Contra el talón de hierro

La nueva corrección política de la izquierda Si hablas de política y no dices resiliencia, sororidad, empoderamiento y deconstrucción es que no entiendes nada

Pascual Serrano 28/07/2021

Hubo un tiempo en que la derecha tenía la exclusividad de la corrección política y era la que se asignaba el papel de control social estableciendo cómo debíamos vestir, comer, comportarnos o hablar. Sin embargo, llevamos unos años en los que la izquierda es la que está asumiendo ese papel de vigilante de las formas y normas. En nombre de esta nueva izquierda no debemos comer carne, hay que huir de la bollería industrial, no debemos echarle azúcar al café, tenemos que evitar la cerveza excepto que sea IPA o artesana, el vino poco y de buena etiqueta, y, claro está, tenemos que ir al gimnasio porque estar gordo es lo peor. No digas que ayer cocinaste y te comiste una fabada, debes explicar lo último en cocina creativa, los superalimentos y la quinoa. Lo de ir a la tasca a comer el menú del día ni se te ocurra, hay que conocer el último restaurante exótico iraní, es fundamental que sea de otra cultura.

Deshazte de tu coche de gasoil, debes comprarte un híbrido o un eléctrico o, mejor todavía, úsalo mediante renting a 300 euros al mes o alquílalo por 50 euros al día. Dan por hecho que ni tú ni tu familia vive en la España vaciada a la que le han retirado el transporte público hace año y medio, el primer día de la pandemia. Debes hablar mal del transporte en avión porque contamina, aunque al final tú termines cogiéndolo mucho más que esos paletos de pueblo que no tienen ningún sentido de la protección del medioambiente. Por supuesto debes reciclar todos tus residuos, que no te importe comprar muchas cosas con muchos envases, hay contenedores para todos. La nueva izquierda fusilará al que no eche un envase en el contenedor adecuado, aunque sea el viejecito o el operario que desecha la mitad de envases que tú.

Si compras en Carrefour o solo ves los canales generalistas gratuitos eres un pringao, debes tener y conocer las últimas series de Netflix. Si hablas de política y no dices resiliencia, sororidad, empoderamiento y deconstrucción es que no entiendes nada.

Por supuesto debes aprender inglés, tú y tus hijos. Los que no saben idiomas son los nacionalistas españoles, que seguro ni salen del país y pasan el verano en Benidorm o en verbenas de la España profunda. Si vas a un pueblo y ves cazadores y pescadores, mírales con desprecio porque seguro que son de Vox y analfabetos, ya se sabe que los cultos solo somos los de la izquierda. Además son unos racistas, es verdad que durante la vendimia almuerzan con los negros, pero les llaman negros y no racializados.

El problema de todo esto es que estamos generando un efecto rebote en una parte de los ciudadanos que se está hartando de nuestras normas y les están convenciendo que lo políticamente incorrecto y rebelde es ser de Vox. Porque los de Vox pueden beber cerveza barata en cualquier miserable tasca, pueden comer grasa y carne y estar gordos sin que les acusen de ser responsables del exterminio de miles de animales. Los de Vox no les ponen jersey en invierno a su perrito y siguen pensando que las personas se dividen en hombres y mujeres. Y nadie desde la ultraderecha les va haciendo responsables de ningún genocidio en países donde nunca han estado, ni culpables por haber nacido blancos y ser heterosexuales. Por eso consigue votos Abascal en España, Trump en EEUU y en el Reino Unido gana el brexit. Claro que son un peligro para la democracia con su ideología racista, xenófoba, su desprecio por los sindicatos, por las reivindicaciones laborales y por la justicia social, pero si les dejamos a ellos el espacio para la apología de cuestiones comprensibles, sencillas y normales, la gente va a llegar a la conclusión de que el discurso de la ultraderecha consiste en cosas comprensibles, sencillas y normales.

Porque ellos no creen que sean fascistas, simplemente consideran que son los políticamente incorrectos porque pueden comer carne, llevar un coche de gasoil, darle una patada al perro cuando les molesta y llamar negro al negro. Cuanto más les despreciemos por eso y nos sintamos nosotros más superiores, más orgullosos estarán ellos. Y más votos sacarán.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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