Esperando a los bárbaros

Salvemos Doñana No se puede poner a la zorra del neoliberalismo a guardar las garzas reales. Y esto es lo que está ocurriendo con ese desarrollismo a ultranza

Felipe Alcaraz Masats 23/07/2021

El corazón natural de la política (la izquierda roja, verde y violeta) tiene en Doñana un seña de identidad cordial, innegociable.

Y es preciso gritarlo, y ponerlo en una agenda permanente, aunque rompamos el espejo concertante de la llamada nueva normalidad. No se puede poner a la zorra del neoliberalismo a guardar las garzas reales. Y esto es lo que está ocurriendo con ese desarrollismo a ultranza al que no le cabe Doñana en la cabeza, que cree que no tiene sentido en tiempos de “recuperación” económica y piensa que esas miles de hectáreas salvajes son un lujo improductivo.

El asedio es permanente por tierra, mar y cielo. Desde las extracciones y almacenamientos de gas al anuncio constante de nuevas alfombras de asfalto. Pero el Tribunal de Justicia de la UE ha puesto el dedo en la llaga al señalar por dónde >se nos muere Doñana>: la sobreexplotación del acuífero 27. A veces se realiza alguna movilización, cada vez más esporádica, o se escribe un artículo, cada vez más lánguido, pero el parque de Doñana (como diría Vallejo) sigue muriendo.

El acuífero 27 es una inmensa cavidad subterránea, semiconfinada, perteneciente a la cuenca del Guadalquivir, que, con sus aguas subterráneas, da sangre y vida a Doñana. Pero a ese almacén de agua le han salido muchos novios, desde el consumo humano a, sobre todo, los pinchazos ilegales (más de mil) para la producción agrícola intensiva, en manos de particulares y de grandes empresas, que tienen en Huelva un asentamiento cada más fuerte, sobre todo en torno a la producción de frutos rojos, dada la facilidad para su exportación temprana a altos precios.

Doñana, por eso, agoniza. Agoniza lentamente, con cierta placidez, pero agoniza. Lo dice mucha gente, cada uno a su manera. Lo dice la comunidad internacional de científicos y lo dicen decenas de grupos ecologistas; lo dice la Sociedad Española de Ornitología y lo dice la UE, ahora, hace unos días, a través de su Tribunal de Justicia; lo dicen los más notables hidrogeólogos de España y el mundo; lo dice el muy aquilatado informe de expertos del Fondo Mundial. Y modestamente lo decimos nosotros, los/las comunistas, desde hace mucho tiempo.

A veces desde el borde de la carretera, viendo pasar a los manifestantes (con banderas rojas, verdes y violetas) se nos ha gritado con agresividad que tendremos que elegir entre los pájaros y las personas. Como si eso fuera así. Como si arrasar Doñana en nombre de la economía extractiva y el empleo (precario), fuera lo humanamente deseable. Les contestamos que no, indicándoles que cada vez hay mayor entendimiento entre los hombres y los animales del Coto (así se llama en la zona a Doñana). Salvar Doñana es mucho más que salvar un nombre o despejar el falso desarrollo de la zona. Nos duele igual la desforestación de Siberia o el asesinato de la selva en la Amazonía. Estamos simplemente hablando de futuro. Y hablar de futuro habitable para Andalucía, y todo el país, es hablar de su corazón verde, de ese universo poblado de lagartijas colirrojas, zorzales, ánades o andarríos.

Ahí van algunas razones más, con sus nombres propios, que están hablando desde su belleza en defensa de Doñana: el galápago europeo, el sapo de espuelas, la culebrilla ciega, la tortuga mora, al aguilucho lagunero, el águila imperial, el corremolinos, la focha cornuda, el fumarel cariblanco, la garza real, la gaviota argentea. La malvasía, el pato colorado, el porrón moñudo, el ruiseñor bastardo, el zampullín cuellinegro, el gato montés, el gamo, el lince, la musaraña común, el meloncillo...

Y razones de otra índole: Pinares y lentiscar, monte blanco y monte negro, el juagarzo y el brezal, la marisma, los alcornocales, los lucios y charcales, las dunas litorales, el junco de mar, la enea, la mejorana, el cantueso, la castañuela, la flor de san Juan, los corrales, el coranzoncillo, la aulaga pequeña, los sabinares, los pinares y las lagunas.

Salvar Doñana, en suma, desde una perspectiva ecológica, enfrentarse a la devastación y al mercado salvaje de la posnormalidad, es una estrategia irrenunciable, sin la cual la política, diaria o mensual, no tendría sentido; ni tendríamos sentido nosotros.

Un mundo irrenunciable nos convoca: el de las ginetas y las oropéndolas, el del gato montés y el pato malvasía. Codo con codo sabremos defender nuestro futuro. Ginetas y oropéndolas, ánades y garzas reales, hombres y mujeres. Hablamos propiamente de una reconciliación, de un frente común. Nos va mucho en ello.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

En esta sección

Unblock Cuba. Un documental de Sergio GregoriEl alma de los perrosLa complicidad con la guerra imperialista en AfganistánPíldoras que dejaron las vacacionesUna feria de vanidades

Del autor/a

Salvemos DoñanaPostnormalidadCuba, no estás solaJosé Manuel Caballero Bonald, poeta insobornable y compañero de luchaExiste el amor centenario