Sobre riders y congresos de CCOO: un sindicalismo de clase y sociopolítico para organizar espacios de solidaridad

Ricard Juan. Área de Movimiento Obrero PCE 25/09/2021

“Hemos sido fundamentales para abordar esta crisis y tenemos que salir de este congreso con el orgullo de ser sindicalistas y clase trabajadora. Pensemos, pongamos toda nuestra inteligencia colectiva para llegar hasta el último rincón en el que haya un trabajador o trabajadora sin protección. Porque, si lo hacemos, no tendremos límites”. Unai Sordo, secretario general de CCOO

El pasado fin de semana del 27, 28 y 29 de agosto, los/as trabajadores/as de los supermercados de Glovo de Barcelona pasaron a la ofensiva con una acción decidida y colectiva: la huelga. Tanto en los piquetes organizados por los/as trabajadores/as durante los tres días, como en las concentraciones frente a la sede de la plataforma digital, se hacía notar el compromiso y solidaridad de decenas de sindicalistas de territorios, ramos y dirigentes de Comisiones Obreras. La movilización fue tan importante que a la huelga se sumaron autónomos que la empresa había contratado para intentar utilizarlos como esquiroles, un fracaso que acabó culminando con el cierre de la aplicación de Glovo.

La empresa digital, que representa al sector más antisindical de la patronal y pretende hacernos retroceder en el tiempo, reinstaurando unas condiciones de trabajo basadas en relaciones de casi servidumbre, utilizando la digitalización y la extensión fraudulenta de los falsos autónomos, ha acabado abriendo vías de negociación, para decir ahora que se compromete a no subcontratar trabajadores por ETT en los supermercados, e incluso, hacer a algunos de plantilla. Un primer resultado ante la acción valiente de los diferentes colectivos de trabajadores y trabajadoras, y por el ejemplo de militancia y compromiso solidario de las Comisiones Obreras de Catalunya.

¿Y qué tiene que ver una huelga de Glovo con los congresos de CCOO?

Las palabras citadas anteriormente del Secretario General de Comisiones Obreras Unai Sordo representan una toma de posición para situar al sindicalismo de clase a la ofensiva, ante las nuevas realidades sociales y laborales. Además, son una clara manifestación que reivindica las raíces sociopolíticas de las CCOO, para adaptar la organización a las nuevas condiciones y realidades de la clase obrera en nuestro país, frente a la enorme precariedad y la tremenda individualización en que se encuentran amplios sectores de trabajadores y trabajadoras, que se ceba especialmente en las mujeres, la juventud y la inmigración.

Ese es uno de los mayores retos que trata de abordar el sindicalismo de clase y se debate en el XII Congreso Confederal de CCOO. Un proceso congresual que culminará los próximos días 21, 22, y 23 de octubre, tras haberse realizado -con importantes debates y amplios consensos- los respectivos congresos de las federaciones y territorios. Un proceso que se inició en noviembre del 2020, que ha estado muy marcado por la pandemia y la digitalización -realizado de forma semipresencial y telemática, y siempre, respetando las medidas sanitarias-, en el que se han aprobando los documentos y elegido los nuevos equipos de dirección, con un lugar destacado para las mujeres, la juventud, las personas migrantes y los colectivos que representan las nuevas realidades laborales.

Organizar al movimiento obrero tras la pandemia
El XII Congreso de CCOO se realiza en un momento trascendental, ante los rápidos cambios que se están dando en la sociedad y afectando a la clase obrera, sobre todo debidos a la crisis y declive del capitalismo occidental, acelerados por la pandemia y la penetración masiva de las nuevas tecnologías, con los efectos devastadores del cambio climático, la extensión de la desigualdad y el peligroso auge de las ideas reaccionarias y fuerzas de extrema derecha.

El sindicato plantea alternativas económicas, sociales y políticas desde la perspectiva de clase, de izquierdas, feminista y antifascista, en un proceso congresual muy importante y necesario, para rearmar al movimiento obrero y preparar al sindicalismo de clase ante los próximos retos y batallas a librar por el futuro de la clase obrera: fiscalidad progresiva y justicia social, reindustrialización y defensa de lo público (sanidad, educación, pensiones, etc.), transición ecológica, digitalización e industria 4.0; cambios en la situación geopolítica, nuevas formas de explotación y composición de la clase obrera; defensa de la igualdad, compromiso feminista y con las libertades democráticas, frente al peligroso auge de las ideas reaccionarias y neofascistas en la sociedad.

Un sindicalismo antifascista, sociopolítico, solidario y de clase

El sindicalismo de clase se prepara, ante las nuevas formas de explotación que impone el capitalismo, que potencian la dispersión productiva y la deshumanización del trabajo recurriendo masivamente la digitalización y el alienante individualismo nihilista. Por eso se prioriza la formación y rearme ideológico, adaptando y extendiendo la organización sindical en los centros de trabajo, polígonos, sectores y territorios, dando una nueva dimensión a la afiliación sindical en base a la militancia, reforzando el carácter sociopolítico, solidario y democrático del sindicato.

Un claro ejemplo de cómo interviene el sindicato ante las nuevas realidades tecnológicas, y que también se aborda en los congresos, es sacar las lecciones de la impresionante capacidad de adaptación del sindicato, transformando la organización en días, activando la atención telemática, en un cambio drástico forzado en los peores momentos de la pandemia, que sirvió para dar cobertura a millones de trabajadores en pleno confinamiento, a base de militancia, conciencia y solidaridad, constatando a CCOO como barricada y baluarte, la principal herramienta para la defensa de los intereses de la clase obrera de nuestro país.

El carácter sociopolítico de CCOO es una característica original e histórica del sindicalismo español, en el cual los/as comunistas del PCE hemos tenido un papel destacado y dirigente. CCOO rebasa las paredes del lugar de trabajo y está patente allí donde tiene presencia, desde la defensa de los servicios públicos, las pensiones y subsidios dignos, la fiscalidad justa, la igualdad o el medio ambiente, a la lucha por la libertad, la democracia y contra el fascismo. Como ya lo afirmó Marcelino Camacho en sus charlas en la prisión: "Los trabajadores, aun viviendo en una sociedad infectada de fascismo, como cuerpo vivo en la sociedad, no podían morir como clase sin que pereciera aquélla, por ello, como una necesidad histórica, crearon su antivirus, su anticuerpo: las Comisiones Obreras".

Y en esto volvemos al inicio y a la importantica de la huelga de Glovo, porque los acuerdos congresuales no se quedan en los papeles, se convierten en acciones y en organización sindical, donde las federaciones y los territorios apoyan con su compromiso y solidaridad la huelga de un sector del nuevo proletariado urbano, especialmente golpeado por la precariedad, para reforzarlo frente a la patronal. Porque para que haya derechos y se puedan ejercer efectivamente es necesario que la clase obrera esté organizada en los centros de trabajo, llegando allí donde aún no haya sindicato. ¿Es el final de la lucha de Glovo? No, es el inicio de un proceso de sindicación de los sectores más precarizados, que empieza a tener sus primeras experiencias de lucha e organización y a los que el sindicato va a organizar.

Publicado en el Nº 347 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2021

En esta sección

Trabajo y salud mentalDefender las pensiones es defender el futuroLíneas de actuación de CCOO para el próximo mandatoDespedir a los periodistas mata la noticiaLas viejas heridas de la nueva normalidad

Del autor/a

Defender las pensiones es defender el futuroYolanda Díaz, una ministra comunista al servicio de la clase trabajadoraSobre riders y congresos de CCOO: un sindicalismo de clase y sociopolítico para organizar espacios de solidaridadLa frágil industria española: subalterna, dependiente y periférica (y 4)Yolanda Díaz y los sindicatos acuerdan subir el SMI hasta el 60% del salario medio