Un español en Alemania

Odio a personas de otro origen

José Mateos Mariscal. Wüppertal (Alemania) 19/10/2021

La ex canciller Merkel corroboró que existe “una actitud ultraderechista, racista y de odio contra personas de otro origen». Y añadió que «el odio es un veneno que existe en nuestra sociedad y que es culpable de muchos crímenes».

En Alemania se han sucedido atentados xenófobos en los últimos años mientras arraiga en un sector de la población el discurso de rechazo a los extranjeros. En España no parece existir un fanatismo violento comparable al alemán pero sí hay expresiones y manifestaciones racistas, algunas de ellas respaldadas por fuerzas parlamentarias. Por prudencia, y con el mayor respeto a la libertad de expresión, hay que prevenir y perseguir con rigor los delitos de odio que pueden ser antesala de inaceptables y dramáticas consecuencias.

Qué fue de aquellos jóvenes que llegaron a Alemania

El clima de acogida tampoco era muy prometedor en Alemania . Hoy, cuando muchos jóvenes españoles son emigrantes y se habla de fuga de celebros, nos preguntamos sobre qué fue de aquellos que llegaron a Alemania en busca de un futuro mejor.

Sara Rodríguez Martín lleva 18 años en Alemania. Emigró desde España. Primero lo hizo su madre y ella un año después con su padrastro para reunirse con su madre en Suiza. Al no conseguir los papeles se fue a Alemania. Con el tiempo aprendió que la iniciativa de su madre para emigrar no era un capricho sino que partía de la más absoluta necesidad e incomprensión de quienes la rodeaban. La falta de apoyo familiar y social para la crianza y los problemas económicos y sociales, desahucio tras desahucio.

Yhasmin y Leandro Mateos llegaron a Alemania desde España para reencontrarse con sus familias siendo unos niños. “Fue una decisión de mis padres. Pagaron a una azafata para que nos acompañara en todo el camino hacia Alemania porque no era un vuelo directo. Teníamos que hacer escala en Holanda”.

Entre la integración y el desarraigo: quién eres cuando no eres de aquí ni de allá. Mudanzas, nuevas ciudades, encuentros y despedidas con amigos y familiares han marcado la vida de Sara Rodríguez: “Cuando eres una migrante en situación irregular, como fuimos nosotros durante muchos años, tienes que recurrir a mucha creatividad para no quedarte sin trabajo y oportunidades”.

Hoy Sara Rodríguez es fotógrafa, feminista y activista por los derechos humanos. No obstante, la inestabilidad que vivió en su infancia y adolescencia hizo de ella una persona un poco insegura que sentía lo efímero constantemente y que trataba de encajar allí donde fuera”.

Admite que sus experiencias han hecho que su identidad sea una especie de híbrido entre lo de aquí y lo de allá. A diferencia de Leandro que pese a lo malo volvería a emigrar y de Yhasmin que cree que lo positivo supera lo negativo, Sara no lo tiene tan claro.

“Navego en contradicciones por mi identidad híbrida y también por el miedo de que mi futuro sea incierto en Alemania como lo fue en España. Pienso también en migrar a otros lugares pero considero que siempre está esa sensación de vacío por la nada en el país de destino: volver a empezar”.

De los bulos sobre inmigrantes a la xenofobia

Desgraciadamente, no son pocos los comentarios xenófobos que nuestros protagonistas han escuchado desde su llegada a Alemania. “Nos quitan el trabajo”, “son demasiados inmigrantes”, “son unos vagos y viven de las ayudas sociales”, “no respetan las costumbres de Alemania” o “incrementan la violencia machista”.

Para Leandro Mateos otro de los bulos recurrentes que siempre le ha llamado la atención es la acusación infundada de que los inmigrantes colapsan los centros de salud en Alemania: “Si te pones a analizar en general a los migrantes que vivimos en Alemania, se puede ver como la mayoría somos jóvenes, no somos gente mayor que necesite excesivos cuidados”.

Hay una visión muy neoliberal de las migraciones, cimentada por la ley de extranjería. La emoción del miedo y la desconfianza hacia el otro: “Esos vagos que viven a costa nuestra”.

No obstante, a diferencia de otros países europeos, esta xenofobia no parece triunfar como discurso político y se encuentra con una fuerte resistencia. Pese a ello, hay ciertos bulos que se repiten año tras año y alimentan ese fenómeno que hoy conocemos como postverdad. En plena era de las redes sociales, el tema preocupa por su creciente repercusión en la opinión pública.

Las cifras desmienten los bulos. Por ejemplo, según los datos de las ayudas al alquiler de viviendas, entre 2019 y 2020 solo el 30% de las personas beneficiadas eran extranjeros. Para la turba racista es mucho más fácil señalar al otro como problema y culpabilizarlo que poner la atención en los recortes en sanidad, educación y servicios sociales que el gobierno alemán ha realizado en los últimos años.

Sara también ha tenido que hacer frente a una infinidad de estereotipos que aludían a la narcocultura: “Recuerdo que en un colegio de Wuppertal me llamaban cocainómana sólo por ser española y me encerraban en el baño, golpeando las puertas al grito de rata inmigrante”.

Leandro comenta que esa xenofobia ya fue evidente desde la niñez, cuando sus compañeros de clase se referían a él como “marrano”, “feo” o “raro”. “En la adolescencia me sentía muy solo muchas veces. Con el paso del tiempo, adquirí una actitud más pasiva, decía a todo que sí y acabé siendo muy poco yo”.

Yhasmin no se muerde la lengua y cataloga de deshumanizadoras las políticas del vicepresidente alemán ante la crisis humanitaria de las personas refugiadas.

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