La Retranca

Solo una ruptura puede recuperar el fútbol Los clubes ya no pertenecen a sus socios, sino a inversores que sólo buscan hacer caja. El mundo del fútbol se ha convertido en uno de los mayores y más lucrativos negocios

Dolores de Redondo 29/07/2021

En estos días de pelota, sudor y hierba, mucha gente deja volar la imaginación y el entusiasmo disfrutando de sus ídolos deportivos en la Eurocopa de fútbol. El balompié es, sin duda, la actividad deportiva más popular, más practicada y más extendida en nuestra sociedad, pero también la que más sentimientos enfrentados provoca: desde el fanatismo hasta el puro desprecio, pasando por la más absoluta indiferencia. En realidad nadie puede odiar su esencia, sino el edificio construido a su alrededor. Como bien explican Ángel y María Cappa en su libro sobre este deporte, También nos roban el fútbol, porque se ha convertido en una maquinaria de enriquecer a los hombres de negocios que tomaron el control de los clubes, con el concurso imprescindible de los gobiernos.

El mundo del fútbol se ha convertido en uno de los mayores y más lucrativos negocios, y el principal objetivo de los que se mueven a su alrededor es hacer caja de cualquier modo posible. Desde el inicio de la pandemia, doce clubes de Primera División y tres de Segunda han obtenido avales del Estado a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para créditos que suman 347 millones de euros. De ellos, 143,5 fueron para el Real Madrid, 92 para el FC Barcelona y 36,4 para el Atlético de Madrid; los mismos que pretendían organizar la Superliga de los clubes ricos, paralizada por la rebelión de los hinchas y el resto de equipos. La propia Liga de fútbol profesional obtuvo dos avales del ICO para créditos por un importe de 105 millones de euros. Los clubes y LaLiga no tienen reparos en chupar del Estado, pero paralelamente le demandan. Han presentado un recurso ante el Tribunal Supremo para intentar tumbar el Real Decreto de Publicidad del Juego impulsado por el ministro Alberto Garzón, sumándose a los presentados por la patronal de la prensa escrita y la patronal de las apuestas online. No están dispuestos a renunciar a la publicidad de esa basura que se extiende por nuestros barrios a través de las casas de apuestas, disparando el número de ludópatas y los beneficios de las mafias.

Mientras el Gobierno anuncia la nueva ley del Deporte, el virus letal de la codicia sigue extendiéndose por el fútbol español. La Segunda B, oficialmente no profesional, ya se ha convertido en un juguete más de millonarios internacionales que buscan negocio, notoriedad, entretenimiento o vaya usted a saber. El Burgos C.F. pertenece a un millonario argentino, el Córdoba F.C. a la familia real de Bahrein, el Salamanca C.F. a un empresario mexicano, la Cultural Leonesa a los qataríes, el Marbella F.C. a un chino, el Atlético Baleares a un alemán... y la lista no deja de crecer.

Los clubes ya no pertenecen a sus socios, sino a inversores que desconocen si la pelota es cuadrada. Buena parte de los equipos manejan presupuestos por encima de sus posibilidades, mantienen deudas millonarias y pagan salarios desorbitados a sus estrellas. Los clubes profesionales, pese a ser Sociedades Anónimas Deportivas, reciben subvenciones públicas de las administraciones autonómicas, provinciales y locales. La mayoría de ellos aparcan el deporte base y constituyen plantillas de foráneos que provocan la pérdida de identificación del club con la localidad a la que pertenecen. Y ahora se abre la posibilidad de que algunos coticen en Bolsa.

Es muy evidente que recuperar el fútbol como deporte solo es posible a través de una ruptura, nunca de una reforma. Eduardo Galeano, el gran mago de las palabras, decía que “el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable”, y reconocía: “Yo no soy más que un mendigo del buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: - Una linda jugadita, por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece”. Esa jugadita puede darse con una piedra, una botella o una pelota imaginaria; en un campo, una playa o una habitación donde no entran los intrusos de los maletines. Es entonces cuando brota la esencia del fútbol, del deporte, de la cultura al fin y al cabo.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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