Margaret Michaelis en el ‘barrio chino’

Higinio Polo 16/08/2021

En abril de 1934, Margaret Michaelis cargó su Leica y bajó desde su apartamento de la calle Rosellón 36 hasta el barrio chino barcelonés. Por encargo del GATCPAC, iba a documentar las casas, las calles y la difícil vida de quienes habitaban el vientre herido de la ciudad. Era una joven anarquista polaca nacida en 1902 que vivía en Barcelona desde hacía unos meses aunque empezó a trabajar en Viena y Praga y finalmente en Berlín, donde conoció el trabajo de Moholy-Nagy y la Bauhaus y fue detenida por los nazis. Cuando fue liberada, se exilió a España y recaló en Barcelona. Llegó huyendo del nazismo. La Ley Habilitante impuesta por Hitler era el anuncio del horror que llegaría después.

Michaelis vivía en ese edificio racionalista de Rosellón diseñado por Josep Lluís Sert, uno de los arquitectos del GATCPAC. Aunque solo tenía treinta y dos años, había acumulado gran experiencia fotográfica y colaboraba con la CNT y la FAI. Durante cinco días de abril estuvo fotografiando el corazón pobre de la ciudad. Después disparó su máquina en los días de la guerra civil, en el frente y en la retaguardia. Centenares de sus negativos se encuentran depositados en el International Institute of Social History de Ámsterdam y sus imágenes del barrio chino las muestra ahora el Arxiu Fotogràfic de Barcelona.

El encargo del GATCPAC, Grupo de Arquitectos y Técnicos para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea, tenía el objetivo de documentar esos barrios para impulsar la renovación urbana con ambición racionalista e higienista. En las calles que recorre Michaelis era donde el GATCPAC pretendía intervenir con su programa de saneamiento y reconstrucción de una trama urbana y de viviendas muy degradada. Así, en esos días estuvo fotografiando los edificios, charlando con vecinos, entrando en las casas cuando la invitaban a hacerlo. Recorrió San Rafael y Cadena (donde los sicarios de la patronal habían asesinado pocos años antes al dirigente anarcosindicalista Salvador Seguí) y el pasaje Martorell, pasando por Robador, uno de los centros de la prostitución más mísera. Continuando por Arc del Teatre, con su mercado callejero de pobres, y por la calle Cid, donde estaba La Criolla, el famoso cabaret canalla visitado por Genet y Josephine Baker y que frecuentaban también burgueses que iban a buscar prostitutas jóvenes, a observar el frenesí y el vientre oscuro de la ciudad.

Michaelis consigue unas conmovedoras imágenes que documentan la miseria en que la burguesía catalana condenaba a vivir a decenas de miles de trabajadores en ese barrio chino sin orientales. Fotografía también las calles del Conde del Asalto, San Olegario, las Tapias, los agujeros donde vivían los proletarios atrapados en la más vil explotación y se arrastraban los marginados, revelando la pobreza y también el rostro de la dignidad del trabajo, como las sencillas modistas que se afanaban cogiendo puntos de medias y los repartidores con triciclo, o como la infortunada Rosita, una prostituta que mira al objetivo de la cámara desde el portal del prostíbulo de la calle de la Cadena 1.

LA VITALIDAD DEL ESFUERZO PROLETARIO

Michaelis fijó la imagen del carro con caballo detenido ante los puestos del mercado callejero, los niños que comían en el suelo, el lóbrego patio de luces de San Olegario 20 donde jugaban unos niños, las cocinas arruinadas y la suciedad acumulada en los patios de ventilación. La insalubridad, la gran densidad demográfica, la falta de escuelas, la desazón por el futuro, convivían con el esfuerzo proletario para sustentar la vida. Allí se mezclaban, y siguen haciéndolo, obreros y menestrales, prostitutas y drogadictos, buscavidas y peones, aunque hoy el viejo olor del puerto es un recuerdo del pasado.

Dos años después de ese reportaje fotográfico de Michaelis se inicia la sublevación fascista y estalla la guerra civil que paraliza todos los planes de renovación urbana y que agravará la situación en la ciudad con la llegada progresiva de miles de refugiados de otras partes de España. En 1935, Margaret Michaelis viajó por Andalucía con Sert y con Miró, además de acompañar a Emma Goldman durante su visita solidaria a la república que padecía la guerra civil. Abandonó España en 1937 y, tras pasar por Francia y visitar a sus padres en Polonia, se instaló en Londres, donde tuvo que dedicarse a trabajos de limpieza. El furor de la Segunda Guerra Mundial la llevó a instalarse en Australia, renunciando a la fotografía en 1952. Allí murió, al otro lado del mundo, más de treinta años después, dejándonos esas escenas de un pobre barrio chino germen de revolucionarios.

Publicado en el Nº 346 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2021

En esta sección

Bond también hubiera muerto empalmadoPresentación y coloquio en torno al libro (Akal) '¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria', de Mario AmórosDinero y literatura cogidos de la mano en el Premio PlanetaCazar a Angela DavisMovilizaciones contra las privatizaciones en la Universidad de Granada

Del autor/a

La niebla de la guerraSubmarinos nucleares en el PacíficoMargaret Michaelis en el ‘barrio chino’Viejos terroristas del MossadPalestina vive sobre escombros