Documentos para un centenario PCE (1921-2021)Declaración del PCE 'Por la Reconciliación Nacional'. Junio de 1956

Francisco Erice 11/07/2021

Presentación del documento nº 34

La declaración “Por la Reconciliación Nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español” es uno de los documentos más importantes de la historia del Partido Comunista de España. Debe situarse en el contexto de los cambios en la política del partido progresivamente desarrollados desde el V Congreso, pero incluso dentro de esa línea de continuidad, la misma formulación que en 1956 se utiliza y la propuesta que transmite suponen un auténtico punto de inflexión. A partir de ese momento y hasta el final del franquismo, la “reconciliación nacional” se mantiene como “lenguaje” del PCE de manera más o menos permanente, con una notable flexibilidad y capacidad de adaptación a las sucesivas coyunturas.

El planteamiento de la Reconciliación Nacional culminaba el giro destinado a posibilitar una amplia política de alianzas con la finalidad de acabar con la dictadura y restablecer la democracia en España, sobre unas bases de entendimiento mínimas entre las fuerzas de oposición, particularmente las que iban surgiendo en el interior del país. Con algunas sugerencias previas, finalmente cristalizaba desde los primeros meses de 1956, cuando la idea o la consigna de la reconciliación comienza a ser evocada en la prensa comunista o en documentos como el manifiesto estudiantil del 1 de abril, hecho público justamente en el vigésimo aniversario del estallido de la guerra y coincidiendo con la emblemática fecha del final de la contienda. La idea fue madurando en los debates del Buró Político celebrados en Moscú y Bucarest entre febrero y abril; en junio se hizo pública la Declaración que aquí se reproduce, y el Comité Central de julio-agosto le otorgó el espaldarazo definitivo a la nueva política.

Como se ha señalado, en los debates internos de la dirección comunista aparece ya el tema más o menos veladamente suscitado con anterioridad, pero el detonante de la formulación lapidaria de la propuesta hay que relacionarlo, por un lado, con el impacto de las movilizaciones estudiantiles de enero-febrero de 1956 y algunos signos de activación de las protestas obreras en los meses siguientes; y por otro lado, con los cambios que introduce en el movimiento comunista internacional el XX Congreso del partido soviético (14-26 de febrero), incluyendo la aceptación de la diversidad de vías al socialismo (entre ellas la posibilidad de una “vía pacifica”) y las críticas a Stalin y el ”culto a la personalidad”.

Como es sabido, el hilo conductor de la iniciativa era la constatación de que la línea divisoria entre las dos Españas de 1936 debía ser superada, y que de hecho ya no respondía a las experiencias y los sentimientos de las jóvenes generaciones, sino que simplemente era utilizada por el régimen para perpetuarse y legitimarse. El PCE proponía enterrar cualquier “política de venganza” y se comprometía a aceptar los resultados de la voluntad popular manifestada en las urnas y la resolución pacífica, en el futuro, de los problemas nacionales. La declaración aludía a los cambios históricos que justificaban dicha propuesta en el contexto internacional (coexistencia pacífica, avances del socialismo, transformaciones en la Iglesia católica) y nacional (crisis y asilamiento del régimen, surgimiento de nuevas fuerzas políticas de oposición). Pero lo fundamental era el llamamiento a una amplia colaboración a las fuerzas opositoras de distinto signo, con el objetivo común de la instauración de la democracia “sin guerra civil ni convulsiones violentas”. Era precisamente esa convergencia amplia lo que permitía aislar a la dictadura y pensar en una “salida pacífica”. Esta colaboración se debía extender a lo político, pero también a la movilización social. No era difícil adivinar, en concreto, los guiños a sectores católicos que comenzaban a despegarse del régimen y participar ampliamente en labores de oposición, en el movimiento obrero y otros frentes de conflicto sociales y culturales.

La Política de Reconciliación Nacional (PRN) fue pronto sometida a duras pruebas que, a juicio de la dirección del partido, venían a avalar su indudable acierto. El crecimiento del partido y su influencia creciente en sectores diversos de la sociedad española (obreros, estudiantiles, intelectuales. etc.) y la dinámica movilizadora que acabaría por convertir al PCE en el centro mismo y el partido hegemónico del antifranquismo parecen, más allá de las contradicciones y algunos errores de apreciación y análisis, inseparables de la PRN, que desde el primer momento, para evitar rechazos entre la militancia, el PCE se esforzó en diferenciar de cualquier “reconciliación de clases” o negación del conflicto.

Más allá de las simplificaciones y las valoraciones esquemáticas que a veces se han hecho, la lectura atenta del texto permite apreciar los sentidos, el alcance, la diversidad de matices, los aspectos tácticos y las posibles derivaciones estratégicas presentes en la Declaración.

>> [PDF 16,8 MB] Documento Nº34. Declaración del Partido Comunista de España por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español. Junio de 1956

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