Actriz, directora, dramaturga y cantanteBàrbara Mestanza: 'El abuso sexual es una colonización de tu cuerpo y de tu vida' “Es un problema estructural de la sociedad, una cuestión de poder”

Gema Delgado 14/08/2021

Bàrbara es una joven que llega a trabajar a Madrid. Un día va a que le den un masaje en la calle Puerta de Toledo y el masajista abusa sexualmente de ella. Eso es lo que le pasó hace cinco años a Bàrbara Mestanza. Después del abuso vino la incomprensión. Sus amigos y conocidos no entendían cómo una mujer aparentemente fuerte, valiente, más o menos feminista, más o menos politizada, una mujer que puede ser sinónimo de fortaleza, una mujer del siglo XXI se hubiera dejado hacer una cosa así. La eterna pregunta: " ¿Pero por qué no hiciste nada?”. Y de ahí surgió Sucia, una obra escrita, dirigida, e interpretada por ella, “una creadora emergente y con un discurso político muy potente, que propone un juego de roles para denunciar el abuso sexual”, como la describe su productora, Bella Batalla.
Cuando el público entre a la sala le entregan una pequeña encuesta anónima: ¿Han abusado de ti alguna vez? ¿Se lo has dicho a alguien? ¿Crees que tú has abusado alguna vez de alguien? Las y los espectadores se ponen un minuto frente a su espejo. Los resultados se guardan para el final de la obra, pero se intuyen violencias silenciadas guardadas en los cajones.
Sucia es una obra de abuso sexual. Un abuso que marca para siempre la vida de una persona: inseguridad, suciedad, miedo, dificultades en las relaciones de pareja, en las relaciones sexuales. La grandeza de esta obra es la forma de abordarlo e implicarnos a todos, ayudarnos a comprender, porque no es un caso aislado, es un problema de la sociedad. De hecho, en España cada día se registran 32 denuncias por agresión y abuso sexual, que sólo es la punta del iceberg.
Mientras la gente se acomoda y aparecen los actores, se proyectan grabaciones de entrevistas realizadas a hombres, que a veces se quedan en blanco y no saben qué contestar cuando les preguntan por qué creen que los abusadores actúan así. Uno responde: "Por poder. Por tener la sensación de tener poder sobre alguien". Bàrbara también habla con psicólogas y sus grabaciones van acompañando el relato. Sobre el escenario, Bàrbara y Nacho Aldeguer . El tercer personaje somos el resto, los que hablan en la pared y los que escuchan en las butacas: la sociedad.

MUNDO OBRERO: ¿Por qué decidiste hacer esta obra?
BÀRBARA MESTANZA:
Es imposible meterte en un proceso así si no lo haces casi a nivel político. Es tan duro, tan solitario, tan doloroso pasar por eso, ponerme a mirar de cara esto que había metido debajo de la alfombra, negado durante unos años e intentado dejar atrás.
Pero siempre acaba saliendo. Por eso creo que la única forma de avanzar y evolucionar y sanar es volviendo atrás, metiendo la cabeza dentro de la herida y, con mucha paciencia, ir poniendo orden ahí dentro. Un proceso duro que todavía sigue en cada representación.
Cuando llegaba a la sala de ensayo o al teatro nunca me apetecía hacer la función. Mi cuerpo quería huir, pero cada vez más mujeres y hombres me hablaban de sus abusos y cada día me reafirmaba más en la necesidad de seguir haciéndolo hasta que ya no sea necesario.

M.O.: Detrás hay un amplio trabajo de campo con profesionales y actores sociales: investigación, entrevistas, interrogantes, confesiones. Nos metes a todos. ¿Por qué lo has abordado así?
B.M.:
Me he ido dando cuenta que hacía falta mostrar la realidad de un cuerpo agredido tal y cómo es. La víctima se convierte en arquetipo y los arquetipos nunca son reales. Si ese arquetipo es el de un señor raro, o unos adolescentes muy machistas, y yo tengo esa idea, cuando a mí me estén agrediendo quizá me cueste más darme cuenta de lo que me está pasando y me cueste más defenderme y protegerme. Lo mismo pasa con el arquetipo de víctimas. Si yo pienso que la víctima son las chicas más inocentes, o las más jóvenes, sin conciencia, que se ponen a hacer autostop en Valencia... Si yo pienso que las víctimas son así y que el agresor es un lobo, yo voy a estar sin defensas.
Y además se genera una desconfianza de una hacia sí misma y del entorno hacia una misma, aunque sea de manera inconsciente. Es muy difícil aceptar que tu hermano o tu hijo puede ser un agresor. Igual que es difícil aceptar que tu pareja, esa que quieres, que tu amiga que admiras, que tu madre que te enseña... ha llegado a un punto de vulnerabilidad, que alguien ha abusado de ella y ha colonizado su cuerpo. Porque entonces no estamos a salvo.
El abuso es un problema estructural de la sociedad. Pero es que el capitalismo es abuso. Creo que hasta que no entendamos que no es que ese señor tenga un problema con su sexualidad, sino que es una cuestión de poder, de colonización de cuerpos y, al fin y al cabo, de capitalismo, y que el capitalismo es patriarcal. Hasta que no tengamos esto claro creo que no estaremos preparados para erradicar este problema.

M.O.: Con el tiempo descubre que todas tenemos historias de abusos que contar, historias silenciadas, que sólo existen para nosotras. ¿Que resultados sacáis de la encuesta del público?
B.M.:
Salen números muy altos, a veces la mitad de la sala. Y han salido algunos hombres para decir que ellos también habían sido abusados. Luego hay un montón de gente que responde que no tiene claro si ha sido agredida de alguna forma. Y eso sin contar las personas que no han tenido la valentía de expresarlo.
El motivo de las encuestas es porque, aunque yo usé mi cuerpo para hablar de esto, queríamos generar un ágora, la sensación de círculo, de comunidad. Venir a ver esta pieza implica que tienes inquietud por este tema. Y si la tienes es porque hay algo que necesita ser dicho. La encuesta era dar la oportunidad de que la gente participara activamente, de significarse.

M.O.: ¿La sociedad es consciente de que ese desgarro que duró unos minutos marca el resto de tu vida?
B.M.:
El abuso es una colonización de tu cuerpo y de tu vida. El patriarcado funciona igual que el capitalismo: avanzar, ocupar espacio, colonizar. No es que yo haya tenido mala suerte, es que todas hemos vivido una vida de abusos y agresiones, más pequeñas, más o menos normalizadas.
Sucia es la oportunidad de reconquista de mí misma, pero también reconquista de nuestro espacio. Ojalá todas las mujeres pudieran hacer una obra, un cuadro, un libro, una canción o tejer una manta de sus abusos. Ya que ese hombre me arrebató algo tan grande como mi cuerpo, y se quedó ahí, porque ya no me he vuelto a sentirme propia, al menos yo voy a hacer algo que sea sólo mío, que es la recuperación de mi cuerpo.
Sucia es querer generar algo útil de algo que fue totalmente destructivo e inútil.

Sucia se ha representado en Barcelona y Madrid. Intentarán llevarla de gira por todo el país.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

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