El tren de la memoria

'Los Topos' La guerra no concluyó en 1939, como proclama la historia dictada por la fusta de los vencedores. Durante décadas, hombres y mujeres permanecieron enterrados en vida en zulos, desvanes, pozos... para no acabar fusilados, torturados y desaparecidos

Mariano Asenjo Pajares 11/08/2021

“Ahí vivía yo como si estuviera invernando”
(Saturnino de Lucas, 34 años escondido)


Magnífico el reportaje que Henrique Mariño publicó recientemente en Público sobre la represión sufrida por la familia de Teo, una mujer topo del franquismo. En realidad es la historia de un ensañamiento, el que perpetraron los golpistas vencedores del 36 sobre un comunista, Valerio Fernández, alcalde de un pueblo de Cuenca. Él lo pagó con su vida y su mujer, Teodomira Gallardo, con la cárcel y la separación de sus hijos. Un acoso del que tampoco se libraron sus hermanos: perseguidos y encarcelados Bartolomé y Ciriaco; así como Mamerto, que fue ejecutado. Después de aquella estela de sufrimiento y muerte, es normal que ningún descendiente quisiera volver a pisar Zarza del Tajo...

Conocemos por topos a aquellos que se escondieron tras el último parte de guerra ("vencido y desarmado el ejército rojo..."), en desvanes de unos pocos metros cuadrados mal ventilados o zulos minúsculos o agazapados en pozos y pocilgas o emparedados en alacenas, algunos junto a un arma cargada como última solución ante la posibilidad de ser descubiertos por el acecho criminal. Así permanecieron a refugio de la represión franquista -de las torturas, las cunetas, las fosas comunes-, algunos de ellos durante más de 30 años hasta que una ley de 1969 amnistió los presuntos delitos cometidos durante la llamada guerra civil. Salían ciegos de sus escondrijos, temerosos del mundo exterior e incapaces de articular palabra. Sabido es que el miedo es un método frecuentado por el olvido.

Este sórdido y funesto capítulo de nuestra historia reciente nos ha sido revelado gracias al gran periodismo: ('Los topos', de Torbado y Leguineche), a la literatura y a películas como 'La trinchera infinita' (2019), inspirada en Manuel Cortés, alcalde de la localidad malagueña de Mijas durante la Segunda República Española, quien vivió oculto treinta años. Los realizadores de esta película que en sus papeles principales tiene a los actores Antonio de la Torre y Belén Cuesta, decidieron filmarla tras ver '30 años de oscuridad' (2011), el documental de Manuel H. Martín en el que se cuenta la historia de Cortés. "Su historia nos llevó a conocer muchas otras, cada una más terrible que la anterior, y decidimos concentrar en un único personaje las heridas de todos esos perseguidos", explicó en su momento Jon Garaño, uno de los directores, junto a Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi.

Al hablar de 'Los topos' es imposible eludir el trabajo publicado en 1977 del que son autores Jesús Torbado y Manuel Leguineche. El libro marcó toda una época y fue resultado de una tarea que "costó mucho esfuerzo y mucho dinero", según Torbado. Los protagonistas, en total una veintena de nombres, estuvieron encerrados en períodos que iban de los 20 a los 38 años, alimentados por familiares o por amigos en condiciones de absoluta clandestinidad. Los entonces jóvenes periodistas Jesús Torbado (León, 1943) y Manuel Leguineche (Vizcaya, 1941) recorrieron España durante siete años en busca de historias de topos. Durante esa larga investigación los autores siguieron pistas, soportaron amenazas de muerte, recibieron portazos... Todo para conseguir los estremecedores testimonios de quienes fueron perseguidos por un enemigo inmisericorde que los enterró en vida.

'Los topos' ponía de manifiesto que la guerra no concluyó en 1939, como proclama la historia dictada por la fusta de los vencedores. A tenor de los hechos esa es una aseveración que, en rigor, no podría ser admitida ni siquiera como una verdad incompleta. Sencillamente, se trata de una falsificación que oculta la masacre vivida en nuestro país tras el desfile de la victoria franquista. Ajustes de cuentas, venganzas, limpieza ideológica, todo valía para aumentar la ya gigantesca relación de cadáveres tirados en cunetas y baldíos. La paz no tenía sitio en el seno de los proscritos, para ellos la única elección pasaba por permanecer al margen de la vida oficial y de la pretendida "nueva normalidad"... Combatientes, cargos públicos y simpatizantes del legítimo gobierno republicano, pasaron a ser guerrilleros, maquis y topos, ¡qué distinta naturaleza la de sus quehaceres, siempre persiguiendo el sueño de ver y no ser vistos!...

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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