elementos maleantes reclutados por la Falange y por la policía para agredir a los estudiantes.

En el telegrama de la agencia “Cifra” publicado en toda la prensa el 11 de febrero, se dice: “nadie puede explicarse cómo se produjo el hecho”. ¡Eso equivale a una confesión explícita de que son los falangistas los que han disparado! Efectivamente, “el hecho” sólo tiene una “explicación” que se ajuste a la verdad: y es que ha sido un pistolero falangista quien ha disparado sobre Miguel Álvarez, con fines de provocación. Esa explicación, la prensa no la puede dar. Y por eso tiene que recurrir a la fórmula de que “nadie puede explicarse lo ocurrido…”.

Además, en la nota de 9 de febrero de la Junta de Gobierno de la Universidad, se reconoce que, además del falangista, huno otro herido grave UNIVERSITARIO RESIDENTE EN UN Colegio Mayor. ¿Por qué se han callado, en todas las notas oficiales, el nombre de ese herido grave? ¿Por qué se han callado los nombre de todos los otros heridos?

Porque todos ellos son ESTUDIANTES que participaban en la manifestación antifranquista, y que cayeron víctimas de los tiros disparados por los falangistas.

Las manifestaciones continuaron durante todo el día con gran amplitud en diversas calles de la capital.

HACIA NUEVAS LUCHAS…

En el momento de cerrar esta información, nos llegan diversas noticias, que confirman la decisión de los estudiantes de proseguir la lucha, pese a las medidas represivas adoptadas por el gobierno.

De Sevilla, de Granada y de otros lugares, nos llegan noticias de que se han producido huelgas y manifestaciones estudiantiles en apoyo y solidaridad con los estudiantes antifranquistas de Madrid.

[Mundo Obrero, febrero de 1956]

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