Crisis de los semiconductores (1)Semiconductores, digitalización, soberanía y paros industriales

Ricard AJE 14/09/2021

SEAT, VW Navarra, Mercedes Benz Vitoria, Renault… La industria de la automoción se está siendo golpeada por el impacto de la crisis global de falta de semiconductores y los efectos que provoca en la producción de vehículos. La Patronal del sector del automóvil (ANFAC), prevé que el desabastecimiento de provocará la reducción del 25% de matriculaciones en 2021 respecto a 2019. Ya en los primeros siete meses han caído un 18% en España. Tanto en nuestro país como a nivel internacional, las principales fábricas se han visto obligadas a reducir turnos, paralizar la producción de las líneas de montaje o plantas completas, e incluso, poner Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs) o rescindir la contratación temporal. El peligro de que se prolongue esta situación en el tiempo podría poner en jaque la recuperación económica tras el Covid-19. A día de hoy no parece que vaya a despejarse el horizonte, algunos estudios hablan de que la situación se mantendrá lo que queda del 2021, que se alargará durante el 2022 e incluso hasta el 2023.

Digitalización, escasez y aumento de la demanda

La falta de semiconductores no sólo afecta a las fábricas de producción de automóviles, sino a cada vez más sectores industriales. Con la aceleración del proceso de digitalización y conectividad de la sociedad y la economía, cada día más componentes electrónicos dependen de los mismos semiconductores e integran nuestra vida cotidiana: móviles, televisiones, ordenadores, vehículos, electrodomésticos, consolas de videojuegos, módems y Wi-fi, tecnología 5G, maquinaria industrial, etc.

La escasez de suministro ya está afectando drásticamente la producción industrial y la economía. Según Goldman Sachs unas “169 industrias iban a tener falta de stock, estimando una caída hasta de un 1% del PIB en 2021” (1). El retraso en 2020 del lanzamiento del nuevo iPhone de Apple, la falta de stock de semiconductores de las consolas de nueva generación de Sony o Microsoft o la escasez de productos de Samsung son claros ejemplos de ello. Hasta la especulación de criptomonedas está afectada, ya que sus “granjas” necesitan un gran número de tarjetas gráficas.

Otra de las razones de la falta de semiconductores es que, durante la pandemia, además de algunos rebrotes del virus, se ha dado un cambio en los hábitos y en la forma de trabajar (teletrabajo, compras y gestiones telemáticas, etc.), lo que ha incrementado la demanda de dispositivos electrónicos, así como la falta y especulación con las materias primas (el mercado mundial de semiconductores se disparó en 2020 un 10,4% respecto 2019). También ha afectado el acaparamiento de estocaje de cada vez más empresas para evitar la paralización de producciones y evitar penalizaciones, en un contexto de aumento de la demanda interna en Estados Unidos y China, lo que también significa un menor flujo de materiales hacia Europa.

Semiconductores y chips, una industria estratégica, compleja, costosa y de alta tecnología

Los semiconductores son elementos que tienen propiedades para conducir electricidad, como el silicio, selenio, etc. Son esenciales para la fabricación de los microchips o circuitos integrados, necesarios para producción de los dispositivos electrónicos ligados a la conectividad y digitalización (telefonía inteligente, sistemas automáticos de los automóviles, TV o lavadoras de última generación, satélites, etc.), fundamentales para el desarrollo de la Inteligencia Artificial, los drones o los más sofisticados sistemas de armamento. Es por lo que, tanto las materias primas como la fabricación de microchips, representan un sector estratégico y de primer orden, para la industria de armamento y la economía mundial.

No es nada fácil producir microchips, su coste es muy elevado y el proceso de fabricación muy complejo. Se necesitan años para la construcción de plantas suficientemente preparadas, la fabricación de chips tarda meses en ensamblarse, las instalaciones deben estar esterilizadas, con aire filtrado, sin polvo y los trabajadores produciendo con trajes de aislamiento, utilizando tecnología punta, con maquinaria de altísima precisión para tamaños casi atómicos y mano de obra muy especializada y cualificada. Por su altísimo costo, estas fábricas deben funcionar las 24 horas al día, sin parar durante el año, además de tener que modernizarse constantemente, tanto en el proceso de producción como en el diseño de los propios chips, para no quedar obsoletas. Es por lo que el acceso a los semiconductores y la fabricación de chips están al acceso de muy pocos países.

La industria de los semiconductores también se caracteriza por la complejidad de su estructura y es producto de una división del trabajo a escala internacional, con una fuerte especialización entre las compañías suministradoras, que controlan las patentes, diseñan o desarrollan los chips con determinadas funciones (por ejemplo, Qualcomm o MediaTek), y las escasas empresas fabricantes a quienes se encarga realizar la producción, al tener fábricas con capacidad de abastecer el mercado mundial con los chips más pequeños, avanzados y sofisticados. Solo algunas empresas han mantenido su capacidad de diseñar y producir algunos de sus microchips (Samsung, Global Foundries, etc.), externalizando el resto de la producción a los fabricantes.

NOTA:
1. (1) La crisis de los semiconductores para todos los públicos - Deia

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