Documentos para un centenario PCE (1921-2021)Declaración sobre la Jornada de Reconciliación Nacional (Mayo de 1958)

Francisco Erice. Fundación de Investigaciones Marxistas 09/08/2021

Presentación del Documento nº 37

El despliegue de la Política de Reconciliación Nacional se caracterizó por combinar rasgos aparentemente contradictorios: realismo y flexibilidad práctica; búsqueda denodada de aliados potenciales; y también un análisis catastrofista de la dictadura, unido a un optimismo desmesurado sobre los plazos y perspectivas de la restauración de la democracia en el país. A la imagen engañosa de un régimen aislado de la gran mayoría de la sociedad y en permanente crisis se unía la euforia por las movilizaciones de 1956, que en la primera mitad de 1957 volvían a intensificarse. En efecto, por entonces, a los exitosos boicots a los transportes en Barcelona y Madrid, pronto se unieron el inicio de un nuevo ciclo de huelgas mineras en Asturias y los buenos resultados en las elecciones sindicales, siguiendo la consigna de la infiltración en el Vertical y su vinculación con las más o menos espontáneas comisiones de obreros que empezaban a proliferar.

En este panorama, al que hay que sumar el deseo del PCE de exhibir músculo ante posibles aliados, siempre reacios a pactar con los comunistas, hay que entender el fenómeno de lo que se ha llamado el “jornadismo”, la convocatoria de jornadas de lucha a fecha fija, que realmente tuvo un corto recorrido (se limitó a los años 58-59), pero que se ha presentado casi siempre, de manera muy simplificada, como manifestación del subjetivismo exacerbado de los dirigentes del partido, encabezados por Carrillo y por Claudín, por entonces su colaborador más cercano.

La primera de estas convocatorias, puesta en marcha en el verano de 1957 y fijada luego para el 5 de mayo de 1958, fue bautizada precisamente como Jornada por la Reconciliación Nacional y, pese a los esfuerzos unitarios de los comunistas, hubo de ser asumida en exclusiva por el PCE, con ejes fundamentales en la lucha contra la carestía de la vida, la amnistía y las libertades democráticas. La preparación fue larga y el trabajo ímprobo, pero luego los resultados distaron bastante de las expectativas. Esto último –la parte de la decepción- se refleja mal en el documento adjunto, un balance del Buró Político días después de la jornada, que se refiere a “horas de emoción y esperanza” y habla de la Jornada como la culminación de importantes movilizaciones previas y una gran manifestación popular contra la dictadura.

Más allá de la imagen que se pretende transmitir, más vinculada a la propaganda o la literatura de combate que a la voluntad informativa, el documento reconoce que los resultados hubieran sido mucho más contundentes si se hubiera logrado la unidad “por arriba” de las fuerzas antifranquistas, en cuyo caso la situación del régimen –se asegura- hubiera sido “verdaderamente desesperada”. Por lo demás, se insiste en lo que de verdad importa a la política del partido en este momento: popularizar la idea de la Reconciliación Nacional; mostrar el carácter pacífico de la lucha contra el régimen contraponiéndolo a la violencia represiva del mimo; reafirmar los llamamientos a la unidad antifranquista; y enfatizar el papel central de los comunistas (de la clase obrera, por ende) en el proceso de cambios.

Dado que esta primera convocatoria era sólo –se dice- un ensayo, la dirección comunista decidió volver a repetir la experiencia al año siguiente. Esta vez se hizo a despecho de las dudas crecientes de Dolores Ibárruri, que no percibía la existencia de condiciones claras que, en cambio, Carrillo y sus principales colaboradores, consideraban indudables. La Huelga Nacional Pacífica de 24 horas, que finalmente se situó el 18 de junio de 1959, requirió nuevamente una movilización exhaustiva de los recursos humanos del partido, incluyendo el desplazamiento de destacados dirigentes del exterior al interior del país para preparar las acciones. Esta vez se consiguió, además, comprometer a otras organizaciones, grupos pequeños o de escasa implantación como el Frente de Liberación Popular (FLP); o se logró crear un Comité de Coordinación Universitaria pluripartidista. Pero el resultado final volvió a ser, en términos de repercusión de la huelga, claramente insatisfactorio, amén de generar elevados costes represivos, con centenares de detenciones y numerosos encarcelamientos; precisamente el tipo de consecuencias que algunos dirigentes socialistas, buscando coartadas para su propia inactividad, consideraban habitualmente el resultado de exponer de manera imprudente a la militancia.

En todo caso, más allá de los juicios que merezcan estas iniciativas concretas, es evidente que sin esa exposición, sin los riesgos y los elevados costes personales, la impronta del PCE, su hegemonía en el antifranquismo y su capacidad de movilización popular no hubieran sido posibles. Y en ese sentido, lejos de comprometer al partido o debilitarlo, los evidentes errores de cálculo y el a menudo delirante análisis que veía al franquismo aislado y casi moribundo, no impidieron aprovechar los aciertos de la nueva política ni el realismo con que el PCE afrontó los descontentos que iban surgiendo en el interior del país, ayudando a articularlos y darles un claro contenido democrático y antifranquista. Por de pronto, se pudo constatar que la sociedad española no estaba aún preparada para convocatorias de carácter netamente político y a plazo fijo, y que la politización se iba generando en las luchas por reivindicaciones más concretas, económicas o profesionales; de hecho, el PCE nunca más volvería a convocar una jornada de estas características, aunque la idea de una demostración general nacional permanecería unida al proyecto y al esquema general de ruptura pacífica con el régimen. Pero, además, el mero hecho de enfrentarse a un reto de esta envergadura, lejos de haber desacreditado al PCE, incluso puede haber revalorizado su presencia ante sectores del antifranquismo organizado. Finalmente, las caídas derivadas de la preparación de la Jornada pronto fueron compensadas y cubiertas con nuevas hornadas de militantes, continuando el partido su crecimiento e implantación.

Una derivación interna de las Jornadas, en ese caso la de 1959, puede haber sido la dimisión de Dolores de la secretaría general, que le fue comunicada a la delegación de la dirección del partido que se había desplazado para informarla del resultado de la acción del 18 de junio. Tal interpretación, de todas maneras, resulta cuestionable. Cabe pensar más bien que Pasionaria era ya consciente, más allá de sus posibles críticas al exceso de voluntarismo de algunas acciones, de que el partido necesitaba el relevo generacional que ya estaba en curso, que culminó con el VI Congreso y que ella misma contribuyo a facilitar.

>> [PDF 1,8 MB] Documento Nº37. Declaración del Partido Comunista de España sobre la Jornada de Reconciliación Nacional

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