Sin cadena

Muchos deportistas presentes en Barcelona participaron en la lucha antifascistaLas olimpiadas populares de Barcelona El COI eligió al Berlín nazi en lugar de a la Barcelona de la libertad

Miguel Usabiaga. Escritor, arquitecto y director de Herri 10/07/2021

En este mes de julio, cuando se van a disputar los Juegos Olímpicos de Tokio, se conmemora el 85 aniversario de las Olimpiadas Populares de Barcelona que, teniendo prevista su inauguración el 19 de julio de 1936, no llegaron a celebrarse por culpa del golpe de Estado franquista. Unas Olimpiadas organizadas como oposición a las previstas en la Alemania nazi en ese mismo verano. Conviene rememorar aquel acontecimiento que combinaba una propuesta de deporte popular, como una guía para la vida saludable, con la propaganda de unas ideas que iban a cambiar el mundo de base y, como consecuencia, todas sus expresiones culturales.

Es precisa la lucha de ideas en el deporte, un espacio de fuerte alienación actual donde se enajena al individuo en lugar de hacerlo crecer y empoderarse.
Recordarlo también porque fue un germen del movimiento que alumbró al Frente Popular. La alianza de la izquierda tuvo como campo de pruebas dos momentos estelares necesarios para la unidad popular: las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) y la Federación Cultural Deportiva Obrera (FCDO).

La unidad de los jóvenes comunistas y socialistas, haciendo converger sus organizaciones, disparó la adhesión hacia el cambio político y social, atrajo a sus filas a muchísimos jóvenes y llenó de nueva savia y de una desconocida alegría revolucionaria la actividad política juvenil.

La organización del deporte obrero y popular culminó en 1931 con la formación de la FCDO, recién instaurada la República, desde una indicación dada a los jóvenes comunistas españoles por la Internacional Deportiva Roja, un organismo con el que la Internacional Comunista pretendía llevar a las masas trabajadoras la idea de una vida sana y ganar adeptos para la revolución socialista. El despegue de la FCDO en la sociedad española vino precedido por su trabajo entre la clase obrera, en los clubes deportivos, y ayudado por el cambio de la Internacional Comunista al pasar de la táctica de “clase contra clase” a la estrategia unitaria de los Frentes Populares. Del izquierdismo con el que se recibió a la República se pasaba a ensanchar alianzas y a seducir no sólo a los hermanos socialistas sino también a las fuerzas progresistas y avanzadas en la pequeña burguesía.

El COI entre Barcelona y Berlín

La FCDO obtuvo un empujón enorme cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) designó como sede para las Olimpiadas de 1936 a Berlín en lugar de la favorita Barcelona. La burguesía, hegemónica en ese órgano, incluso la catalana presente en él, tuvo miedo, tras la reciente proclamación de la República, ante una situación revolucionaria que preveían en el horizonte para España. La indignidad de celebrar unas Olimpiadas en el Berlín nazi, contraviniendo todos los principios olímpicos, provocó un gran movimiento para organizar los Juegos alternativos en Barcelona como desagravio por la decisión del COI. Por eso se llamaron populares (porque extendían su alcance a toda la población antifascista, antirracista y antixenófoba) y no sólo obreras, como se habían llamado otros Juegos que ya se habían celebrado en Praga (1921), Francfort (1925), Moscú (1928) y Viena (1931) y Berlín (1931). Y como se llamarían las que tendrían lugar después en Amberes (1937).

En la noche del 18 de julio, Pau Casals dirigía los ensayos de la 9ª Sinfonía de Beethoven que la orquesta iba a ejecutar al día siguiente en la inauguración de la Olimpiada. Mientras tocaban se presentó un emisario que ordenó: “Suspendan el ensayo. Se ha producido un alzamiento militar en toda España. El concierto y la Olimpiada han sido suspendidos. Abandonen todos el local”. Casals se quedó consternado. Se dirigió a los músicos y les dijo: “No sé cuándo volveremos a reunirnos. Os propongo que, antes de separarnos, ejecutemos todos juntos la sinfonía”. Y levantando la batuta continuó.

Muchos deportistas presentes en Barcelona participaron en la lucha antifascista. Un caso destacable es el de los ciclistas del club fundado por el periódico socialista inglés The Clarion. En la delegación que Gran Bretaña envío a las Olimpiadas Populares había cinco miembros de este club. Algunos se quedaron, otros regresaron a Gran Bretaña y volvieron con las Brigadas Internacionales. Combatiendo en sus filas, cuatro ciclistas del Clarion murieron en la Guerra Civil: Roy Watts, Raymond Cox, Tom Oldershaw y Tom Durban.

Otro protagonista que cayó combatiendo fue Andrés Martín, secretario técnico de las Olimpiadas Populares de Barcelona y secretario general de la FCDO. La guerra contra la que se habían organizado, que sentían amenazante, se presentó de sopetón para refrendar su pronóstico. Andrés murió fusilado en Cáceres el 20 de septiembre de 1936. La prensa republicana reflejó así su asesinato: “Ha caído como caen los valientes, sin retroceder un solo paso, al frente de sus dos compañías del batallón ‘Pasionaria’. Herido de gravedad, continuó firme hasta que cayó prisionero y fue fusilado inmediatamente por los regulares de Yagüe”.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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