Esperando a los bárbaros

El modo Frente Amplio Quizás la solución esté en el caso chileno: un frente amplio constituyente, donde se suman organizaciones y personas, sin que nadie pierda su identidad y sin que nadie se pueda situar como oposición destructiva al proyecto acordado participativamente

Felipe Alcaraz Masats 29/09/2021

La izquierda se encuentra en una de sus últimas rotondas. Para salir por el camino adecuado, precisamos de una cierta tranquilidad compartida. Somos compañeros/as de aventura y no vale ya la victoria de unos sobre otros.

No nos podemos negar ni a un vino viejo ni a una verdad nueva, se dice en el Galileo de Bertolt Brecht. Aquel sabio glotón que, ya viejo, acosado por la policía vaticana, no dejaba de musitar entre dientes mientras devoraba ocas guisadas con repollo y patatas: “Eppur si muove”. Valga la metáfora para decir que es verdad que todo se ha movido de pronto en el universo de la política. La condensación de elementos nos lleva a una nueva luz que ilumina una coyuntura específica ante la que hay que reaccionar. Una coyuntura en sentido leninista, no en el sentido de la actualidad del noticiero posmoderno. Y una coyuntura que nos lleva a pensar: reagruparse o morir.

Alguien ha dicho que de seguir así las cosas pronto veremos al neofascismo en el gobierno o determinando la acción de gobierno. Y no parece una exageración si nos atenemos a lo que anuncian las encuestas y a lo que podemos adivinar en la calle, teniendo en cuenta los cauces que puede estar cogiendo el “malestar” popular. O sea que España, que parecía un caso especial en el seno de la política europea, se acompasaría al paisaje general, donde el crecimiento de la derecha y de la ultraderecha, o la ultraderechización de los proyectos conservadores, es simultánea al debilitamiento y aun la desaparición de la izquierda transformadora, es decir, la versión no social-liberal de la llamada “izquierda”. Da la impresión de que el “cansancio” de la izquierda, tras la especial resolución de las diversas crisis en el interior del proceso de globalización y posglobalización, no le permite organizar socialmente un programa alternativo, de ahí que el cauce que cogen los distintos malestares genera ríos de apoyo a proyectos regresivos o la aparición incipiente de procesos muy vastos de abstención y apoliticismo.

En España la izquierda se encuentra en una de sus últimas rotondas, en la cual (obviando la circularidad constante) tiene que decidir la salida adecuada. “¿Por dónde hay que tirar?”, preguntaba en la encrucijada uno de los personajes de Alicia en el país de las maravillas. Y otro le contestaba: “Depende de adónde quieras llegar”. Situación de despegue inmediato (llámenlo debate, reflexión o como les parezca) que nos debe sacar de la encrucijada por el camino de la ampliación o, si se quiere, utilizando una categoría más clásica, por el camino de una unión más amplia y mejor articulada. Quizás la solución esté en el caso chileno: un frente amplio constituyente, donde se suman organizaciones y personas, sin que nadie pierda su identidad y sin que nadie se pueda situar como oposición destructiva al proyecto acordado participativamente. Dejando claro desde el principio que en el buen marxismo no existen los modelos, ni siquiera los ejemplos. Solo existen los casos que, como tales, deben producirse específicamente, contando con sus condicionamientos materiales y a tenor del destino-objetivo elegido.

Pero dicho esto quiere detenerme para terminar en un simple detalle, en el clima de la unidad perseguible: casi un tono musical, casi el aire de una nueva fase. Me refiero al “modo” frente amplio. Me refiero a la actitud, a la empatía (como se dice ahora) específica que es preciso adoptar de cara a la elección de la salida adecuada. ¿A qué me refiero? Si uno acerca la mirada a un cuadro al óleo, a un cuadro de cierta edad, percibirá una red casi interminable de fisuras. Es lo que se conoce como craquelado, galicismo no hace mucho adoptado. Pues bien, el cuadro de nuestra historia presenta una red de fisuras que viene de lejos pero que ahora se ha agudizado y amenaza con afectar a la propia existencia de las capas de pintura entre sí y con respecto al mismo soporte. Es un fenómeno que se da en silencio y a lo largo de muchos años y que en política se debe al cansancio, a viejas heridas, a debates con síntesis inadecuadas, a síntesis adecuadas que una vez aprobadas se han archivado, a la dinámica singular del poder, a la sucesión mal digerida de derrotas, a triunfos no bien evaluados o, si se quiere, hablando desde la bondad de la vejez, a la inevitable convivencia humana.

Yo creo que para salir de la rotonda por el camino adecuado precisamos de una cierta tranquilidad compartida. Somos compañeros/as de aventura dando vueltas en la última rotonda y tenemos que creérnoslo. A eso me refiero con el “modo” frente amplio: no vale ya la victoria de unos sobre otros ni la “modernización” de aquellos renovadores que todo lo solucionaban acercándose cada vez más al social-liberalismo. Ustedes perdonen.

Publicado en el Nº 347 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2021

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