Clave de sol

Septiembre El 80% de la comercialización de electricidad está en manos de las mismas empresas que producen la electricidad; se subastan, se compran y se venden a sí mismas. Y dicen que la solución es más mercado libre y menos regulado.

Sol Sánchez Maroto 29/09/2021

Siempre he encontrado el inicio del mes de septiembre mucho más interesante que el paso de diciembre a enero. Pudiera ser porque los ritos de paso -esos que llamamos nochevieja y año nuevo- que marcan el cambio de nuestras agendas y la fecha de la esquina inferior derecha en las pantallas de nuestros ordenadores, lo hacen de forma agresiva y radical, de un minuto para otro, y por ello no posean la ambigüedad de los primeros días de septiembre en los que aún no nos queda claro si estamos o no estamos, si el curso ha empezado o está llegando. Si estamos en el umbral de lo que viene o ya hemos entrado.

Septiembre es un poco como los pasillos de un aeropuerto mientras buscamos la puerta de embarque. A veces tardas un periquete en llegar, y otras parece que no la vas a encontrar nunca mientras los comercios se interponen a modo de obstáculos infranqueables en el camino. Sea como fuere, al final siempre (o casi) nos embarcamos en el nuevo curso.

Este nuevo curso político es uno de esos que empiezan tras la finalización del anterior entre amenazas de endurecimiento del temario y exámenes sorpresa. De esas vueltas entre sospechas de que van a subir mucho el listón, y poner piedras en el camino, para evitar que se dispare el porcentaje de aprobados.
Así, lo empezamos con un buen calambrazo.

Una sobrecarga de precios que ha ido calentándose durante todo el verano, abriendo telediarios e informativos como noticia estrella y que nada más volver ha descargado sobre nuestro brazo como si hubiéramos metido literalmente los dedos en el enchufe…

Sería imposible explicar, aunque lo intentase de forma esquemática, los problemas del sector energético en nuestro país en general y del eléctrico en particular. Pero baste con decir que precisamente los que o bien los crearon o bien los agravaron durante décadas, consiguiendo con las privatizaciones de este sector estratégico y vital, eso sí, monstruosos beneficios para las empresas antes públicas y después en manos de unos pocos (incluidos sus cuartos traseros sentados en los consejos de dirección) andan vociferando que la solución es más mercado libre y menos regulado. Y eliminar los impuestos a las eléctricas, por supuesto. Diría aquello de que locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes, pero aquí a pesar de lo que las mentes bien-pensantes puedan imaginar, no aplica; aquí lo que se buscan son exactamente los mismos resultados. Continuar con los beneficios millonarios para este oligopolio que este invierno nos va a dejar fríos.

Ni una palabra en ningún medio sobre que en torno al 80% de la comercialización de electricidad esté en manos de las mismas empresas que producen la electricidad. Que subastan, se compran y se venden a sí mismas en una suerte de esquizofrenia luminaria que nos sale por un pico. Tampoco un análisis mínimamente fundamentado de qué ocurre en el resto de Europa con esto. Y como en esos sueños en los que gritas y los demás no te oyen, los titulares que dicen que de nuestro espacio político no sale ninguna propuesta.

¿Ah, no?

La nacionalización del sector, a mí que me disculpen, la llevamos proponiendo desde que se privatizó. Si se prefiere, y por hacerlo compatible y sostenible legalmente, ok, creemos una empresa pública de energía. Aunque he de confesar que soy de las que piensa que la intervención estaría justificada tanto por la Constitución como por la propia normativa europea en casos como el actual. Podemos compatibilizar los viejos apuntes con las nuevas ideas o al menos con los nuevos formatos, pero sin variar los objetivos. Y por el camino, medidas complementarias aplicables de forma inmediata. Hemos propuesto, por ejemplo, un precio fijo para la energía nuclear y uno máximo para la energía hidroeléctrica. Y nos dicen o bien que no se puede por incompatibilidad con la UE (mentira, los franceses lo hacen sin problema) o que tendría el efecto perverso de hacer ascender los precios o no poder bajarlos. Ajá, ¿Se acuerdan cuando se reguló el precio máximo para las mascarillas en plena escalada salvaje? ¿De cómo los voceros neoliberales y los economistas ortodoxos pusieron el grito en el cielo anunciando el fin del mundo? Pues en el súper ayer me llevé un paquete de 50 por dos euros…

Así que este examen lo debemos aprobar porque tenemos claras las respuestas. Bienvenidos y bienvenidas al curso 21/22.

Publicado en el Nº 347 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2021

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