Nicaragua resiste ante una nueva ofensiva del imperialismo Bajo el asedio mediático, económico y político del imperialismo, el pueblo de Nicaragua celebra el 42.º aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista

Pedro Javier López Soler 19/07/2021

Nicaragua vuelve a estar de moda. El país centroamericano, o más concretamente su ejecutivo, se sitúa nuevamente en el punto de mira del imperialismo, resistiendo en las últimas semanas a una feroz ofensiva mediática, política y económica orquestada desde los Estados Unidos con el habitual seguimiento de sus gobiernos aliados, en especial de la Unión Europea. ¿El motivo? La cercanía de unas elecciones presidenciales que la oposición reivindica desde 2018, pero que, tal y como sentenció el presidente Daniel Ortega, se van a celebrar en los plazos establecidos por la Constitución, que marca para ello el próximo 7 de noviembre.

Frente a los ecos de una nueva intentona golpista, como la que protagonizó hace tres años la coalición de grandes empresarios, jerarcas eclesiásticos y partidos de derechas, la amplia mayoría social nicaragüense disfruta de los beneficios del gobierno de Ortega y se prepara para conmemorar el 42.º aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, que un 19 de julio de 1979 puso fin a la dictadura de los Somoza e inauguró una nueva etapa de soberanía nacional, democracia y justicia social como la que nunca antes había vivido el país.

Nicaragua festeja un nuevo aniversario de su revolución tras año y medio de lucha contra la pandemia de COVID-19 y sus consecuencias. Una batalla que refleja la fortaleza del modelo de bienestar social construido desde que en 2007 el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) volviera al poder tras 16 años de gobiernos neoliberales. Los datos hablan por sí solos: desde diciembre de 2019, ha habido menos de 7.000 casos de contagio, lamentándose la pérdida de 192 personas, según la agencia de noticias Reuters. Así pues, con el 93.58 % es el país centroamericano con un mayor porcentaje de recuperación, fruto de los avances en el sistema comunitario de salud, que exhibe con orgullo la construcción de veinte nuevos hospitales durante la segunda etapa del FSLN en el gobierno. Comparar estos datos con la vecina República de Honduras, 274.478 contagiados y 7.259 defunciones, ayuda a comprender el éxito de la estrategia nicaragüense para la lucha contra la pandemia, un plan de acción que ha sido alabado por el propio Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

Pese a los notables avances políticos del gobierno que presiden Daniel Ortega y Rosario Murillo, la oposición no ceja en su empeño por desestabilizar el país para propiciar su caída. Nada nuevo bajo el sol. La estrategia es la misma que han probado una y otra vez en las últimas décadas en América Latina, obteniendo un rédito mucho menor al esperado. No obstante, resulta interesante analizar la actual situación política que atraviesa el país.

Elecciones presidenciales

Previstas por la Constitución para el 7 de noviembre, todas las encuestas vaticinan un arrollador triunfo del FSLN con Daniel Ortega como candidato a la presidencia. La oposición, desarticulada tras el fracaso del golpe de Estado, se descompone en sangrantes luchas internas de poder. En tres años no han sido capaces de construir un espacio electoral unificado, ni de promocionar a un candidato o candidata capaz de disputarle la presidencia a Ortega. Más al contrario, sus cada vez más menguadas fuerzas se han escindido en una diáspora de pequeñas organizaciones enfrentadas entre sí, con programas políticos muy dispares y multitud de aspirantes a ocupar la disputada casilla presidencial.

Conscientes de su debilidad para enfrentar a «Unida, Nicaragua Triunfa», la alianza impulsada por el FSLN en unión a ocho partidos y cinco movimientos políticos, la oposición trata de impugnar el proceso electoral, desconociendo unos resultados que aún distan más de cuatro meses de producirse.

Justicia contra el golpismo

El golpe de Estado de 2018 tuvo unas terribles consecuencias para Nicaragua: 298 víctimas mortales, 205 millones de dólares en pérdidas del sector público, 231 millones de dólares en pérdidas del sector turístico, 525 millones en pérdidas en el sector del transporte, 7 mil millones de córdobas (moneda nicaragüense) en reducción del presupuesto general de la República y supresión de 119.567 empleos.

Los ejecutores de estas criminales consecuencias tratan de disfrazarse de presos políticos cuando son llevados a rendir cuentas ante la justicia. En las últimas semanas, algunos de los dirigentes del golpismo han sido detenidos por la Policía Nacional de acuerdo a la propia legislación aprobada por el gobierno neoliberal de Violeta Chamorro, que castiga penalmente a quienes alienten la intervención extranjera en el país. Así pues, los medios de comunicación al servicio del imperialismo intentan convencer a la opinión pública mundial de que en Nicaragua hay presos políticos, cuando la realidad es más banal. Se está juzgando a criminales, golpistas y corruptos, que en los últimos años se han beneficiado de las millonarias ayudas que organismos internacionales les concedían para desestabilizar la nación y forzar la caída de la revolución sandinista.

Una nueva ofensiva imperialista

Nicaragua avanza en paz hacia un nuevo proceso electoral que, previsiblemente, revalidará la hegemonía de la izquierda revolucionaria. En un contexto regional de derrotas para los intereses estadounidenses con las recientes victorias populares en Bolivia y Perú, la batalla por la presidencia de Nicaragua toma una especial relevancia en la estrategia del imperialismo en América Latina. Sirviéndose de sus instrumentos mediáticos, económicos y políticos, las garras de los injerencistas extranjeros vuelven a dirigirse sobre el país centroamericano. A la constante campaña mediática, se unen las sanciones económicas y las condenas políticas en parlamentos foráneos, que poco o nada tienen que ver con la realidad que vive el pueblo nicaragüense.

La oposición a Daniel Ortega exhibe músculo fuera de la nación que en 1933 liberara Sandino, pues en su interior no pueden más que asumir su fracaso. Sin estructuras organizativas sólidas, sin un tejido social que dé respaldo a sus propuestas, sin unidad programática ni una dirigencia común, los «puchos» nicaragüenses están condenados a morder el polvo de la derrota una vez más. Deben haberle cogido gusto a su sabor amargo.

El 19 de julio, pese a los Estados Unidos, la Unión Europea y las exiguas plataformas opositoras, será un día de celebración en Nicaragua. Miles de personas volverán a salir a las calles para rememorar las victorias de 1979 y 2018, la no menos heroica batalla contra la pandemia y a tomar impulso para culminar su intensa lucha con una histórica jornada el 7 de noviembre. Más que les pese a los imperialistas, en Nicaragua «nos ilumina un Sol que no declina, el Sol que alumbra las nuevas victorias».

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