Die Linke salva in extremis los muebles a nivel federal y resiste en BerlínUn superdomingo electoral agridulce para la izquierda en Alemania Rotunda victoria en el referéndum para expropiar a las grandes inmobiliarias

Jaime Martínez Porro. IU Berlín / Die Linke Steglitz-Zehlendorf 27/09/2021

A las seis de la tarde las televisiones públicas ZDF y ARD publican sus primeras proyecciones electorales mientras cierran los colegios. Die Linke se asoma al abismo: quedarse por debajo del 5%, la barrera que deja fuera del Bundestag a los partidos políticos salvo si consiguen por lo menos tres diputados de mandato directo en los distritos.

El sistema de votación alemán es de doble papeleta: una para la candidatura de distrito (personal) y una para el partido, a partir de la cual, en proporcionalidad absoluta (por encima del 5%), se reparten los diputados en la cámara baja.

La tensión era evidente en Die Linke. Silencio en los locales donde estaba convocada la militancia, caras de preocupación, alguna lágrima y puños apretados. Las proyecciones a partir de los primeros recuentos seguían sin ser halagüeñas e incluso aparecía alguna que daba el 4,9%, una situación fatídica que supondría la desaparición de cualquier partido a la izquierda de la socialdemocracia en el Bundestag. Si alguien se lo pregunta, Los Verdes no serían tal partido.

Sin embargo, en torno a las diez de la noche llegaban buenas noticias. A pesar de que las proyecciones seguían manteniendo a Die Linke en el vestíbulo de un infierno dantesco, se confirmaba que tres candidaturas directas entraban en el Bundestag: el inmortal Gregor Gysi (73 años) arrasaba una vez más en Berlín-Treptow-Köpenick, con el 20%, por encima de cualquier otra candidatura. Gesine Lötzsch revalidaba por sexta vez su mandato directo en Berlín-Lichtenberg y, mientras otros distritos históricos como Berlín-Pankow o Berlín-Marzahn-Hellersdorf dejaban de dar escaños directos a Die Linke, la buena noticia llegaba desde la resistencia antifascista en Sajonia (teñida de azul AfD en los mapas electorales), el distrito electoral de Leipzig II con Sören Pellmann que revalidaba por segunda vez su escaño, ampliando la ventaja respecto a 2017.

¿Qué ha pasado con Die Linke a nivel federal?

Superado el susto, la preocupación sin embargo no disminuía. El resultado es francamente malo y, aún con los resultados calientes, puede haber algunas claves. Para las personas menos politizadas, está claro que ha habido un voto pragmático, un voto útil. La competición entre Analenna Bärbock, líder de Los Verdes, y Olaf Scholz, del socialdemócrata SPD, para ganar la hegemonía del centro hacia la izquierda, ha drenado muchos votos de Die Linke hacia estos partidos. Es obvio cuando se ve el doble sentido del voto en Berlín, donde Die Linke ha resistido con un 14% (-1,6%) en las elecciones a la cámara de representantes de la ciudad-estado mientras ha obtenido un 11,4% (-7,3%) en las elecciones al Bundestag en la capital alemana.

Para las personas más politizadas, sin embargo, hay más claves. Die Linke no ha conseguido ni marcar un perfil propio en la campaña ni dar a conocer a sus candidatas: Janine Wissler y Dietmar Bartsch. Por un lado, porque quizás se ha debatido demasiado sobre posibles coaliciones de gobierno y no sobre el programa. Y por otro, debido a un nombre propio: Sahra Wagenknecht. La líder más conocida de Die Linke sigue copando la representación del partido en la televisión, bloqueando cualquier posible relevo de liderazgo no formal sino de cara a la ciudadanía. Su falta de solidaridad y su afán de protagonismo se pasea por todas las televisiones, que son a día de hoy su último resorte para defender unas tesis políticas minoritarias en Die Linke y que, además, han sido fallidas. Como candidata de Die Linke en Renania del Norte - Westfalia ha obtenido un miserable 3,7% y ha perdido más del 50% del apoyo electoral. En Berlín, que sería el núcleo de la izquierda que ella desprecia, la pérdida de apoyo ha sido mucho menor.

Cabe recordar que Sahra Wagenknecht ha jugado a debilitar a Die Linke en este último año. Mientras el partido proponía un programa donde se abrían paso temas tan importantes como la justicia climática, la solidaridad con las personas migrantes o las políticas feministas y LGTBI+, Sahra Wagenknecht publicaba un libro titulado Los engreídos: mi contraprograma, donde carga contra Fridays for future, contra el activismo de los movimientos sociales y realiza un repliegue de corte conservador y en ciertos aspectos nacional-obrerista muy alejado de las tesis apoyadas por la mayoría y de una sociedad alemana que no es la misma que la de los años 60 o 70. Su esfuerzo contumaz por ganar en los medios lo que pierde en el partido y no aceptar los resultados ha dañado también a Die Linke en estas elecciones.

Ha dejado una oleada de desafiliaciones del partido, fundamentalmente en Renania del Norte - Westfalia, su feudo, y ha alejado a posibles nuevas adhesiones procedentes de los movimientos sociales. Sus acólitos también se han alejado de Die Linke al acusar al partido de ponerla en la picota, una deducción solamente derivada de que Wagenknecht ha recorrido las televisiones en forma de víctima.

En Berlín Die Linke resiste y el referéndum de expropiación arrasa

Die Linke ha perdido algunas posiciones en Berlín. Sin embargo, la movilización constante de la militancia durante el último año, con el trasfondo de Deutsche Wohnen & Co. enteignen, el referéndum para expropiar 240.000 viviendas a las grandes inmobiliarias, ha mantenido a Die Linke con un perfil propio definido y combativo en la capital alemana. En Berlín ha sido el único partido con representación parlamentaria que ha apoyado claramente y sin fisuras el referéndum. El 14%, aunque menor de lo deseado, muestra que la movilización, la coherencia y la persistencia son los mejores aliados para la izquierda.

Sin embargo, Die Linke Berlín no ha conseguido canalizar toda la fuerza del movimiento de expropiación a pesar de ser el único partido que lo ha apoyado firmemente. El referéndum ha tenido una participación histórica del 75%, con un apoyo al SI del 56,4% y un NO del 39%, muy lejos de los resultados ajustados que manejaban las encuestas. 1.034.709 personas han apostado por expropiar a las grandes inmobiliarias y ahora es tarea de la cámara de Berlín decidir si legisla o no.

Francisca Giffey, líder de la socialdemocracia berlinesa y futura (casi seguro) alcaldesa, ha declarado en varias ocasiones que no quiere expropiar, a pesar de que el referéndum tiene apoyo mayoritario entre sus votantes, entre las juventudes del partido y en buena parte del resto del mismo. Los Verdes en Berlín declararon que solo querían convertir en ley la expropiación "como último recurso", obviando que ya es el último recurso, toda vez que el Tribunal Constitucional de Alemania tumbó la regulación de alquileres, el Mietendeckel, al considerar que Berlín no tenía competencias para ello. Die Linke encuentra aquí margen para seguir defendiendo la legislación de expropiación y socialización de la vivienda, para presionar y seguir marcando un perfil propio coherente que mantenga a la militancia y a personas afines movilizadas. Al fin y al cabo, la ola combativa que ha generado el movimiento de expropiación no se va a diluir de un día para otro y más si los partidos no cumplen con el mandato democrático. En todo este contexto, no se sabe si se revalidará la coalición de izquierdas en Berlín o si el SPD de Giffey, el ala más conservadora del partido, se vuelca hacia los liberales.

Las elecciones, especialmente para quienes vivimos en Berlín y militamos en Die Linke, han dejado un sabor agridulce. La preocupación de la tendencia a nivel federal ha sido compensada por un resultado digno en Berlín y un resultado muy prometedor del referéndum. Ahora toca dibujar el futuro de la izquierda en Alemania, conseguir el relevo generacional definitivo en Die Linke, ahondar en las políticas de justicia climática y defender que hay que cambiar el sistema capitalista para salvar el planeta, seguir defendiendo la solidaridad internacional y el derecho al asilo y a la migración, ampliar el derecho al voto a personas sin nacionalidad alemana, así como seguir denunciando las desigualdades sociales de un sistema que asfixia al personal sanitario, a las pensionistas y a los jóvenes que no encuentran un empleo estable y de calidad.

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