Las “nuevas realidades del trabajo” que nos dejó la pandemia no son tan nuevasLas viejas heridas de la nueva normalidad De nuevo los trabajos de menor cualificación, agradecidos por la ciudadanía pero menospreciado por las instituciones, se convirtieron en los servicios esenciales que mantenían a un país

José Manuel Morales García "Prodi". (*) 07/10/2021

Situémonos en un marzo del 2020. Una familia congregada escuchando al presidente del Gobierno a traves del televisor. Este anunciaba un Consejo de Ministros de manera extraordinaria para decretar el estado de alarma. En ese momento de la pandemia, justo en ese preciso momento, supuraba lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Mientras las recetas neoliberales centradas en el individualismo adulteraban el caos y saqueaban los supermercados, en ese mismo momento, los movimientos vecinales y sociales hacían batas para nuestro personal sanitario y coordinaban los bancos de alimentos y redes de ayudas para aquellas personas más afectadas por todo lo que trajo el coronavirus. Aquello eran dos caras de la misma moneda.

Una frase que no paraba de repetirse entre los vecinos que aplaudían sobre las ocho de la noche: “De está pandemia saldremos mejores". Hasta que de sopetón caímos en la cuenta que vivíamos en un estado capitalista y por coherencia individualista. Este caos también nos demostró que lo público era aquello que salvaba vidas. Y que los sindicatos , aquellos que los medios regaron de insultos, demostraron la capacidad de reinventarse y poner todo su activo sindical para dar respuesta para que el país no viviera en sus peores días de pobreza y miseria. Estos pactaron un escudo social junto al gobierno del Estado frente a la resistencia de una oposición desde las tribunas y unos poderes fácticos desde los platós de televisión. Sin duda el confinamiento marco un antes y un después en nuestra vida incluso en la forma de consumir hacía las plataformas a domicilio, y por ello la restauración tuvo que reinventarse, siendo este uno de los sectores más castigados.

Se empezó a escuchar "Vieja normalidad y nueva normalidad" haciéndose tendencia en internet, lo más buscado: “las nuevas realidades del trabajo ". Pero si lo pensamos bien, nadie nos preguntó qué queríamos mantener de la vieja normalidad y qué cosas debía tener esa nueva normalidad. En el marco de las nuevas realidades del trabajo, las plataformas digitales son un nido de explotación. Trabajan en el reparto a domicilio, (como en el caso de Glovo) con unas condiciones laborales mas propias de una nueva esclavitud del siglo XXI. Estos trabajadores y trabajadora han sido noticia estos últimos meses por la organización de su primera huelga con el apoyo de CCOO. Sin duda los trabajos se visten con nuevos trajes -vendidos por el capitalismo con una gran campaña de márquetin- pero con sus muy viejas heridas – la misma explotación del asalariado como forma de amansar riqueza por parte del empresario-.

Mientras los medios de comunicación en “prime time” alertaban de la virulencia del covid, los trabajadores del comercio o las limpiadoras de los centros médicos trabajaban sin apenas protección. No se les proporcionaba las suficientes mascarillas, además en este último caso en particular, ni siquiera cobraban el plus que repartía la Generalitat de Catalunya. De nuevo los trabajos de menor cualificación, agradecidos por la ciudadanía pero menospreciado por las instituciones, se convirtieron en los servicios esenciales que mantenían a un país . Mientras todo esto sucedía aparecía el teletrabajo como herramienta totalmente desregulada que sobrecargaba a los y las trabajadoras y donde, de nuevo en el marco del diálogo social, se pusieron los fundamentos de una nueva regulación que debe permitir el equilibrio y el derecho a la desconexión digital.

(*) Delegado sindical y Sindicalista de CCOO y militante del PSUC Viu

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