Documentos para un Centenario PCE 1921-2021Resolución del Pleno del Comité Central del PCE sobre 'La situación en la dirección del Partido y los problemas del reforzamiento del mismo'. Agosto de 1956

Francisco Erice 21/07/2021

Presentación de documento nº 35

El Pleno del Comité Central celebrado en las proximidades de Berlín Este (República Democrática Alemana) entre el 25 de julio y el 4 de agosto de 1956 culminaba los cambios producidos en la política y la dirección del PCE en ese año trascendental. El también conocido como Pleno de la Casa del Lago por el lugar donde se celebró venía a inaugurar, además, una etapa en la que el hasta entonces congelado órgano colectivo máximo de los comunistas españoles comenzaría a reunirse con mayor frecuencia y asiduidad, reflejando así, simbólica y prácticamente, una mayor activación del partido.

En la reunión se abordaron los tres problemas fundamentales que, para los comunistas, se entremezclaban en la compleja y crucial coyuntura de 1956: la formulación y definición del “viraje táctico” o la nueva línea política emblematizada y presentada en torno a la idea-consigna de la Reconciliación Nacional; los efectos del XX Congreso del PCUS y el “Informe Secreto” sobre Stalin; y los cambios y adaptación de la dirección del partido a las nuevas situaciones.

El primero de los asuntos, previamente solventado con la Declaración de junio (véase documento anterior), volvería a ser abordado en el informe de la secretaria general, haciendo que el Comité Central asumiera y confirmara sin fisuras las nuevas orientaciones. Dolores aprovechaba también la ocasión para comentar los efectos del demoledor informe de Kruschov, englobando bajo el término “culto a la personalidad” las deformaciones denunciadas e intentando evitar las críticas al sistema socialista que pudieran deslizarse. Finalmente, como signo de los nuevos tiempos, proponía un acercamiento al Partido Socialista, superando anteriores desencuentros.

Un carácter más general tenía el informe presentado por Santiago Carrillo, que fungía ya como responsable de organización y “hombre fuerte” de la dirección. El contenido de su informe fue el que dio lugar a la Resolución que a continuación reproducimos. Empezaba Carrillo reafirmando las consideraciones de Dolores acerca del “culto a la personalidad”, asumiendo los términos en que la dirección soviética planteaba el problema, achacándolo a la mezcla de las difíciles circunstancias históricas de la construcción del socialismo y algunas peculiaridades del carácter de Stalin. Además, negaba rotundamente que las deformaciones hubieran afectado a los rasgos fundamentales del sistema, y aprovechaba para subrayar la inquebrantable y plena solidaridad con la URSS.

Pasaba luego Carrillo a analizar las repercusiones del “culto a la personalidad” y las vulneraciones de las normas democráticas en el partido español, achacándolas, entre otros factores, a la herencia recibida de otras corrientes obreras (socialista y anarcosindicalista), los problemas derivados de la clandestinidad y otros. Aunque entre sus derivaciones se citaba el endiosamiento de dirigentes como José Díaz y Dolores Ibárruri, finalmente se utilizaba a Vicente Uribe como chivo expiatorio y máximo exponente de las desviaciones, y se afirmaba que el PCE había comenzado, ya antes de la muerte de Stalin, su rectificación.

Es de destacar que este “ajuste de cuentas” con algunos sectores veteranos de la dirección (siempre dejando a salvo a Dolores) prolongaba las discusiones, acentuadas ya a lo largo de 1955, entre el grupo de “jóvenes” ubicado fundamentalmente en París (Carrillo, Claudín, etc.) y más centrado en las acciones en el interior de España, y el sector de los veteranos asentados en la Europa del Este y encabezados por Uribe. La crisis en la dirección, que había ido madurando, estallaría con motivo de la entrada de España en la ONU -que se cita en el documento- y las discrepancias de valoración que generó en el núcleo dirigente. Los debates en el Buró Político en la primavera de 1956 mezclaron la discusión sobre el “giro táctico” con los problemas de la dirección del partido, y el Comité central del verano concluyó el contencioso con el triunfo del grupo de Carrillo, apoyado también por Dolores. La incorporación al Comité Central o el ascenso al Buró de algunos destacados militantes vinculados a la lucha del interior o procedentes de la antigua Juventud Socialista Unificada (como Simón Sánchez Montero, Jorge Semprún, Santiago Álvarez, Ignacio Gallego o Fernando Claudín) iniciaba un proceso de renovación en la cúpula que pronto acabaría por relegar a la “vieja guardia”.

La Resolución que aquí se reproduce abordaba también los problemas de la organización y la necesidad de afrontar con flexibilidad y realismo una dispersión de efectivos y grupos que se trataba de ir situando en la estela -orgánica o política- del partido. También sistematizaba algunos de las propuestas ya planteadas en documentos anteriores sobre frentes de lucha (obrero, estudiantil, intelectual, campesino) y propaganda, o política de alianzas, concluyendo con un llamamiento a la amnistía y la vuelta de los exiliados. Todo un programa -o mejor, catálogo de intenciones- que, junto con la propuesta de la Reconciliación Nacional propiamente dicha, se irían poniendo a prueba en los siguientes y decisivos años.
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Resolución del Pleno del Comité Central sobre la situación de la dirección del Partido y los problemas del reforzamiento del mismo

El Comité Central del Partido Comunista de España, reunido en sesión plenaria, aprueba por unanimidad el informe presentado por el camarada Santiago Carrillo sobre el segundo punto del orden del día.

El Comité Central considera que el éxito de la aplicación de la línea política del Partido, orientada a facilitar la reconciliación de los españoles para una obra común de reconstrucción pacífica y democrática del país, depende en alto grado del desarrollo y fortalecimiento del Partido, de que sus organizaciones y militantes asimilen y apliquen con iniciativa y audacia la táctica de utilización de las posibilidades legales y extralegales, de que observen los principios leninistas de dirección del Partido.

I

El Plena ha examinado las cuestiones relativas al culto de la personalidad de Stalin y a sus graves consecuencias.

El Comité Central del Partido Comunista de España saluda la valiente autocrítica del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y manifiesta su completo acuerdo con la Resolución de éste sobre la eliminación del culto a la personalidad y sus consecuencias. En esta resolución se analizan profundamente los factores objetivos y subjetivos que engendraron esa desviación del marxismo, demostrándose que no es el producto del sistema socialista -como malévolamente pretenden los enemigos del comunismo- sino de un resultado de condiciones históricas concretas, en conjunción con ciertas características personales de Stalin. Con la crítica marxista del culto a la personalidad, el Partido Comunista de la U.R.S.S. ha prestado un servicio inestimable al movimiento comunista mundial y a toda la humanidad progresista.

El culto a la personalidad ha tenido consecuencias negativas para la Unión Soviética y para el movimiento revolucionario. Conducía a exagerar el papel de las personalidades y a disminuir el de las masas, frenando su iniciativa; a rebajar el papel del Partido en la lucha por el comunismo; a debilitar el ejercicio de la crítica y la autocrítica; a implantar métodos unipersonales de dirección; a limitar injustificadamente la democracia interna en el Partido y en el Estado socialista; al dogmatismo y estancamiento de las cuestiones teóricas, precisamente en un período de grandes cambios en que su desarrollo creador es de vital importancia.

Los audaces planteamientos del XX Congreso del P.C.U.S. y la Resolución del 30 de junio constituyen una ayuda efectiva al movimiento comunista y obrero para corregir los defectos y atajar los peligros que se derivan de la exageración del papel de las personalidades.

Al desarrollo del culto a la personalidad y sus grandes consecuencias en la U.R.S.S., contribuyeron de manera considerable algunas cualidades negativas de Stalin, que fueron acusándose en las difíciles condiciones históricas en que discurrió la lucha del Partido Comunista y de los pueblos de la U.R.S.S. para defender la Revolución frente a los enemigos de dentro y de fuera y realizar hondas transformaciones económicas y sociales en su país.

En ese largo período de lucha y de victorias Stalin se reveló como un gran organizador y brillante teórico marxista. Sin embargo, sus méritos comenzaron a ser desorbitados. Los éxitos logrados por el Partido y el pueblo le hicieron perder la cabeza. Stalin se colocó, en la práctica, por encima del Partido y del Estado.

Las limitaciones a la democracia interna del Partido y el Estado, obligadas en períodos de lucha armada y en otras circunstancias de excepción, fueron erigidas en normas de conducta. A agravar la situación contribuyó la errónea tesis de Stalin, según la cual en la U.R.S.S. se exacerbaba la lucha de clases al compás que avanzaba la construcción del socialismo. Así fue posible que prosperase la banda criminal de Beria y se cometiesen injusticias y gravísimas violaciones de la legalidad socialista.

El culto a la personalidad es ajeno a la ideología marxista. Frente a quienes reducen la Historia al papel de los jefes y tribunos, el marxismo proclama que son las masas populares los artífices auténticos del acontecer social; que el dirigente político, el tribuno, sólo es grande en la medida en que interpreta las aspiraciones de los hombres sencillos y sabe conducirlos por las rutas del progreso humano. Ningún hombre, por genial que sea, es capaz de llevar a cabo lo que sólo el pueblo, con sus inmensas energías, puede realizar. Ningún dirigente, aun siendo muy sagaz, puede reemplazar la sabiduría colectiva del partido Comunista. El olvido de estos principios teóricos sobre el papel de las masas y de los jefes en el decurso de la Historia está entre las fuentes del culto a la personalidad de Stalin.

La autocrítica de la dirección del P.C.U.S. a propósito del culto a la personalidad de Stalin está siendo utilizada por la propaganda reaccionaria para montar un ataque a fondo contra la Unión Soviética y el movimiento comunista mundial. Con esta propaganda la reacción internacional trata de descargar sobre el socialismo sus propias culpas. Las potencias imperialistas, que durante varias décadas concertaron sus fuerzas para aplastar en la cuna la primera revolución socialista, son los verdaderos responsables ante la Historia de que la revolución proletaria se viera obligada a recurrir a medidas extremas para defenderse, y de que en el curso de esa larga y dificilísima lucha se produjeran excesos.

Ahora los círculos más reaccionarios del imperialismo tratan de aprovechar la ejemplar autocrítica del Partido que dirigió la primera revolución socialista para sembrar la desconfianza en el seno del movimiento comunista e introducir en él corrientes nacionalistas burguesas, con el fin de quebrantar los lazos fraternales que unen a los obreros de todos los países y que son uno de los fundamentos principales de su fuerza.

A estas tentativas de la reacción, el Partido Comunista de España responde estrechando sus relaciones de solidaridad con todos los partidos comunistas y obreros y especialmente con el Partido Comunista de la Unión Soviética.

El Comité Central del Partido Comunista de España considera que con su autocrítica sobre el culto a la personalidad de Stalin y sus consecuencias, el Partido Comunista de la Unión Soviética ha demostrado una vez más su fidelidad a los principios marxistas leninistas. Esa conducta ejemplar acrecienta el respeto y la confianza de los comunistas españoles hacia la dirección del P.C.U.S., contribuye a vigorizar el internacionalismo proletario y acelera la marcha de los pueblos hacia el socialismo.

El Comité Central del Partido Comunista de España expresa a la Unión de Comunistas yugoslavos su sentimiento por la ruptura de los lazos que existieron entre ambos hasta 1948. Considera que fue errónea la aceptación formal por su parte de la resolución del Buró de Información, injusta por su contenido e incorrecta por sus procedimientos. El Partido Comunista de España desea restablecer los vínculos fraternales con los comunistas yugoslavos.

El Comité Central del Partido Comunista de España recomienda a todos sus militantes el estudio de la Resolución del Comité Central del P.C.U.S. sobre “La eliminación del culto a la personalidad y sus consecuencias”, estimando que constituye una contribución fundamental al análisis del problema y a las cuestiones teóricas ligadas con esta deformación del marxismo leninismo.

Con sus especulaciones en torno al culto de la personalidad y a sus derivaciones, la reacción también trata de desviar la atención de los comunistas y de las masas trabajadoras del grandioso panorama de realizaciones y perspectivas del socialismo presentado por el XX Congreso del P.C.U.S. El régimen socialista se ha mostrado superior al régimen capitalista tanto por el ritmo de su avance económico y cultural como por sus prodigiosas conquistas sociales. Su ejemplo ejerce un poderos influjo en la conciencia de la humanidad laboriosa.

Los planteamientos teóricos del XX Congreso sobre la coexistencia pacífica de los dos sistemas, sobre la posibilidad de evitar la guerra y sobre la diversidad de caminos en el tránsito hacia el socialismo, rompen viejos dogmas y concepciones y están llamados a estimular la energía revolucionaria y el pensamiento teórico en todo el movimiento comunista y obrero mundial.

El Pleno del Comité Central recomienda a los militantes del Partido seguir atentamente la discusión que tiene lugar en el movimiento comunista en relación con esos problemas y, en general, en relación con la asimilación crítica más profunda de las riquísimas enseñanzas acumuladas en la lucha por el socialismo en el período transcurrido desde la gran Revolución de Octubre, que ponen de relieve el triunfo del marxismo leninismo y el fracaso de las distintas corrientes del reformismo y el revisionismo. El estudio y asimilación de esta experiencia facilitará nuestra lucha por el socialismo en España.

El Pleno del Comité Central llama, asimismo, a los militantes del Partido a difundir y explicar entre el pueblo las grandes conquistas y realizaciones del socialismo en la Unión Soviética y las democracias populares.

II

El culto a la personalidad es un fenómeno que no ha existido solamente en el P.C.U.S. Ha existido en ciertas formas y proporciones también en nuestro Partido. El culto a la personalidad entre nosotros tiene su origen, por un lado, en la herencia de la política burguesa en la que el culto a la personalidad es práctica constante, fundada en conceptos filosóficos idealistas. El movimiento obrero revolucionario español ha sufrido desde su nacimiento esas influencias, puesto que se desarrolló en el marco de una sociedad impregnada de tal ideología.

En el P.S.O.E. y en el movimiento anarco-sindicalista, anteriores a la fundación del Partido Comunista, existían y siguen existiendo tales hábitos y nosotros, que hemos surgido de tales fuerzas, los hemos heredado. Partiendo de esa base, el culto a la personalidad se ha desarrollado y acentuado en nuestro partido a causa de la introducción del culto a Stalin y de las deformaciones que ese culto ha fomentado.

El culto a la personalidad se ha reflejado en la labor ideológica y en la vida orgánica del Partido. Ha sido un freno dogmático para la aplicación creadora de la teoría marxista-leninista a los problemas de la revolución española.

Nos ha llevado a exagerar el papel de los dirigentes, particularmente de los más destacados, como fue el caso, primero del camarada José Díaz y posteriormente de la camarada Dolores Ibárruri. Los presentábamos como los artífices de todos los éxitos del Partido, subestimando el papel del conjunto de este. Incluso los presentábamos, a veces, como los jefes del pueblo español, contradiciendo la realidad, que se caracterizaba por la existencia de diversas corrientes políticas en el pueblo, cada una de las cuales cuenta con sus propios dirigentes. Esto se hacía contra la voluntad de José Díaz y Dolores Ibárruri, a cuya modestia repugnaba dicha propaganda habiéndose opuesto a ella más de una vez.

Junto al exceso en las loas y los ditirambos, sin base científica alguna, contrasta -siendo una debilidad del Partido- la ausencia de un estudio serio, objetivo, científico y humano del papel real de estos camaradas, estudio que sería de gran valor educativo y político.

El culto a la personalidad, al exagerar el papel de los dirigentes y disminuir el de los militantes, al debilitar el espíritu critico que debe caracterizar a los comunistas, ha sido una de las causas principales de que se produjeran deformaciones en los principios y los métodos de dirección y de organización del Partido, deformaciones que representaban una transgresión del marxismo-leninismo.

A lo largo de los años ha existido una situación anormal en el funcionamiento de los órganos dirigentes del Partido. El Comité Central, cedía la mayor parte de sus prerrogativas de órgano supremo de dirección en manos del Buró Político que, de hecho, le reemplazaba en sus funciones. Y el Buró Político, a su vez, renunciaba a buena parte de sus propias atribuciones en el Secretariado y en el responsable de éste que, en la práctica se convertían en el órgano supremo de dirección, en contradicción con los principios y los Estatutos del Partido.

En los órganos de dirección inferiores se producía un fenómeno semejante. El secretario, o cuando más un pequeño núcleo de camaradas, absorbían las funciones de los comités y las organizaciones, decidiendo sobre todos los problemas esenciales.

Esto conducía a la limitación de la democracia en el interior del Partido, a frenar y coartar la iniciativa de los militantes, a que estos no jugasen en las decisiones todo el papel que les correspondía y que ningún grupo de dirigentes por muy capaz y honesto que sea, puede reemplazar. Privaba al Partido de la aportación vivificadora de las grandes fuerzas que existen en su seno y que sólo pueden manifestarse plenamente a través de un ejercicio más consecuente de la democracia.

Ello llevaba a exagerar la centralización, las atribuciones de los dirigentes; a la práctica del “ordeno y mando”. En ciertos casos, cuando a esto se unía en los dirigentes -como sucedió en el caso de Francisco Antón y de su principal colaborador Esteban Vega- rasgos personales caracterizados por una propensión al abuso de poder, se cometían verdaderas arbitrariedades contra militantes, vulnerando groseramente la ley del Partido.

Esta práctica, derivada del culto a la personalidad, que ha tenido como consecuencia la violación el principio de la dirección colectiva, del método de la crítica y autocrítica, de ciertas reglas de la democracia del Partido, y que ha conducido a una excesiva centralización, no puede explicarse de una manera seria, si no se tiene en cuenta las particularidades propias del desarrollo de nuestro Partido.

El Partido Comunista de España ha vivido y ha luchado, salvo breves períodos, en la clandestinidad o la semilegalidad. Esta vía de desarrollo no la hemos escogido nosotros, que preferimos actuar a la luz pública, bajo el control y la mirada del pueblo, sino las clases dominantes que han perseguido y persiguen furiosamente al Partido revolucionario de la clase obrera.

En la clandestinidad, con la teoría y la práctica del marxismo-leninismo, el Partido -para cubrirse de los golpes del enemigo- se ve forzado a introducir limitaciones en el ejercicio de la democracia y a acentuar la centralización. Ciertas medidas que impone la ilegalidad, sólo pueden ser tomadas por los órganos autorizados del Comité Central, órganos forzosamente restringidos, si se quiere conservar el secreto. Y en este caso, conservar el secreto significa velar por la vida del Partido y de los camaradas que ocupan los puestos más arriesgados en la lucha. Nuestros Estatutos, con justa razón, prevén y determinan esta mayor centralización en tanto duren las condiciones de ilegalidad. De la utilización de tal método por los órganos autorizados del Partido no puede prescindirse mientras exista esta situación.

Sin embargo, hay que reconocer que estas condiciones objetivas han facilitado el que excesos innecesarios de centralización y limitación de la democracia, ciertos métodos unipersonales y arbitrarios derivados del culto a la personalidad, prosperasen y fuesen tolerados más tiempo del debido, que no se introdujeran oportunamente las debidas correcciones.

Las exigencias crecientes que el desarrollo de la situación nacional e internacional presentaban ante el Partido, el fortalecimiento ideológico y político de éste, pusieron de manifiesto -cada vez con más evidencia- la existencia y la nocividad de dichos excesos. El Buró Político del Partido comenzó a aquilatar los peligros de esta situación, particularmente a raíz de 1951. En este año, la camarada Dolores Ibárruri, en su informe de octubre ante un grupo de cuadros y militantes del Partido, inició la crítica y autocrítica de tales excesos. Posteriormente, en 1952, la “Carta del Comité Central a las organizaciones y militantes”, significó un nuevo paso adelante en su corrección. Este paso fue ampliado y continuado en los planteamientos y resoluciones del V Congreso en el otoño de 1954.

Pero la ayuda decisiva para penetrar en el fondo de estas cuestiones nos la ha facilitado el XX Congreso del P.C.U.S. al denunciar el culto a la personalidad y exponer sus consecuencias. Ello es lo que ha permitido al Buró Político primero y -posteriormente- al Comité Central, lo que permitirá al Partido en su conjunto, abordar con toda profundidad estas cuestiones y corregir los excesos que, si bien no impedían, frenaban el desarrollo político, ideológico y orgánico del Partido.

En el Pleno del Comité Central, el Buró Político, encabezado por la camarada Dolores Ibárruri, ha hecho una valiente y profunda autocrítica de las repercusiones que en su funcionamiento ha tenido la práctica del culto a la personalidad. El Buró Político ha mostrado, sin veladuras, cómo las transgresiones al principio leninista de dirección colectiva, al centralismo democrático, han sido causa de la agravación de otros defectos.

En dichas transgresiones está el origen de la insuficiente elaboración, en ciertos casos, por el Buró Político de algunos problemas importantes de la política nacional e internacional; ellas han acentuado la subestimación de la labor ideológica y de la educación teórica, que fue siempre uno de los lados débiles de nuestro Partido, y han determinado el predominio del practicismo en muchos aspectos de la labor dirigente y la utilización de métodos burocráticos de dirección. Es lógico que si existían esos defectos en los órganos superiores del Partido, sus consecuencias repercutieran en toda la organización imprimiéndole su sello.

Al acelerarse el ritmo de los acontecimientos políticos en España, la contradicción entre estos métodos viciosos y las exigencias de la situación y del crecimiento del Partido, se agudizó y determinó una amplia lucha de opiniones e incluso la aparición de ciertas divergencias entre los miembros del Buró Político en la apreciación de la situación nacional e internacional.

La entrada de España en la O.N.U. puso de relieve dichas diferencias. El Pleno del Comité Central coincide unánimemente en considerar que la entrada de España en la O.N.U. junto con otros quince Estados, es favorable a la causa de la democracia española y de la paz mundial y de la coexistencia. Por ello, se manifiesta opuesto al contenido de la Declaración que apareció con la firma del Comité Central y que fue retirada más tarde por el Buró Político, en la cual se decía que el partido Comunista de España “tiene objeciones fundamentales respecto a la entrada de la España franquista en la O.N.U.”. Se muestra, en cambio, de acuerdo en que el artículo “Sobre el ingreso de España en la O.N.U.”, que apareció con la firma del camarada Santiago Carrillo, debe ser considerada como la opinión el Partido respecto a este acontecimiento.

Entre las causas de la apreciación errónea de algunos miembros del Buró Político sobre esta cuestión -que exigía un serio examen y haber dado a tiempo una orientación clara al Partido- se hallan: la insuficiente valoración de la fuerza y de la influencia del campo socialista mundial, la falta de estudio y profundización sobre el desarrollo de la situación en España y la influencia de corrientes características de “emigración”, propensas a olvidar que las fuerzas decisivas para el cambio de la situación política en nuestra patria son las que se desarrollan en el interior del país.

Los diferentes puntos de vista sobre la situación en el interior de España y la importancia de las manifestaciones estudiantiles de Madrid del mes de febrero, dieron motivo a una profunda discusión por parte del Buró Político. En esa discusión se pusieron de manifiesto dos posiciones: una, la justa, que ha predominado, consideraba la política de reconciliación nacional y la posibilidad de un cambio político como una consecuencia de la descomposición extrema del régimen franquista, de los progresos del movimiento de masas, del papel del Partido en este movimiento; como una continuación y desarrollo de nuestra política de frente nacional. La segunda posición se caracterizaba por una subestimación de la importancia del movimiento de masas y del papel del Partido en él, por una insuficiente valoración de los resultados obtenidos con nuestra política de frente nacional y por la sobreestimación de la solidez de la dictadura de Franco. Esta segunda posición ha sido rechazada por el Buró Político.

Como resultado de dicha discusión, la posición del Partido fue establecida en la Declaración de junio del Comité Central sobre la reconciliación nacional y la posibilidad de remplazar a Franco por la vía pacífica, posición que ha ratificado el Pleno del Comité Central.

En el curso de las discusiones habidas en el seno del Buró político, se ventilaba la lucha no sólo por posiciones políticas justas, sino por la aplicación de los métodos leninistas de dirección, tal como lo había decidido el V Congreso y, sobre todo, como nos ha enseñado el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Esta lucha se ha visto frenada por la actitud del camarada Vicente Uribe, responsable del trabajo operativo del Buró político durante largos años, reacio a la dirección colectiva, a la crítica y a la autocrítica, propenso a la autosatisfacción, al empleo de métodos unipersonales de dirección, inclinado al practicismo y a la subestimación del trabajo ideológico. Ante el Comité Central el camarada Vicente Uribe ha reconocido sus defectos y hecho su autocrítica.

También han sido un obstáculo las vacilaciones del camarada Antonio Mije, que en las discusiones del Buró Político no adoptó la actitud firme y consecuente que correspondía. El Comité Central espera que esta experiencia servirá de lección al camarada Mije en lo sucesivo.

La reunión plenaria del Comité Central ha representado un paso importante en el establecimiento de los principios y normas leninistas del Partido.

El que el Buró Político haya planteado ante el Pleno del Comité Central para su discusión una serie de cuestiones de vital importancia para nuestro Partido y para la lucha de nuestro pueblo representa un importante cambio de métodos. Significa una ruptura con el erróneo y tradicional sistema que considera que solamente un grupo reducido de dirigentes debe conocer y resolver los problemas más delicados del Partido.

El Pleno considera una necesidad ineludible que se asegure el funcionamiento del Comité Central como verdadero órgano colectivo dirigente del Partido; que el Comité Central se reúna y discuta lo más frecuentemente posible, que sea consultado e informado con la regularidad que las circunstancias lo permitan; que cada miembro del Comité Central se considere y sea efectivamente un verdadero dirigente del Partido.

El Pleno del Comité Central expresa su acuerdo sobre la necesidad de terminar con la división entre la labor de emigración y la del interior de España y en que el Buró Político centre su actividad en las cuestiones del país. Está, asimismo, de acuerdo en restablecer la secretaría de organización.

El Pleno del Comité Central se manifiesta unánime en apreciar que el profundo contenido crítico y autocrítico de los informes presentados ante el Comité Central por el Buró Político representa un ejemplo de actitud leninista ante las deficiencias y los errores. Saluda esta actitud autocrítica considerándola una gran enseñanza para los órganos de dirección y para todo el Partido. Esta enseñanza debe ser aprovechada por todos los militantes para esforzarse más en la eliminación de las insuficiencias y errores, para que se abra un amplio cauce al ejercicio de la crítica y la autocrítica en el seno del Partido, para reforzar la unidad de este último en torno a los principios y métodos leninistas, en torno a la línea política del Partido y a su Comité Central.

El Pleno del Comité Central considera un gran mérito del Buró Político los esfuerzos que ha venido realizando por penetrar más a fondo en el análisis de la situación de España, en los cambios que en ella se operan y elaborar así la táctica más acertada.

El Pleno del Comité Central considera plenamente justa y necesaria la propuesta del Buró Político de proceder a su reforzamiento, ampliándole con la elección de nuevos miembros.

El Comité Central tiene conciencia de la responsabilidad que le incumbe por no haber realizado los suficientes esfuerzos a partir del V Congreso para cumplir con el papel que, como órganos superiores del Partido, entre Congreso y Congreso, le asignan los Estatutos. El desarrollo de la discusión, profundamente crítica y autocrítica, en esta sesión plenaria, crea todas las condiciones para que el Comité Central cumpla en lo sucesivo su alta función dirigente.

III

Los importantes cambios políticos producidos en España abren nuevas y más amplias posibilidades de desarrollo y fortalecimiento del Partido. Se expresan dichos cambios en la atmosfera de reconciliación nacional; en la amplitud que adquiere en nuestro país el movimiento de oposición a la dictadura, que abarca desde la clase obrera a la burguesía no monopolista; en la influencia creciente de la política de paz y coexistencia de la U.R.S.S. y del campo del socialismo.

En función de todo ello se modifican las relaciones entre los comunistas y la casi totalidad de los grupos políticos de oposición en el país. Entre algunos de éstos y nosotros se ha pasado de la hostilidad abierta al diálogo. Así sucede, por ejemplo, con demócratas cristianos, con liberales, incluso con falangistas disidentes, llegándose en algunos casos a acciones conjuntas para fines determinados y concretos, contra la dictadura del general Franco. Esta nueva actitud de diferentes fuerzas políticas y sociales del país hacia nosotros frena la política represiva de la dictadura.

Ello no puede llevarnos a olvidar, de todos modos, que los elementos más comprometidos de la camarilla y del aparato represivo siguen asignándose como objetivo primordial perseguir a los comunistas, lo cual exige mantener despierta la vigilancia revolucionaria en el Partido.

El Pleno del Comité Central comprueba que la labor tenaz que durante años ha venido desarrollando en orden a reagrupar a los militantes está dando resultados positivos. Hoy contamos con organizaciones regulares del partido, ligadas al Comité Central, en los principales centros del país.

No es sólo ésta la fuerza real del partido. En el país existen otras organizaciones que llamaremos “irregulares”. Hay actualmente decenas y decenas de grupos de militantes que buscan el contacto con el Comité Central, o que lo mantienen de forma intermitente o irregular. Estos grupos conocen nuestra política y hacen esfuerzos por aplicarla en las específicas condiciones en que se desenvuelven. Indudablemente, constituyen una fuerza real del Partido, a la cual los órganos de dirección deben prestar la máxima atención y ayuda.

Existe otro tipo de grupos de militantes con características peculiares. Se hallan formados en torno a viejos camaradas y realizan un cierto trabajo político, aunque no estén ligados orgánicamente con el Comité Central. En otro período, estos grupos fueron un serio obstáculo para el desarrollo de la organización regular del Partido, por su incomprensión y retraso. Ahora los cambios en la situación de los que ellos tienen conciencia, los impulsan a modificar también su actitud y a incorporarse a la lucha, ligándose paulatinamente a la organización regular del Partido.

Existen, asimismo, otros grupos que van surgiendo al calor de nuestra propaganda, sin contacto orgánico con nosotros, al principio. Se trata de jóvenes que se organizan para actuar como saben y pueden, considerándose comunistas.

Hay, por último, infinidad de miembros del partido que han trabajado en la organización en diferentes períodos; parte de ellos han pasado largos años en la cárcel. Estos camaradas siguen el desarrollo de la situación, dan opiniones y orientan a su manera a círculos más o menos amplios en los que tienen una indudable influencia.

Partiendo de esta realidad, hemos de desplegar los mayores esfuerzos para establecer relaciones que faciliten la incorporación de miles de estos militantes a la vida activa y orgánica del Partido. Esto exige de los miembros de los organismos dirigentes una gran amplitud de visión, de iniciativa, una clara conciencia política, para hallar los métodos y formas adecuadas a fin de orientar no sólo a los militantes organizados regularmente, sino también a toda esta organización irregular, a toda la fuerza real del Partido.

Los problemas de la organización del Partido hay que verlos con flexibilidad, sin esquematismo. La fuerza y el desarrollo del Partido no se miden, principalmente, por el número de militantes de sus organizaciones, sino por su capacidad para movilizar a las masas; por la calidad y el dominio de los órganos dirigentes en el arte de aplicar la línea del Partido con espíritu creador, no limitándose a repetir fórmulas correctas; sabiendo hallar las consignas y objetivos que correspondan a las aspiraciones e intereses reales de las masas.

Hay que comprender la organización y desarrollo del Partido de forma viva, en íntima relación con el movimiento y la acción de las masas. Deben corregirse con firmeza las concepciones de algunos miembros del Partido que ven el desarrollo de la organización de forma estática.

La extensa simpatía que hoy rodea al Partido, la profunda influencia que poseemos, no es factible transformarlas totalmente en organización, bajo las condiciones de la dictadura fascista. Lo que sí podemos hacer, y ello representará un avance extraordinario en la vida del Partido incluso antes de que desaparezca la dictadura, es desarrollar nuestro Partido vinculándolo tan estrechamente a las amplias masas que aunque sea una organización clandestina, numéricamente reducida, esté en condiciones de obtener los mejores frutos de su gran influencia.

La situación política, la amplitud que está adquiriendo el movimiento de masas, exigen que el Partido disponga de numerosos cuadros capaces de organizar y dirigir las luchas de la clase obrera, de los campesinos y de la intelectualidad. Nuestra política de cuadros hemos de verla en relación con la situación existente en el país. Camaradas que en otros momentos de la lucha no estaban en condiciones de actuar como dirigentes de la clase obrera y de las masas, hoy pueden estarlo, si les prestamos la ayuda política necesaria. Los viejos militantes del Partido constituyen una cantera de cuadros que necesitamos, y no debemos escatimar esfuerzos para recuperarlos.

Al mismo tiempo hay que promover con audacia a aquellos miembros del Partido que se distinguen en el trabajo, que tienen posibilidades de desarrollo político e ideológico, y que son reconocidos por las masas como sus dirigentes.

Las organizaciones del Partido, tanto en el interior como en la emigración, deben examinar los casos de los militantes sancionados, separados o expulsados del Partido. Y salvo cuando lo hayan sido por sus relaciones con la policía y otros actos de traición, o por su degeneración política y moral, es necesario realizar un serio esfuerzo para atraerlos de nuevo a las filas del Partido.

***

El desarrollo de la situación de nuestro país y, principalmente las acciones de las masas en la primavera pasada, muestran que todas las fuerzas populares y nacionales, cuyos intereses son dañados por la dictadura, actúan y luchan en defensa por sus reivindicaciones económicas y políticas.

En su acción, las masas utilizan las propias organizaciones creadas por el régimen (sindicatos, hermandades, etc.), al mismo tiempo que otras formas extralegales. Esto hace que en el transcurso de la lucha, en un proceso rico de contenido, se vayan desarrollando, de una parte, formas de trabajo de masas legales con un carácter de oposición dentro de las mismas organizaciones del régimen, o al margen de ellas; de otra parte, formas de organización extralegales, nacidas en el curso de la lucha misma.

Así vemos cómo, en el seno de los sindicatos verticales creados por el régimen para maniatar a los obreros, y como consecuencia de la presión de éstos, muchos enlaces sindicales, vocales y presidentes de secciones sociales y de jurados de empresa, e incluso funcionarios sindicales que pertenecieron o pertenecen aún oficialmente a la Falange, comienzan a utilizar sus cargos en defensa de los intereses de los obreros.

En algunos lugares, estos hombres han empezado a agruparse, a crear una organización de cuadros sindicales de carácter unitario, paralela a la organización oficial, para mejor defender los intereses de los obreros, para crear las bases de una organización sindical independiente que agrupe a todos los trabajadores.

De otra parte, en el curso de las grandes huelgas y acciones de la clase obrera durante la primavera pasada, sobre todo en Vizcaya, han desempeñado un gran papel las comisiones obreras surgidas en las fábricas, elegidas democráticamente por los obreros, que han actuado como representantes de éstos y en calidad de tales han discutido con las autoridades.

Estas comisiones, expresión de un alto grado de desarrollo de la conciencia de las masas, se están transformando en auténticos comités obreros, de carácter unitario, en órganos más permanentes de dirección de las acciones reivindicativas de los trabajadores.

Estas dos formas de organización, surgidas de la iniciativa creadora de las masas, tienden a combinarse, a armonizarse, a fundirse, pues ambas pueden y deben complementarse y constituir el esqueleto de la futura organización sindical independiente, democrática, donde tengan cabida en igualdad de derechos y condiciones todas las tendencias existentes entre los obreros.

Los comunistas debemos trabajar por impulsar ese proceso hacia la creación de una organización sindical unitaria, que puede ir forjándose dentro del mismo cascarón del sector obrero de los sindicatos verticales, en lucha contra el carácter corporativo y gubernamental que éstos tiene. Al hacerlo así, los comunistas estamos convencidos de que cada paso que demos en esa dirección constituirá una victoria, no solamente en el terreno de la lucha actual por las reivindicaciones de la clase obrera y contra la dictadura, sino en orden al futuro movimiento sindical unido de los obreros españoles.

En toda esta situación, las Hermandades de obreros católicos y las J.O.C. van adquiriendo un desarrollo que no podemos desconocer. Los trabajadores acuden a ellas impulsados, unos por sus sentimientos religiosos, otros porque son las únicas organizaciones obreras que tiene hoy carácter legal al margen de los sindicatos verticales, y en cierto modo en oposición a ellos.

Debemos trabajar por realizar la unidad en la acción con los obreros católicos, para ayudarles a utilizar el carácter legal de sus organizaciones en defensa de las reivindicaciones esenciales de la clase obrera. Sólo conseguiremos unirnos a ellos en la acción si tenemos un profundo respeto por sus creencias religiosas, que no están en contradicción con aquello que nos une: los intereses generales de los trabajadores.

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La miserable situación en que viven los obreros agrícolas, como consecuencia de los bajos salarios y del paro estacional, de la no aplicación de los seguros sociales en el campo, les impulsa a luchar por mejorar sus condiciones de vida.

También los campesinos pobres, medios y ricos plantean sus reivindicaciones: contra los impuestos abusivos, particularmente el impuesto provincial, y los bajos precios que perciben por sus productos que han de vender a los monopolios, por la libertad de comercio; contra la concentración de grandes extensiones de tierra en manos de terratenientes ociosos.

Bajo la presión de los campesinos, las Hermandades de Labradores comienzan a hacerse eco de sus reivindicaciones y van dejando de ser un instrumento de la política oficial. Esta presión, que se acentuará en la medida en que nosotros sepamos ayudar a los campesinos a formular sus reivindicaciones y a organizar la acción para hacerlas triunfar, puede acelerar el proceso que se desarrolla dentro de las Hermandades a fin de transformarlas en un movimiento unitario y democrático de todos los campesinos.

Una tarea de primer orden para los comunistas, y en especial para los que viven en núcleos industriales cercanos a las zonas campesinas, es ayudar a los obreros agrícolas y a los campesinos a encontrar las formas de organización más adecuadas en cada lugar para luchar por sus reivindicaciones concretas.


Trabajando para que las secciones sociales de las Hermandades sean elegidas por los obreros agrícolas y defiendan los intereses de éstos; por que los obreros agrícolas puedan elegir también enlaces sindicales tanto en las explotaciones donde hay obreros fijos como en los tajos durante las faenas agrícolas. Combinando la acción legal dentro de las hermandades con la acción extralegal podremos ir agrupando a los obreros agrícolas y sentando las bases de su lucha y de su unidad.

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Los comunistas debemos tener conciencia de lo que representa la juventud, que es el porvenir de la patria; así como también de las diferencias casi insuperables que para su desarrollo profesional, cultural, deportivo, etc., encuentran los jóvenes en las condiciones que ha creado la dictadura.

Contra esas dificultades se levanta la juventud que quiere ganar un jornal de acuerdo con el trabajo que realiza, que quiere tener acceso a la cultura, poder formar un hogar, vivir dignamente. Lucha y se esfuerza por utilizar las posibilidades legales que se le ofrecen en las escuelas profesionales, dentro de los sindicatos verticales, las organizaciones deportivas, recreativas, etc.

Los comunistas tenemos el deber de orientarles y ayudarles. Dentro de todas esas organizaciones legales, en pequeñas agrupaciones excursionistas, deportivas, culturales, etc. que existen o se pueden crear, debemos esforzarnos por organizar a los jóvenes en la acción por sus reivindicaciones. El Partido debe prestar una atención particular al trabajo entre la juventud.

A través de una actividad que se inició en los marcos legales del S.E.U. y que ha culminado en las valerosas acciones de febrero y de abril, los estudiantes han planteado y defendido sus reivindicaciones profesionales y han luchado contra el monopolio político del S.E.U. en la Universidad española.

En el curso de su acción, han cristalizado diversos grupos políticos en la Universidad, siendo prácticamente eliminado el S.E.U. de la vida universitaria, y se han creado las bases de una organización estudiantil independiente, democrática, donde tengan cabida todas las tendencias existentes hoy en la Universidad. La petición de celebrar un Congreso Nacional de Estudiantes expresa ese deseo.

Los comunistas tenemos el deber de apoyar los esfuerzos de los estudiantes por sus reivindicaciones y por crear su propia organización unitaria independiente.

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Entre los intelectuales, en la gran masa de funcionarios civiles y militares del Estado, de los Ayuntamientos y Diputaciones, en capas muy amplias de la pequeña burguesía y también en determinados sectores de la burguesía no monopolista -de la que es un núcleo muy importante y característico la burguesía textil catalana- se desarrollan actualmente corriente de oposición cada vez más decididas a la dictadura.

Y es que todas esas capas sociales, en mayor o menor grado, pero siempre de forma creciente, ven lesionados sus intereses por la política económica del régimen que tiene su expresión en el mantenimiento de sueldos y remuneraciones netamente insuficientes; en el peso exorbitante de los impuestos; en los privilegios concedidos a los monopolios; en la militarización de la economía y en el continuo crecimiento de los gastos improductivos; en la pérdida de mercados exteriores como consecuencia de su dependencia unilateral de la economía norteamericana; en la estrechez del mercado interior a causa de la miseria de las masas.

Los comunistas debemos comprender que los intereses de todas estas capas sociales coinciden hoy objetivamente con los intereses esenciales de los trabajadores y debemos esforzarnos por apoyarles en todas sus justas reivindicaciones, por establecer el diálogo y llegar a acuerdos con todas las fuerzas político-sociales que se opongan a la dictadura o a aspectos concretos de su política. En este acuerdo reside hoy, esencialmente, la posibilidad de un cambio pacífico en España.

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El Pleno del Comité Central ha examinado la labor de propaganda y agitación del Partido y considera que, si bien se han realizado progresos desde el V Congreso, existen todavía deficiencias y debilidades que es preciso corregir.

Particularmente alentador es el progreso realizado por ciertas organizaciones del Partido en el país en la edición y difusión de propaganda, dando prueba de mayor iniciativa en este terreno. El Comité Central llama a las organizaciones del Partido a dedicar mayor atención al fortalecimiento y ampliación de la labor de agitación y propaganda.

Para ello deben utilizarse, asimismo, las posibilidades legales o semi-legales que ya existen y que se amplían cada día más.

MUNDO OBRERO y otras publicaciones han mejorado su contenido y su difusión. Pero debemos esforzarnos aún más en la elaboración concienzuda de los materiales, basada en el estudio de los hechos comprobados y de su análisis a la luz de nuestra teoría y de nuestra política, huyendo de toda ligereza, de toda superficialidad; eliminando por completo toda fraseología huera y mejorando en lo posible la forma literaria.

El Comité Central aprueba la iniciativa del Buró Político de crear una Comisión de Propaganda que preste su colaboración en un aspecto tan importante de trabajo, esforzándose por utilizar las valiosas iniciativas que se han aportado en la discusión.

El Comité central considera que el Partido no ha prestado hasta ahora la debida atención a la lucha en el frente ideológico.

Pese a las orientaciones del V Congreso y al creciente interés por el estudio que se manifiesta entre los militantes, no se ha dedicado a la dirección y organización del estudio del marxismo-leninismo en el seno del Partido es esfuerzo necesario. Sólo en el ultimo período se han dado algunos pasos, y ello en escala insuficiente. El Comité Central encarga al Buró Político tomar las medidas necesarias para corregir radicalmente esta situación.

El Comité Central aprueba la iniciativa del Buró Político de crear una Comisión para el trabajo ideológico que se esforzará por utilizar todas las fuerzas de que dispone el Partido capaces de aportar su contribución a estas tareas, tanto las de procedencia intelectual como las de formación autodidáctica.

Deberá asegurarse la salida más frecuente y regular de NUESTRA BANDERA y elevar el nivel teórico y político de sus trabajos.

El Comité Central aprueba la iniciativa de la publicación de una revista ideológica en la que las diversas cuestiones filosóficas, históricas, económicas, estéticas, etc. sean tratadas desde el ángulo del marxismo-leninismo, con el debido rigor teórico y literario.

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Una de las exigencias de la reconciliación nacional de los españoles es que se creen las posibilidades para que vuelvan al país los emigrados políticos. Teniendo en cuenta la amplitud que reviste el movimiento de oposición a la dictadura y la campaña por la amnistía y por el retorno de los exiliados que se viene realizando dentro y fuera de España, se están creando las condiciones para que una parte creciente de la emigración política pueda regresar al país.

En la actualidad, bajo la presión de estas amplias corrientes de opinión, las autoridades comienzan a autorizar el regreso legal de ciertos emigrados políticos no muy caracterizados que una vez en España, desenvuelven su vida de trabajo en las mismas condiciones en que vive nuestro pueblo.

En esta situación, el papel de la emigración política -que tanto ha elevado el prestigio y la autoridad de España ante el mundo- cambia, y su actuación debe ser orientada aún mucho más a sostener y en la medida de lo posible, a ir fortaleciendo el movimiento de oposición que crece en España. Esta es, a nuestro juicio, la tarea esencial de la emigración y, muy particularmente, de los comunistas.

En adelante, y en mucha mayor medida que en el pasado, los esfuerzos de los comunistas emigrados deben centrarse en el estudio de los problemas del país, de la línea política del Partido, de la teoría del marxismo-leninismo, para adquirir una mayor preparación teórica y una más clara comprensión de nuestra política y nuestras tareas en España.

[Mundo Obrero, agosto-septiembre de 1956]

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