Clave de sol

Ganar para enterrar la verdad Ayuso tiene prisa para borrar la huella del crimen. En sólo dos sesiones, ha bloqueado la Comisión de Investigación sobre las muertes de 8.839 mayores en residencias madrileñas, eludiendo su responsabilidad, y se ha apropiado de Telemadrid para manejarla

Sol Sánchez Maroto 29/07/2021

En procesos políticos electivos -como en todo proceso competitivo- todos los contendientes pretenden ganar. Si además las cosas fueran como nos han contado, la victoria no sería un fin en sí misma, sino tan solo un medio para construir sobre ella y desplegar el proyecto y el programa del ganador. Porque en política la victoria otorga derechos (ya lo creo que sí) pero esos derechos no son ilimitados. Los derechos del ganador están restringidos por el marco del propio proceso (sea este el que fuere) y la legitimidad del resultado depende de que dicho marco sea respetado.

Tampoco la victoria exime al ganador de las responsabilidades de acciones anteriores ni de sus consecuencias, así como de las posibles artimañas, ocultaciones, falsedades o directamente mentiras utilizadas para vencer. Es más, especialmente estas últimas quedan para siempre suspendidas en el aire sobre su cabeza como un perpetuo recordatorio de que si bien toda victoria es efímera y provisional, todavía son más frágiles las sostenidas por según qué pilares. Haber vencido no hace tabula rasa, al menos no durante más tiempo del que tardan en disiparse las burbujas del brindis por la victoria.

La verdad, los hechos, son como un cadáver arrojado al río del que cada mañana se acuerda quien lo tiró pensando si le habrá atado suficientes piedras, si la cuerda será lo suficientemente fuerte, o si un cambio en las corrientes terminará -más temprano que tarde- por sacarlo a flote.

Durante la campaña electoral que concluyó con una aplastante victoria del Partido Popular en la Comunidad de Madrid el pasado cuatro de mayo, una de las artimañas utilizadas fue culpar a la vicepresidencia de derechos sociales y agenda 2030 de la catástrofe de las residencias en Madrid.

Recordemos que según los datos del INE durante la primera ola de la pandemia murieron 8.839 mayores en las residencias de la Comunidad, un 245% más comparado con el mismo periodo del año anterior. Mucho tiene que ver con esos brutales datos el protocolo procedente de la Consejería de Sanidad firmado el 18 de marzo por el director de Coordinación Sanitaria de la Comunidad de Madrid que prohibía el traslado de ancianos y ancianas desde las residencias a los centros hospitalarios en caso de cierto grado de dependencia y deterioro, provocando de facto la exclusión sanitaria de miles de ellos, y que tan solo en los veinte días posteriores a su implementación tuvo como resultado directo la muerte en residencias de 5.343 mayores sin recibir atención hospitalaria, en lo que probablemente fue la mayor violación de los derechos humanos de los últimos setenta años.

La realidad es que el mando único de las residencias de la Comunidad de Madrid solamente fue ejercido por Enrique Ruíz Escudero, Consejero de Sanidad, tras la dimisión y la denuncia sobre lo que estaba sucediendo de Alberto Reyero, el Consejero de Políticas Sociales de C´s que no aguantó más que hasta octubre. Jamás se delegaron o transfirieron esas competencias al Gobierno del Estado. Las responsabilidades de no medicalizar las residencias, no trasladar a los mayores enfermos a la sanidad privada, y aprobar y ejecutar con mano de hierro y sin conciencia moral el eugenésico protocolo de la vergüenza, son exclusivas del Gobierno de Díaz Ayuso.

Y como decía Saramago “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”. Así que en los dos únicos Plenos ordinarios que ha habido desde las pasadas elecciones hasta hoy, ese mismo Gobierno ha tratado de curarse en salud y seguir mintiendo sobre la responsabilidad y borrando la memoria ¿cómo? Pues lo primero bloqueando la Comisión de Investigación sobre residencias que en unas pocas sesiones hasta que Ayuso disolvió abruptamente la legislatura, ya había destapado hechos suficientes como para convertirse en causa judicial. Y en el Pleno inmediatamente anterior apropiándose de Telemadrid para asegurarse de abortar toda crítica, o investigación periodística que desde ahí pudiera darse al respecto, y en paralelo seguir alimentando la mentira al transmutar un medio de comunicación en medio de propaganda.

¿Crimen perfecto?

Ninguno lo es. Pero en este caso, solamente los más enajenados de sus fans no huelen a chamusquina cuando el Gobierno Popular que ha señalado al mismísimo Pablo Iglesias como culpable ahora bloquea con uñas y dientes la investigación.

Así que permítanme afirmar que la cuerda que hoy retiene este cadáver en el fondo del río no es ya más que un fino y transparente hilo de algodón… Al tiempo.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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