El último sprint de Miguel Durán, la ONCE y la responsabilidad del Estado (4)

Ricardo Gayol. Abogado y presidente de la Asociación PUEDO de la ONCE 23/07/2021

La acaparación por Unidad Progresista de todo el poder institucional de la ONCE implicó un cambio sustancial de hábitos políticos y de gestión. La prioridad económica se centra en las aventuras empresariales, en la gestión de recursos humanos desaparecen las oposiciones, los servicios sociales para afiliados sufren un estancamiento considerable y la Fundación ONCE va sorteando sus obligaciones para aportar a duras penas su contribución a los proyectos del sector con un retraso evidente.

Se olvidan por completo proyectos muy llamativos como la red de residencias para mayores, el plan gerontológico, el plan de prevención de la ceguera, el estudio para la evaluación de la educación integrada, el plan de alfabetización y el programa institucional para jóvenes.

La relación con el gobierno sigue con altibajos pero empieza a surgir un grado de complicidad importante para compartir determinados proyectos de interés común. Una visita de Txiki Benegas a Miguel Durán en su despacho el 5 de noviembre de 1991 puede ser la foto definitiva del reencuentro.

En este aspecto, resultan oportunos dos grandes eventos del país que la ONCE va a secundar con interés y, sobre todo, con muchos recursos. La Expo 92 de Sevilla y los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92. La Fundación ONCE monta un pabellón en la Expo y la aportación de la ONCE a los Juegos Paralímpicos ronda los cinco mil millones de las pesetas de entonces. Así, los fastos del 92 se convirtieron al final en un vínculo muy sólido entre la ONCE y el gobierno.

Antes, en diciembre de 1990, tiene lugar el III Congreso de Unidad Progresista (UP) que supone un retroceso absoluto en sus planteamientos democráticos y en su programa social. No se nota en absoluto la desaparición del grupo conservador anterior, denominado CUPÓN, pues es ahora UP quien asume esa política. Incluso la inmensa mayoría de los consejeros de la oposición de entonces se incorporaron de forma natural al nuevo grupo dominante para obtener puestos bien remunerados aunque tuvieran menor rango político.

La política institucional se convirtió en un reparto de prebendas personales que garantizaban de por vida el poder omnímodo del único grupo gobernante posible en mucho tiempo. La participación democrática, que había sido una nota característica de los años ochenta en la entidad, quedó completamente desbancada, reforzado además por la nueva mayoría sindical de la Unión de Trabajadores de la ONCE (UTO) para que ese ámbito quedara también bajo control del poder, pues a ese sindicato pertenecía ya toda la dirección de la ONCE y era una pieza clave para mantener el poder también en el colectivo laboral de la institución.

Pero el conflicto del abono semanal provocó el 1 de junio de 1991 una manifestación ante el Consejo General, donde se quemó un muñeco con la efigie de Miguel Durán, en la que participaron mil personas, un número relevante para un tema interno.
Dicho conflicto rompió las costuras de UTO y UP hasta que Solchaga suprimió el invento.

Los críticos se mueven con valor

La consumación del poder monolítico de UP, con sus incorporaciones conservadoras, provocó algunas reacciones lógicas dentro y fuera del grupo dominante. La plena exclusión del grupo de los 19 de cualquier presencia política antes y después del Congreso de UP produjo una clara desafección de éstos respecto a la nueva línea seguida. De ahí surge la llamada Corriente Crítica de UP que presenta un manifiesto crítico con la marcha de la entidad, el cual se entrega simultáneamente a la dirección y a la prensa el 12 de junio de 1991. El escándalo fue sonado y Gayol y García Soria son cesados de las responsabilidades menores en que habían quedado en la nueva legislatura. El impacto es considerable y la ministra Matilde Fernández les recibe en un clima de diálogo diferente al que existe en la ONCE pero sin consecuencias reales. Miguel Durán controla la situación. Después de apartarle de su cargo como asesor del Director General para Asuntos Institucionales, incluso se permite poner seguimientos a Gayol para vigilar todos sus movimientos. Se hace necesario realizarle un requerimiento notarial para advertirle de la ilegalidad de esa actuación. La reduce pero vuelve a activarla ocasionalmente. Gayol consigue saber que es la empresa VINSA, de la propia ONCE, la que le persigue y a través de una contravigilancia logra filmar a los profesionales implicados. Tras acudir al Presidente del Consejo parece detenerse la intervención. Pero no quedó ahí la represión de los críticos: Fernando García Soria fue cesado como Jefe de Compras de Telecinco por el mismo motivo. Más aún, el despacho de Gayol fue tomado por el responsable de coordinación, destacado por Durán, se le ocupó toda la documentación existente y demás medios, no pudiendo entrar ni a recoger sus efectos personales. Fue una demostración de brutalidad incomparable. A ellos se unió una represión laboral desconocida hasta entonces: cambio de horario continuo por una jornada partida agresiva, ubicación en el local de la fotocopiadora sin teléfono y falta efectiva de actividad por varios meses.

Tampoco la virulencia de la reacción política se hizo esperar: se abrió a los firmantes del manifiesto un expediente disciplinario con el resultado cantado de tres años de expulsión temporal, lo cual de facto les inhabilitaba para defender políticamente sus tesis. Ello comportó que la asamblea de la Corriente Crítica aprobara después del verano de 1991 la creación del Grupo Democrático Progresista (GDP). El 20 de noviembre se presenta en rueda de prensa con una repercusión aceptable. Sus promotores solicitan conjuntamente la baja de UP pero el grupo les responde que han de presentarla individualmente. Al negarse a hacerlo, se les expulsa por incumplir los estatutos.
También la parte residual que quedó del grupo conservador se reorganiza por las mismas fechas y constituye el nuevo grupo Alternativa Social (AS), presidido por Jesús Eguino, entonces concejal del PP en Éibar.

Los nuevos grupos contactaron con sus partidos políticos afines, IU y PP, si bien este último fue neutralizado enseguida por la ONCE que se movilizó para contrarrestar cualquier iniciativa crítica.

El 29 de noviembre de 1991 el programa de TVE La Clave, que dirige José Luis Balbín, dedica el debate a la ONCE, lo cual tiene un impacto formidable. Ahí empieza a vislumbrarse el declive de Miguel Durán, pues no se le permite actuar como portavoz de la entidad, siendo Rafael de Lorenzo quien asume esa función. Aunque el contenido del programa fue muy intenso y clarificador, tampoco hubo consecuencias políticas.

1992, un año de fastos y de nuevas elecciones

Durante 1992 los eventos de Sevilla y Barcelona marcaron la pauta de los acontecimientos y la ONCE vivió un año aparentemente tranquilo en cuanto a los conflictos. No obstante, la división en la alta dirección se va haciendo patente. Las aventuras de Durán empiezan a pasar factura y poco a poco Mario Loreto Sanz, apoyado por Arroyo desde la Presidencia del Consejo, van ganando terreno, si bien Durán sigue mandando en el ámbito externo. Un detalle simbólico vuelve a denotar ese pulso: en la inauguración de los Juegos Paralímpicos, aunque Durán se implica, es José Mª Arroyo quien hace el discurso de apertura como representante de la ONCE y de la organización de los juegos. Pero el éxito institucional de los eventos anima al Consejo General a convocar elecciones internas para el 11 de diciembre de 1992, anticipándolas en un año.

La contienda electoral es totalmente desigual. Aunque AS y GDP forman una coalición denominada Alternativa Democrática (AD), UP avasalla y se produce un acoso visible a las candidaturas de AD. Empiezan a fluir los recursos y AD gana el de Canarias. Los resultados son de 13 a 2 en el Consejo General y AD obtiene 17 consejeros territoriales. Pero hay 12 recursos y como su carácter es contencioso-administrativo su resultado recae mucho tiempo después y fuera del calendario electoral.

Gayol y Juste son los Consejeros Generales de la oposición. Repite Arroyo como Presidente del Consejo y Durán como Director General, por poco tiempo. Loreto y de Lorenzo ocupan las dos vicepresidencias, si bien Loreto es el líder real pues sigue siendo Presidente de UP. Su poder va in crescendo, ya que controla también al sindicato mayoritario. CCOO se mantiene ahora como el sindicato minoritario pero con cierto peso todavía aunque solo sirva para la reivindicación.

Ésta es la última vez en que hay presencia plural en el órgano de gobierno de la entidad. A partir de 1996, en que acaba la legislatura que comentamos, ya no vuelve a existir pluralismo interno, algo que deteriora gravemente el funcionamiento democrático de la institución.

La recta final de un ejecutivo agresivo

Durán, que de nuevo se había presentado como candidato por Catalunya, es utilizado en esta ocasión como reclamo del voto fiel a UP pero sus días están contados en el puesto de Director General. De hecho la norma que publica los nombramientos ya retoca singularmente sus atribuciones y él mismo es consciente de que su adjunto Servando gana posiciones rápidamente para controlarle primero y luego sucederle.

La legislatura resulta especial por la vuelta del pluralismo al Consejo. Pero, aunque los dos consejeros opositores trabajan con denuedo y muy bien articulados en su reparto de papeles, la mayoría de UP no deja espacio alguno al contraste y la oposición se antoja bastante frustrante, si bien sirve para al menos dar cauce a las inquietudes de mucha gente aunque chocaran con un muro.

El grupo de empresas es una gran preocupación, pues sus cifras ofrecen un panorama muy crítico. Juan Carlos López es quien ahora se encarga de encabezar ese holding con la idea de poner orden y de hacer los ajustes pertinentes. Pero Durán no renuncia a intervenir en ese campo y esto trae desencuentros, que cada vez se soportan menos por el Consejo General.

Al calor de uno de estos vaivenes, en septiembre de 1993 se hace pública la salida de Durán de la Dirección General de la ONCE, exactamente el 13 se conoce la noticia y el 16 de septiembre se materializa su cese por el Pleno del Consejo. Él presenta formalmente una carta de dimisión, que se distribuye a los consejeros, si bien parece claro que la decisión la tomaron los responsables del Consejo. Se le destina a un cargo como Comisionado de Relaciones Internacionales, del que dimitirá al cabo de un año aproximadamente.

En efecto, Enrique Servando fue su sustituto y con ello se pasó una página muy mediática y tensa en la alta dirección de la Organización. El entonces Presidente del Gobierno, Felipe González, recibió ese 9 de septiembre a la cúpula de la ONCE, ya sin Durán, antes del cese, y desde el gobierno se pidió a la ONCE mayor mesura en sus actuaciones para preservar la imagen institucional de que gozaba. Aún así, Durán siguió presidiendo Telecinco todavía por cierto tiempo.

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